13 febrero, 2015

FALSOS MAESTROS: EL PAPA FRANCISCO

Nota del editor:  “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán” (Mt. 7:15-16). Cada lunes estaremos publicando una entrada de esta serie hasta terminar con una entrada escrita originalmente para nuestros contextos, con el propósito de ayudar a la iglesia a entender mejor las enseñanzas que son contrarias a la sana doctrina. Esta es la 8a. entrada de la serie Falsos Maestros.

El Papa Francisco

Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936. Es el primer hijo de los inmigrantes italianos Mario y Regina. Se graduó de la universidad como técnico químico y siguió esta carrera por un corto tiempo antes de entrar al Seminario Diocesano de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958 entró en el noviciado de la Compañía de Jesús y los próximos diez años estudió y enseñó en una variedad de disciplinas. Fue ordenado como sacerdote en diciembre de 1969 e hizo su profesión final con los jesuitas en abril de 1973.

En julio de ese año fue nombrado Provincial de los jesuitas en Argentina y mantuvo esa posición durante varios años, antes de volver a su trabajo como sacerdote y profesor y, más tarde, como director espiritual y confesor de la Compañía de Jesús en Córdoba. Como sacerdote, fue amado y admirado por su amabilidad y disposición a participar pacientemente en diálogos con sus estudiantes y feligreses. Sin embargo, él también entró en un atolladero político cuando los militares buscaron afirmar su dominio sobre la nación. Se le acusó de complicidad con las fuerzas militares en el secuestro de dos sacerdotes jesuitas, aunque ha negado enérgicamente las acusaciones, que tampoco han sido probadas satisfactoriamente.

En 1992, el Papa Juan Pablo II nombró a Bergoglio obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. Se convirtió en el arzobispo de Buenos Aires en 1998 y fue elevado rápidamente a cardenal en 2001.  Luego de la muerte de Juan Pablo II en 2005, algunos informes indican que Bergoglio recibió la segunda mayor cantidad de votos en esa elección papal, aunque Joseph Ratzinger (que se convirtió en el Papa Benedicto XVI) fue finalmente elegido como sucesor. Como cardenal, Bergoglio ganó una reputación por su estilo de vida de bajo perfil, su compromiso con la justicia social, y su conservadurismo doctrinal, demostrando ser un ferviente opositor del matrimonio entre personas del mismo sexo y de los esfuerzos públicos para introducir la anticoncepción gratuita. Uno de sus amigos dice: “Él es tan inflexible como el Papa Juan Pablo II, en términos de los principios de la Iglesia —principios que ha defendido en relación con la eutanasia, la pena de muerte, el aborto, el derecho a la vida, los derechos humanos, el celibato de los sacerdotes—”.

Cuando el Papa Benedicto XVI renunció voluntariamente como Papa el 28 de febrero de 2013, el cónclave papal eligió a Bergoglio como su sucesor a los 76 años de edad. Él eligió a Francisco como su nombre papal en honor a San Francisco de Asís y su estilo de vida de simplicidad. Él es el primer Papa jesuita, el primer Papa de las Américas y el hemisferio sur, y el primer Papa no europeo en casi 1.300 años.

Como Papa, Francisco de inmediato dejó su marca al mantener su estilo de vida relativamente austero y evitando gran parte de la formalidad que ha marcado a pontífices anteriores. Optó por no vivir en el Palacio Apostólico, sino que reside en la casa de huéspedes Domus Sanctae Marthae. Lleva vestiduras más simples que sus predecesores, e insiste en que quiere que la Iglesia Católica Romana sea una iglesia para los pobres. De inmediato comenzó a planear reformas a la burocracia expansiva del Vaticano, enfocándose en la eficiencia y la transparencia.

Francisco ha dado esperanza a conservadores y progresistas dentro de la Iglesia Católica Romana, si bien a veces esto resulta en aparente contradicciones de su parte. Aunque insiste en que la opinión de la Iglesia sobre la sexualidad no será objeto de negociación, también ha dicho: “Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?”. También ha insinuado una especie de universalismo diciendo: “Usted me pregunta si el Dios de los cristianos perdona a los que no creen y que no buscan la fe. Comienzo por decir —y esto es fundamental— que la misericordia de Dios no tiene límites si usted va a Él con un corazón sincero y contrito. El asunto para aquellos que no creen en Dios está en obedecer a su conciencia. El pecado, incluso para aquellos que no tienen fe, ocurre cuando las personas desobedecen a su conciencia”.

En el año transcurrido desde que se convirtió en Papa, ha recibido grandes elogios tanto desde dentro de la Iglesia Católica Romana como fuera de ella. En 2013 fue nombrado Persona del Año por la revista TIME, así como la revista de interés LGBT “The Advocate”. Esquire observó sus sencillas vestimentas y lo nombró el hombre mejor vestido de 2013. La revista Fortune lo ubicó en la parte superior de su lista de los líderes top 50, mientras que la revista Rolling Stone lo estrenó en la portada de una edición reciente.

Su falsa enseñanza 

Con todo lo que podamos elogiar del Papa Francisco, el hecho es que él, como hijo de la Iglesia Católica Romana y como el líder de la Iglesia Católica Romana, sigue comprometido con un falso evangelio que insiste en las buenas obras como condición necesaria para la justificación. Él es la cabeza de una iglesia falsa que se opone al verdadero evangelio de la salvación por gracia mediante la fe en Cristo solamente. Las cuestiones doctrinales fundamentales que dividían el protestantismo del catolicismo en la época de la Reforma se mantienen en la actualidad. Las cuestiones doctrinales fundamentales que obligaron a Roma a emitir sus anatemas contra el protestantismo no se han modificado. Roma sigue plenamente comprometida con un evangelio que no puede y no va a salvar una sola alma, y ​​oficialmente condena a los que creen otra cosa:

“Si alguno dijere, que solamente por la fe el impío se justifica; de tal manera como para decir que no requiere de ninguna otra cosa a cooperar con el fin de obtener la gracia de la justificación, y que no es en modo alguno necesario que se prepare y disponga por el movimiento de su propia voluntad; sea ​​anatema”.

La doctrina católica afirma que la justificación se infunde en una persona a través del sacramento del bautismo. El Catecismo Católico explica: “La justificación ha sido un merito para nosotros por la Pasión de Cristo. Nos es concedida mediante el Bautismo. Nos asemeja a la justicia de Dios, que nos justifica”. Sin embargo, esta justificación no es una declaración judicial de Dios, sino el comienzo de un proceso permanente de conformidad. Es insuficiente para salvar a una persona sin la adición de las buenas obras. Esta infusión de justicia permite a una persona hacer las buenas obras que la justificación completa. Sin embargo, esta justificación se puede disminuir o incluso perderse por actos pecaminosos y, en tales casos, debe ser renovada y recuperada a través de la confesión, a través de la Eucaristía, y por medio de las buenas obras. Aquellos que se han concedido justificación finalmente merecen el cielo, sobre la base de las buenas obras habilitadas por esa justificación. Una vez más, según el Catecismo: “Podemos, por tanto, esperar la gloria del cielo prometida por Dios a los que le aman y hacen su voluntad. En cada circunstancia, cada uno de nosotros debe esperar, con la gracia de Dios, ‘perseverar hasta el fin’ y obtener el gozo del cielo, como eterna recompensa de Dios por las buenas obras realizadas con la gracia de Cristo”. Este es otro evangelio, un evangelio falso, que añade el mérito humano como un complemento necesario a la obra de Cristo.

Francisco también sostiene que María es mediadora y corredentora con su hijo Jesús, que la Escritura es insuficiente y debe tener la tradición de la iglesia agregada a ella, que incluso los cristianos que mueren pueden tener que soportar el Purgatorio, que Cristo es sacrificado de nuevo cada vez se celebra la Misa, y así sucesivamente. Pero ninguna falsa enseñanza es tan escandalosa como la negación de la justificación por la gracia a través de la fe sola.

Aquellos dentro de la Iglesia Católica Romana que han experimentado la salvación (y creo sinceramente que hay quienes la tienen) lo han hecho a pesar de la enseñanza oficial de la iglesia, no a través de ella. Incluso mientras Francisco lava los pies de los prisioneros y besa a los rostros de los deformes, lo hace desde y hacia este falso evangelio que no conduce a Cristo, sino en dirección opuesta a Él. Las buenas obras realizadas para promover un falso evangelio son las obras más despreciables de todas.

Seguidores y adherentes modernos

El Papa Francisco es el jefe de una iglesia que abarca todo el mundo y puede muy bien ser la organización más poderosa del mundo. Casi el 17% de la población global -más de 1,200 millones de personas- profesan ser católico romanos, y ese número sigue aumentando. Con sus esfuerzos para llegar a los seguidores de otras religiones, Francisco tiene una voz que se extiende a tal vez un tercio o la mitad de la población mundial. Esto lo hace por mucho una de las personas más influyentes en el mundo.

¿Qué dice la Biblia al respecto?

Desde la época de la Reforma los protestantes han insistido en que el catolicismo romano es una iglesia falsa que promueve un evangelio falso. La Biblia insiste en que somos justificados por gracia mediante la fe en Cristo solamente y aparte de todo esfuerzo humano. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe. Y esto no viene de vosotros; pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Si bien estamos de acuerdo con Roma en la necesidad de las buenas obras, hay que insistir, junto con los escritores del Nuevo Testamento, que tales obras son el fruto de la justificación, y no tienen parte en la raíz de nuestra justificación.

Pero cuando la bondad y la misericordia de Dios nuestro Salvador aparezca, él nos habrá salvado, no por obras hechas por nosotros en la justicia, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y renovación del Espíritu Santo, el cual fue derramado por nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que—justificados por su gracia—viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel es esta, y quiero que insistán en estas cosas, para que los que han creído en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles para las personas (Tito 3: 4-8).

El evangelio de Roma no es el evangelio de la Biblia y, por lo tanto, debe ser resistido y rechazado.

Este artículo fue publicado orginalmente el 16 de abril en el blog de Tim Challies. Traducido por Eddy Garcia. NOV 10, 2014

7 febrero, 2015

PAREJAS GAY

Hace unos pocos meses  el papa Jorge Bergoglio fue interrogado sobre su parecer  ante las parejas homosexuales. Él respondió con una pregunta: “¿quién soy yo para juzgar”? su respuesta fue evasiva y más política que religiosa porque hizo a un lado las Santas Escrituras.

¿Desconoce Bergoglio lo que dice la Palabra de Dios?  Porque es muy claro que las Santas escrituras nos dicen que los santos, es decir los cristianos, hemos de juzgar al mundo (en la consumación de todas las cosas). Y si vamos a juzgar al mundo, estamos facultados para juzgar cosas como la inmoralidad sexual (1 Co.6:2.3).  Es verdad que nuestro Señor Jesucristo en Mt.7:1 nos advierte sobre el cuidado que debemos tener al juzgar  a los demás; sin embargo, ¿Está diciendo el señor que uno como cristiano debe procurar no ver ni oír los yerros de los demás, volvernos ciegos a sus faltas (fingiendo que no nos damos cuenta de ellas), a rehuir toda crítica y rehusar discernir entre la verdad y el error, lo bueno y lo malo?  Creo que no.

Así que, no es un delito, ni una falta de amor, ni discriminación, sentar nuestra posición como cristianos frente a una desviación de la conducta humana como lo es el homosexualismo. Y podemos darle varios nombres a este tipo de aberración social. Desde el punto de vista teológico la llamamos pecado, porque en esencia pecado es “errar el blanco” es desviar el curso de lo recto.  Desde el punto de vista médico, es una enfermedad.  Desde el punto de vista sicológico es una confusión en la identidad de género, etc. Y podemos seguir añadiendo definiciones sobre el asunto, aunque es claro que para la comunidad gay es una virtud, no reconociendo que tal virtud ya pasó a la historia como conducta social inaceptable.

En el año 53-54 a.C. la ciudad de Corinto en Grecia, era una ciudad grecorromana regida por una cultura pagana. Fue conocida como un centro  de corrupción e inmoralidad, por su culto a la diosa Afrodita o Venus, lo cual a su vez  fomentó la prostitución “sagrada”. Sabemos además, que en las ciudades grecorromanas el homosexualismo era una práctica normal, socialmente aceptada.  Pues bien, el apóstol Pablo llegó a esta ciudad e irrumpió con el mensaje del evangelio el cual presentaba valores muy superiores a los conocidos hasta el momento. Allí floreció una iglesia que poco a poco fue recibiendo en su seno a muchos hombres y mujeres que huían hastiados de una sociedad corrupta.  Llegaron por lo tanto, homosexuales que al oír el mensaje del evangelio, encontraron una vida nueva y más feliz que la que anteriormente habían llevado. Muchos homosexuales dejaron sus aberraciones y comenzaron  a vivir una vida diferente al ser alcanzados por la gracia de Dios. Más tarde, Pablo escribiendo su 1ª carta a los Corintios les dijo:

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. (1 Co.6:9-11)

Pablo reconoció que algunos habían sido liberados de su tendencia homosexual gracias al lavamiento, santificación y justificación operados por la gracia de Dios cuando ellos creyeron en el Señor Jesucristo como su salvador.

Si usted que lee estos párrafos es un gay, pues sepa que no tiene porqué resignarse a pensar que tiene que acostumbrarse a un estilo de vida así. No, Cristo nuestro Señor ha venido a rescatarnos de un estilo de vida vano. Ha venido a darnos vida nueva. Así que, usted puede por la gracia de Dios llegar a ser una persona totalmente nueva. ¿Por qué no lo intenta?

Orosmán Rozo.

Pastor Iglesia Bautista del Norte

Bogotá, Colombia.  A.S.

E mail: orozoa@yahoo.com

6 Febrero de 2015

3 febrero, 2015

LA SANIDAD DEL PARALÍTICO

Tome su Biblia y lea: Mateo 9:1-8

  1. LA SALUD ESPIRITUAL ES LO PRIMERO (v.1-2) Notemos que Jesús no procede primeramente a sanar su cuerpo; sino que su interés se dirige al problema espiritual del hombre.  Jesús sana su alma primero. ¿Por qué? Sería que el hombre estaba inválido por su pecado?  No lo sabemos, el relato no lo aclara. Es posible que en algunos casos pueda haber una relación entre la enfermedad y el pecado, aunque no en todos los casos. Hoy se sabe que hay una relación entre algunas enfermedades físicas y los problemas del alma. Hoy se habla de enfermedades psicosomáticas. Ciertos problemas psicológicos, espirituales, o anímicos pueden afectar la salud general. Pero sobre todo una conciencia culpable trae problemas de salud.(Sal.73:21; 32:3-4)

Así que Jesús le muestra que antes de sanarlo debe arreglar un problema que el paralítico tiene con Dios. Y esto debe enseñarnos algo. Dios no va a arreglar nuestros problemas del cuerpo si primero no arreglamos nuestros problemas espirituales. Y el primer problema que tenemos es el pecado.  Esa es la enfermedad más grave.

Tenemos hoy un problema grande con este  tema de la “sanidad divina” practicada en las iglesias llamadas “carismáticas”. La salud es un bien preciado al cual todos aspiramos, y damos cualquier cosa por tenerla, por conseguir la salud podemos quedarnos en la ruina si es necesario. Es por esto, que la salud se ha vuelto un gran negocio. Y cuando la gente no encuentra cura en la medicina tradicional, acude a los curanderos, a los yerbateros, etc. Pero desde hace unos cincuenta años las multitudes empezaron a acudir en masa a otros centros de sanidad. Me refiero a las iglesias y sus curanderos evangélicos. Tenemos entonces unas iglesias con unos milagreros que parapetados en el nombre de Jesús buscan pescar a las gente ofreciéndole la cura para todos los males.  Pero no le están diciendo a la gente que si acuden a Jesús, lo primero que tienen que hacer es arrepentirse, y buscar de Dios el perdón de sus pecados. Conozco casos de personas  a las cuales les han prometido sanidad, y las han engañado y hoy esas personas están llenas de incredulidad y no quieren saber nada del evangelio.  Estas iglesias presentan a Jesús como un milagrero, pero no como aquél que ha venido a perdonar sus pecados.

  1. LA SALUD CORPORAL ES LO SEGUNDO. (v.5-7) Esta fue la señal confirmante. Para derrotar la incredulidad, Jesús hace una señal milagrosa.

2.1. Le añade la salud física. Con este milagro Jesús derrota la incredulidad de los escribas

¿Qué es más fácil? (v.5). Para nosotros los seres humanos ambas cosas son imposibles.  En primer lugar, ningún ser humano en ninguna religión puede perdonar pecados. Menos aún tiene el poder para ir levantando paralíticos. En toda mi vida no he visto que alguien haya hecho tamaño milagro. Por eso el Señor dice para que sepan que el Hijo del Hombre, es decir para que sepan que el Hijo de Dios encarnado tiene poder, le da la orden al paralítico que se levante. Para el Seños Jesucristo ambos actos eran fáciles. Sencillamente porque con su Palabra él creó los cielos y la tierra; así que por su Palabra levantó a este hombre paralítico.

1) No solo debía levantarse sino coger su cama, para mostrar que él estaba perfectamente curado, y además tenía fuerza para cargarla. No como sucede hoy en las iglesias carismáticas, en donde montan un show y le Dicen a la gente que ya está sana, y la envían a su casa, pero la verdad es que en muchos casos se ha comprobado que tales sanidades han sido un fraude.  2) Debía regresar a su casa, para ser una bendición a su familia, donde probablemente antes había sido  una carga. Además, Jesús no lo hizo parte de su equipo apostólico para usarlo como espectáculo, porque generalmente eso hacen los hombres, usan a las personas para ver cómo pueden armar sus patrañas.

3.3. La salud es un don de Dios. Siempre lo ha sido. Desde muy joven le pedí señor que no me diera riqueza sino la salud.  Y creo que debemos rogar a nuestro señor que nos bendiga con la salud. Pero, sin olvidar que la salud es para que le glorifiquemos a Él. Algunas personas en las iglesias piden oración “oren por mí porque estoy enfermo” bueno, pero ¿en qué le está sirviendo al Señor? Porque si le pedimos a Dios el don de la salud pero resulta que no vivimos una vida cristiana auténtica, pues es una contradicción.  En ese caso, debiéramos primero arrepentirnos de nuestros pecados y buscar el perdón del Señor.

 

Orosmán Rozo.

Pastor Iglesia Bautista del Norte

Bogotá, Colombia.  A.S.

27 enero, 2015

ÉL LLEVÓ NUESTRAS ENFERMEDADES

Mateo 8:14-17

Al comienzo de la Iglesia de Cristo sobre la tierra, los apóstoles predicaron el evangelio con poder. Exaltaban la crucifixión del Señor por nuestros pecados y testificaban acera de cómo había sido el ministerio de Jesús (Hch.10:38) Así que, Jesús anduvo:

  1. MINISTRANDO A LAS FAMILIAS (V.14-15). Nuestro Señor fue a la casa del apóstol  Pedro. Vemos que el  apóstol Pedro era casado.  Además, según 1 Co.9:5, su esposa lo acompañó en sus viajes pastorales. Este registro contradice totalmente la doctrina romana. La iglesia de Roma prohíbe que sus ministros se casen, lo cual no es bíblico. Este dogma del Romanismo es equivocado porque el Señor nunca ordenó que los pastores sean célibes, todo lo contrario, el Señor honró la institución matrimonial asistiendo a las bodas de Caná (Jn.2:11).
  2. TRIUNFANDO SOBRE LAS FUERZAS DEL MAL (Mt.8:16). Estos milagros fueron una señal de que el reino de Dios había llegado, y que el poder de Satanás estaba siendo restringido como nunca antes.  Más adelante los apóstoles predicaron que el hijo de Dios había venido a deshacer las obras del diablo. El echar fuera demonios particularmente autenticaba el mensaje de los apóstoles sobre el evangelio del reino (Mat. 10:5-8), era una clara demostración de que el reino de Satanás estaba siendo derrotado y de que el reino de Dios había llegado.

Surge la pregunta ¿Por qué será que en los tiempos de Jesús abundaban los demonios, y lo vemos echando fuera demonios con tanta frecuencia? Estoy de acuerdo con otros distinguidos teólogos, en que la razón fue doble: Primero, porque la nación había allegado a un alto grado de impiedad. Josefo, un historiador que existió durante el tiempo de Jesús (37-100 D.C)  escribió que  no hubo una nación bajo el cielo más perversa que ésta. Segundo, en los tiempos de Jesús la gente era fuertemente adicta a la magia y hacían pactos con el diablo y los demonios, de tal manera que era una práctica común, casi que familiar.  Cuando nació Jesús, el infierno tembló. Satanás buscó matar a Jesús desde su nacimiento. Fue por esto que el Señor actuó con su poder destruyendo las obras del diablo (Hch.10:38). De esta manera, el Mesías no solamente tenía que demostrar el poder sobre la enfermedad, y la naturaleza, sino que El tenía que demostrar poder sobre Satanás y los demonios. Así que, a donde quiera que iba Jesús, sucedía dos cosas: Él hacía milagros físicos y expulsaba a los demonios.

Encuentro en la Biblia que El Señor apoyó a los apóstoles en este ministerio. Marcos 16:9-20, echar fuera demonios y otros milagros eran señales de apostolado y de que en verdad Dios estaba con ellos.  Sólo los apóstoles fueron comisionados por el Señor para hacer señales y prodigios, sobretodo en un momento que se estaban colocando los cimientos de la iglesia. La predicación apostólica estuvo respalda por el Señor (Heb.2:3-4). Pero fue solo a ellos, nosotros no somos apóstoles para pretender que tenemos el mismo poder que ellos tuvieron. Al contrario, es peligroso. La revelación nos ha dejado un ejemplo de lo que puede pasar cuando uno se pone a jugar con estas cosas (Hch.19:13-20).  Así que, la enseñanza carismática que uno tiene que reprender al diablo y enfrentarse con él, es falsa y peligrosa. Lo máximo que podemos hacer es lo que hizo el arcángel Miguel (Judas 8-10)

¿Usted quiere derrotar al diablo? La fórmula para combatir al diablo no es “atándolo” sino resistiéndolo firmes en la fe (1 Ped. 5:9). Santiago lo expresa claramente: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Stg. 4:7).

  1. CUMPLIENDO LA ESCRITURA (v.17). En el siglo VIII a.C., Isaías profetizó según 53:4. Las iglesias carismáticas ha tomado este pasaje bíblico para enseñar una herejía (error doctrinal), diciendo que los cristianos no tenemos porqué estar enfermos. El año pasado falleció  a la edad de 89 años un famoso evangelista americano apellidado Osborn. En alguna ocasión, citando a Isaías 53:4, él dijo:

“…el ministerio nuestro debe ser tal que DECLAREMOS GUERRA ABIERTA A TODA FORMA DE ENFERMEDAD, y tomemos autoridad sobre todo poder del demonio en el NOMBRE Poderoso y Conquistador de Jesucristo, ministrando libertad a todos los sufridos…Tampoco toleremos la enfermedad en nuestros cuerpos, porque Jesús llevó nuestras enfermedades. “El mismo TOMO nuestras enfermedades (debilidades) y LLEVO nuestras dolencias (enfermedades)” (Mateo 8:17). “Ciertamente LLEVO EL (echó fuera) nuestras enfermedades y SUFRIO nuestros dolores…”

Frente a estas declaraciones erróneas que durante casi un siglo se han venido enseñando por todo el mundo tenemos varias cosas que es necesario aclarar:

1) Los cristianos también se enferman (1 Tim.5:23). 2) A veces Dios nos da la salud como respuesta a la oración de fe de la iglesia (Stg. 5:14-15). 3) en otras ocasiones Dios nos llama a su presencia por medio de alguna enfermedad.  4) En otras ocasiones Dios permite que alguna enfermedad nos aflija como parte de la disciplina que necesitamos (Heb.12:6), pero al mismo tiempo nos da todo el consuelo que necesitamos.

La profecía de Isaías, hablando de la futura venida del mesías escribió: “…ciertamente llevó las enfermedades y sufrió los dolores del pueblo” (Is.53:4ª). Esto es una referencia al ministerio de Cristo aquí en la tierra. Realmente a través de su ministerio, Jesús se compadeció de los que sufrían tanto por enfermedades como por la opresión del diablo. Esa parte de la profecía se cumplió al pie de la letra tal como lo señala Mateo, pero la Escritura no está afirmando que Jesucristo llevó todas nuestras enfermedades de tal manera que ningún cristiano tiene porqué estar enfermo. Hasta el punto que iglesias ignorantes llegan a prohibir el uso de medicinas argumentando que quien usa medicinas es porque no tiene fe.

Hace unos 38 años, estando yo recién convertido, casi me convencen con esa doctrina; sin embargo yo tuve algunas aflicciones y además oré por algunos enfermos y yo no puedo decir que Jesús los sanó. Tampoco acepté que era porque yo no tenía fe. Ahora, creo que si tengo alguna salud es porque Dios me la ha dado. Con el tiempo fui aprendiendo la doctrina de la soberanía de Dios, de su plan eterno, y de la realidad del mal en el mundo como consecuencia del pecado. Es por esto que al leer la profecía de Isaías tenemos que leer el versículo siguiente (v.5a). Así que, el profeta continúa diciendo “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados…”. Esta parte de la profecía no tiene nada que ver con sanidad física sino con nuestra rebelión espiritual, por lo cual sigue diciendo “…el castigo de nuestra paz fue sobre él. La muerte de Cristo nos trajo paz. El sufrió en lugar nuestro para que nosotros pudiéramos obtener paz con Dios.

 

Orosmán Rozo.

Pastor Iglesia Bautista del Norte

Bogotá, Colombia.  A.S.

27 enero, 2015

DEMONIOS

Mateo 8:28-34

Las Escrituras nos enseñan que en los tiempos de Jesús las sociedades estaban sumidas en el paganismo más que ahora por cuanto la gracia del evangelio no se había hecho presente; por tanto era frecuente el dominio de Satanás sobre las almas de las personas. Es por esto que el ministerio de Jesús estuvo relacionado con su victoria sobre las fuerzas del mal. 1 Juan 3:8.

  1. LA SALVACIÓN INCLUYE SER LIBRADOS DEL MAL (v.28). Así que vienen al encuentro de Jesús dos endemoniados. Dos hombres que estaban bajo el poder de los demonios, controlados por ellos.

¿Qué es un demonio? Es un espíritu, por tanto no tiene un cuerpo material como nosotros, y por eso es invisible, y no se puede tocar ni ver. Antes de la creación del hombre eran ángeles, bellos y santos. Pero al mando de Satanás, se rebelaron contra Dios  y fueron destituidos de la gloria de Dios. La Biblia presenta a Satanás y los demonios como vagando entre el Cielo y la tierra

La mayoría de eruditos que han estudiado este tema concuerdan en la siguiente definición de lo que es una posesión demoniaca: “la personalidad del demonio eclipsa la personalidad del que es poseído. La posesión demoniaca significa la proyección automática de una nueva personalidad, intensamente mala que eclipsa la personalidad del individuo”. Ahora, es muy probable que algunas personas diagnosticadas como mentalmente enfermas realmente estén poseídas y viceversa. Sin embargo, las Escrituras nos revelan que el único que tiene poder sobre los demonios es el Señor Jesucristo.

Según el registro de la Palabra de Dios, los demonios mienten, tientan, y para esto entran en la mente e influyen para que pensemos de cierta manera. Provocan discordia en la iglesia (Stg. 3:14-15); hacen la guerra a la iglesia (Ap.12:17); persiguen y buscan constantemente plantar doctrinas falsas, pervirtiendo la Verdad para distraer y llevar a la gente a la idolatría y al error (1 Jn.4:1-6). De manera que así es como se propagan las doctrinas de demonios (1 Ti.4:1.) Según los relatos evangélicos, los demonios pueden traer enfermedad. Pablo tenía un problema de salud al cual él llamó, “el aguijón en la carne”, y lo atribuyó a Satanás. Entonces, los demonios pueden atacar lo físico. (Mateo 9:32-33; Mateo 12;, Lucas 13; Mateo 17). Entonces, pueden afectar el cuerpo y pueden afectar la mente.

  1. JESÚS PUSO FIN AL DOMINIO DE SATANÁS. Aunque odian a Jesús, en Marcos 5:6 dice: “Cuando vieron a Jesús le adoraron,” El verbo griego proskuneo quiere decir besar la mano, reverenciar con las rodillas, con la cabeza en el piso. Es una palabra que indica profundo asombro, reverencia, respeto y adoración. Los demonios usaron la boca de estos hombres “¿Qué tienes que ver con nosotros?” “¿Por qué nos molestas?” ¿Para qué ha venido “antes del tiempo señalado”? Los demonios saben como lo sabe Satanás que están en prisión en espera del juicio final, pero ahora ante la presencia del Hijo de Dios, su fin se ha anticipado porque ya no tendrán la libertad para poseer a quienes quisieran. La palabra “abismo” debe entenderse como un lugar profundo, tenebroso, al cual los demonios no quieren ser enviados porque es no solo un lugar de tormento sino además una prisión. Es una descripción semejante al infierno. El temor de ellos fue por el hecho de que casi inmediatamente después de encontrarse con Jesús se les ordenó salir de estos hombres
  2. SATANÁS Y SUS DEMONIOS ESTÁN SUJETOS AL SEÑORÍO DE CRISTO. Los relatos evangélicos nos dan pie para entender que antes de la venida del Señor el mundo experimentaba una actividad inusual de la posesión demoniaca, pero después de la venida del Señor, el poder de Satanás quedó restringido, sigue actuando perversamente, pero no tiene la libertad que tenía antes de Cristo. Los espíritus malos siguen afectando a las personas que le abren la puerta de su vida y de alguna manera cooperan con los poderes satánicos. Sin embargo, una vez que la persona cree en el evangelio es liberada completamente y redimida por la sangre de Cristo

Los apóstoles recibieron la autoridad para echar fuera demonios. En el libro de los Hechos vemos a los apóstoles ejerciendo este ministerio.  Ahora, la Biblia no promete que todo tipo de creyente iría ha estar facultado para echar fuera  los demonios en el futuro, sino que este ministerio sería típico de los apóstoles y sería además, una señal de su ministerio especial (Hch.16:18). Contrariamente, atreverse a practicar exorcismos es peligroso.  Algunos exorcistas quisieron imitar al apóstol Pablo y se llevaron un chasco (Hech. 19:13). Estas iglesias que continuamente pretenden tener este poder, abusan con sus exorcismos buscando más que todo shows espectaculares y no miden el peligro a que están expuestos. Realmente me maravilla la paciencia y misericordia de Dios con estos predicadores charlatanes que como dice Judas “no saben de lo que hablan” (Jud. 1:9-10)

Santiago dice que resistamos al diablo y él huirá (Stg.4:7-8). Resistir al diablo es no darle lugar en nuestra vida. Obedezca la Palabra y Satanás y sus demonios no tendrán ninguna oportunidad. Cuando venga con sus tentaciones, sus insinuaciones, con malos pensamientos ¡rechácelos!  ¿Es usted alguien que opone resistencia al diablo? Si es así está haciendo lo correcto; pero si no, seguramente le va a ir muy mal y el Señor no quiere eso.

 

Orosmán Rozo.

Pastor Iglesia Bautista del Norte

Bogotá, Colombia.  A.S.

20 enero, 2015

LA LEY

Mateo 5:17-20.

Jesús está enfrentado a dos enemigos acérrimos: los escribas y fariseos.  Los escribas eran los copistas e intérpretes de la ley, eran muy celosos de su religión, al igual que la secta judía de los fariseos.  Ambos grupos pensaban que la salvación se lograba cumpliendo estrictamente todo lo que la ley dice.  Jesús y sus apóstoles mostraron que la salvación no es por guardar la ley sino que es un don de la gracia de Dios.  Inmediatamente los legalistas fariseos reaccionaron en contra de Jesús.  Jesús explica cuál es su misión mediante dos declaraciones principales.  Él vino:

 

  1. NO ABROGAR LA LEY.  ¿De cuál ley está hablando aquí el Señor?  Nuestro Señor está respondiendo a los escribas y fariseos, por tanto está hablando en el contexto judío.   Desde los tiempos de Moisés el pueblo de Israel clasificó la ley en tres tipos: la ley Judicial o civil, la ley ceremonial y la ley moral. Estas dos clases de leyes fueron legisladas por Moisés y fueron específicas para el pueblo de Israel y ya no se practican tal y como se practicaron en el A.T. Veamos: 1) La ley judicial. Allí se estipulaban las normas sobre los esclavos, leyes que regulaban los actos de violencia, las relaciones con los amos, leyes humanitarias y de justicia social. Aquí se aplicó muchas veces la ley del talión.  Hoy no estamos obligados a cumplir las leyes civiles y penales tales como “ojo por ojo”. 2) La ley ceremonial. Todo esto formó parte del antiguo Pacto entre Dios y los hombres, hoy estamos en un nuevo Pacto. La ley ceremonial consistía en todas las normas que tenían que ver con el tabernáculo de adoración, las ofrendas de los sacrificios, con el sacerdocio.  Tampoco estamos obligados a cumplir leyes ceremoniales  como los sacrificios de animales para nuestra salvación. Esta semana hubo un escándalo en los medios por las declaraciones de una secta religiosa cuya pastora dijo que ninguno que fuera manco, tuerto, cojo, etc. podría aspirar a ser predicador. Probablemente esta falsa pastora en su ignorancia se estaba refiriendo a la ley ceremonial del A.T. Había normas ceremoniales estrictas para los sacerdotes. Los sacerdotes, además de su pureza moral debían ser sin defecto (Levítico 21:17-22).  Naturalmente que este tipo de leyes ceremoniales caducaron porque fueron para un tiempo, con la venida de Cristo todo esto fue reformado. A propósito de esto el famoso comentarista Mathew Henry decía “Nuestras enfermedades corporales, bendito sea Dios, no pueden ahora alejarnos de su servicio, de sus privilegios ni de su gloria celestial. Muchas almas sanas y hermosas están alojadas en un cuerpo débil y deforme. Y los que puedan no ser aptos para la obra del ministerio, pueden servir a Dios con comodidad en otros deberes de su iglesia”. 3) La ley moral.  La cual está esencialmente en los diez mandamientos que fueron dictados directamente por Dios.  Esta ley moral no caduca, continúa hasta nuestros días (Ex.20)

 

  1. A CUMPLIR LA LEY.

1) Jesús le dio a la ley su verdadero significado. Porque los escribas y fariseos habían distorsionado el sentido de la ley.  Jesús los acusó de hipócritas porque predicaban duramente la ley pero ellos mismos no la cumplían, peor todavía, le habían añadido sus propias interpretaciones erróneas y se habían vuelto legalistas.

2) El cumplió la ley de Dios perfectamente.  Nunca cometió pecado. La ley no lo pudo condenar. La ley nos condena a nosotros porque la hemos violado y nuestro castigo es la muerte. Pero Jesús, quiso pagar el castigo que usted y yo merecíamos para satisfacer la demanda de la ley de tal manera que se ofreció en la cruz por nuestros pecados.  Cumplió la pena de la ley por usted.  Murió en la cruz como el culpable por nuestros pecados y así satisfacer las demandas de la justicia

3) En él se cumplió todo lo que los profetas del A. T. habían predicho. Todas las profecías hablaban de su venida como el Mesías verdadero.

LA LEY MORAL DE DIOS SIGUE SIENDO VINCULANTE (v.19).   Es decir, nos obliga. Tenemos la responsabilidad de obedecer la ley moral de Dios desde el más pequeño de sus mandamientos hasta el más importante. Esta obediencia marca nuestra importancia como miembros de la iglesia de Cristo en el reino de Dios, y marcará nuestra importancia en el juicio final cuando Dios dará a cada uno su recompensa.  Somos salvos por la gracia por medio de la fe, si esto es cierto en nosotros seguramente que obraremos bien y buscaremos obedecer la ley moral de Dios, y lo haremos ya no como si fuese una carga pesada sino con amor y agradecimiento a nuestro Señor a quien queremos agradar.

Orosmán Rozo.

Pastor Iglesia Bautista del Norte

Bogotá, Colombia.  A.S.

20 enero, 2015

EL AYUNO

Mateo 6:16-18

En los tiempos de Jesús la práctica del ayuno había degenerado en un ceremonialismo superficial. Así que Jesús definió la manera correcta de practicar el ayuno:

  1. LA MANERA INCORRECTA. Recodemos que Jesús vino a reformar todas las cosas, entre ellas vino a darle a la ley ceremonial su verdadero significado.

a) Lo que Jesús condenó fue esa actitud piadosa hipócrita. Condenó esos ayunos fingidos (v.16), falsos (v.17-18). Cuando los fariseos ayunaban buscaban era impresionar a los demás y adoptaban una actitud de pesadumbre o de tristeza. Se vestían de cilicio. No se bañaban como de costumbre; y ponían ceniza sobre sus cabezas; además usaron otros métodos como ensuciar sus caras, todo con el fin de que la gente los admirara como personas muy religiosas.  Así que buscaban impresionar para que la gente dijera ¡Oh, qué hombres tan piadosos! Esta gente sí demuestra su arrepentimiento; pero la verdad es que estos fariseos estaban haciendo teatro. Jesús les dice que si lo que estaban buscando era tener una buena apreciación de los demás pues esa sería su recompensa pero de Dios no iban a recibir nada.

b) No se debe ayunar con una actitud legalista. Como si fuese una regla imprescindible para uno ser un verdadero cristiano.

c) No por cumplir con un formalismo religioso. Porque en la práctica se convierte en algo mecánico. No oramos y ayunamos simplemente porque hay que hacerlo, ni por el simple cumplimiento del deber

El Señor no nos dice cuántas veces debemos ayunar, ni cuánto tiempo, las circunstancias varían, lo importante es que cuando ayunen tengan en cuenta que la opinión de la gente no importa, háganlo con sencillez y humildad como para Dios. Así que Jesús dice que el ayuno no es para el espectáculo y la apariencia personal.  Cuando ayune haga lo que hace todos los días, báñese y arréglese. La oración y el ayuno es algo privado entre usted y Dios.  Usted no está buscando la alabanza de los hombres sino la aprobación de Dios. Si usted es sincero con Dios, él lo va a recompensar. Además, no ayunar con la esperanza de recibir los aplausos de los hombres, pero tampoco dejar de hacerlo para evitar las críticas, como decía David S.69:10-13

  1. LA MANERA CORRECTA.

Jesús no prohíbe el ayuno sino que los deja a entera libertad de la persona. Lo que Jesús dice es que si alguien quiere concentrarse en la oración por algún motivo especial, pues tiene que hacer todo lo contrario a los fariseos. Como el asunto de la oración es entre Dios y la persona, quien lo haga no debe hacerse notar, todo lo contrario debe bañarse y arreglarse, es decir seguir siendo la persona que es de manera natural, porque al fin y al cabo no le interesa impresionar a nadie, no hacer ostentación de santidad, su único interés es Dios.

  1. LA ESCENA CONTEMPORÁNEA. Hoy existe un debate entre los que defienden el ayuno y los que tienen otra posición al respecto. Si en los tiempos de Jesús el ayuno había perdido su propósito tenemos que hoy en las iglesias carismáticas, el ayuno es una práctica que también ha perdido su verdadero significado:

3.1. Por sus excentricidades. Desde hace unos cincuenta años la práctica del ayuno fue popularizada por algunos pastores pentecostales.  Hubo en Puerto Rico un pastor que basándose en una interpretación errónea de (Jn.14:12) se propuso ganarle al Señor en tiempo y ayunó 41 días.

3.2. Por sus erróneas interpretaciones. Los carismáticos se equivocan en su interpretación.  Hace unos 35 años leí un libro titulado “el ayuno escogido por Dios” El autor decía cosas como las siguientes:

a)  El ayuno sirve para crecer en santidad.   Esto es falso.  El apóstol Pablo dejó claro que las prácticas ascéticas tienen poco poder sobre el pecado. (Col. 2:20-23).

b) El ayuno sirve para cambiar la voluntad de Dios.  Falso. Consideran que hay cosas que Dios no responde sino con oración y ayuno. De manera que cuando uno ora y no recibe la respuesta debe por consiguiente entrar en oración y ayuno porque así se logrará que Dios cambie su parecer. Como si Él no quisiera darnos algo pero yo puedo hacerle huelga de hambre para obligarlo.

c) Para recibir revelaciones. Falso. Insisten en que ayunando usted podrá conocer cuál es la voluntad de Dios específica para su vida. El asunto es que como diariamente necesitamos orar al Señor para que se haga su voluntad, en ese caso, pues tendríamos que vivir en permanente ayuno porque la oración sola es insuficiente.

d) Para lograr resultados inmediatos. Falso. Dios es soberano y Él es quien resuelve si nos bendice o no. Así que ningún ayuno va a obligar a Dios a responder inmediatamente nuestros deseos. Él es soberano en la repartición de sus dones.

Orosmán Rozo.

Pastor Iglesia Bautista del Norte

Bogotá, Colombia.  A.S.

17 octubre, 2014

SERVICIO CONMEMORATIVO DE LA REFORMA PROTESTANTE

Invitación Culto de la Reforma

3 octubre, 2014

LAS IMPLICACIONES PRÁCTICAS DEL CALVINISMO (Extracto)

Por: Albert Martin

B. B. Warfield describe el Calvinismo como “Aquella visión de la Majestad de Dios que se extiende a toda la vida y a toda la experiencia”. En particular, por lo que se refiere a la doctrina de la salvación, su agradable confesión se resume en estas significativas palabras: DIOS SALVA A PECADORES. Ahora donde quiera que somos confrontados con estas grandes declaraciones doctrinales de las sagradas escrituras, Dios no nos deja simplemente con una declaración doctrinal.

El propósito de poner la verdad de Dios en la mente del pueblo de Dios es para que la entiendan y puedan conocer su efecto en su propia experiencia personal. Por lo tanto, los grandes temas doctrinales de Efesios capítulos 1, 2 y 3 son seguidos por la aplicación de estas doctrinas a la vida práctica y a la experiencia en los capítulos 4, 5 y 6. El objetivo por el cual Dios nos dio su verdad no fue simplemente la instrucción de nuestras mentes; sino más bien la transformación de nuestras vidas.

Pero una persona no puede venir directamente a la experiencia de la vida, sino que debe venir mediante la instrucción de la mente. Entonces la verdad de Dios es dirigida al entendimiento y el Espíritu de Dios opera en el entendimiento como el Espíritu de sabiduría y conocimiento. El no simplemente ilumina la mente para que los cajones de archivo del estudio mental rebosen de información. Dios instruye la mente con el propósito de transformar la vida. Entonces ¿Cuáles son las implicaciones personales de la verdad y del pensamiento calvinista en la vida del individuo y en el ministerio ejercido por el individuo? […] ¿Cuáles son las implicaciones del pensamiento Calvinista, esta visión de la Majestad de Dios y de la verdad salvadora de la Escritura en lo que se refiere a nosotros como individuos?

En respuesta a esta pregunta volvamos a aquel principio general que B.B.Warfield llama “El principio formativo del Calvinismo”. Cito las palabras de Warfield : “Déjeme repetirlo, el Calvinista es la persona que ha visto verdaderamente a Dios y que tiene una profunda aprensión de la Majestad divina, y una intensa comprensión (acompañante inevitable de esta aprensión) que proviene de la relación sostenida con Dios por la criatura como tal, y particularmente por la criatura como pecadora. El Calvinista es una persona que ha visto a Dios y que, habiendo visto la gloria de Dios, está por un lado lleno de su propia indignidad ante la presencia de Dios como criatura y mucho más como pecador; y por otro lado, lleno de un asombro admirable del [hecho] que este Dios recibe a los pecadores. El que cree en Dios sin reserva y determina que Dios será Dios en todo su pensamiento, emociones y voluntad (en la total extensión de sus actividades diarias, intelectual, moral y espiritual) a través de toda su relación individual, social y religiosa es (por fuerza de la más estricta lógica que dirige el mejor de los principios en la vida y en el pensamiento y por la misma necesidad del caso) un Calvinista”.

Note que cuando B.B.Warfield define el Calvinismo y el Calvinista, usa palabras de una naturaleza fuertemente experimental. Las palabras “aprensión” y “comprensión” tratan primeramente con el entendimiento, aunque van más allá de esto. Pero cuando consideramos las palabras tales como “visto a Dios”, “lleno con un sentido de su propia indignidad”, “asombro admirable”, “pensamiento, emociones y voluntad”; nos damos cuenta de que estas son palabras que hablan de la experiencia de la persona. Warfield, en realidad, está diciendo que ninguna persona es un Calvinista, ni es verdaderamente Bíblico en su concepto de Dios, ni es verdaderamente religioso, ni es verdaderamente evangélico, hasta que estos conceptos hayan calado en las fibras nerviosas de su experiencia. En otras palabras, Warfield diría que un Calvinista académico es un falso nombre, un nombre tan equivocado como hablar de “un cadáver viviente”. La muerte ocurre cuando el alma se separa del cuerpo, y Warfield nos enseña que cuando el alma del pensamiento calvinista muere o se ausenta, entonces lo único que permanece es un cuerpo muerto, una peste en la nariz de Dios y frecuentemente una peste para la iglesia cuando esto es hallado en un ministro.

3 octubre, 2014

UNA DEFENSA AL CALVINISMO (Extracto Del Mensaje Tomado De La Autobiografía De C. H. Spurgeon, Volumen Uno).

Por: C.H. Spurgeon

[…] Pero ahora puedo decir que estoy seguro que, en lo que a mí concierne, “Él solamente es mi salvación.” Fue Él quien hizo volver mi corazón y me hizo ponerme de rodillas ante Él. Ciertamente yo puedo decir, conjuntamente con Doddridge y Toplady:

“La Gracia enseñó a mi alma a orar,
E hizo que mis ojos derramaran lágrimas.”

Y llegando a este punto puedo agregar:

“Únicamente la Gracia me ha preservado hasta ahora,
Y no permitirá que me aleje.”

Puedo recordar muy bien la manera en que aprendí las doctrinas de la Gracia en un solo instante. Nací arminiano, como todos nosotros lo somos por naturaleza; todavía creía en las viejas cosas que había escuchado continuamente desde el púlpito y no veía la Gracia de Dios. Cuando venía a Cristo pensaba que yo lo estaba haciendo todo por mí mismo y aunque yo buscaba al Señor sinceramente, no tenía la menor idea que el Señor me estaba buscando a mí. Yo no creo que el joven converso esté consciente de esto al inicio. Puedo recordar exactamente el día y la hora cuando recibí por primera vez en mi alma esas verdades; cuando fueron grabadas en mi corazón con un hierro candente, como dice Juan Bunyan, y puedo recordar cómo sentí que había crecido súbitamente de ser un niño para convertirme en un hombre adulto; que había logrado progresar en el conocimiento de la Escritura al haber encontrado, de una vez por todas, la clave de la verdad de Dios.

Una noche de un día de la semana, cuando me encontraba en la casa de Dios, no estaba tan concentrado en el sermón del predicador, pues no creía lo que decía. Entonces me vino un pensamiento: ¿cómo llegaste a ser un cristiano? Yo busqué al Señor. Pero ¿cómo fue que comenzaste a buscar al Señor? La verdad pasó por mi mente en un instante como un relámpago: yo no hubiera buscado al Señor sin haber recibido previamente una influencia que me hiciera buscarlo. Yo oré, pensé yo, pero entonces me pregunté: ¿cómo fue que comencé a orar? Fui inducido a orar al leer las Escrituras. Y ¿cómo fue que comencé a leer las Escrituras? Es cierto que las leí, pero ¿qué fue lo que me llevó a leerlas? Entonces, en un instante, pude ver que Dios está en el fondo de todo y que Él era el autor de mi fe, y así la doctrina de la gracia completa se abrió ante mí y de esa doctrina no me he apartado hasta este día y deseo que mi confesión constante sea ésta: “yo atribuyo mi cambio enteramente a Dios.”

Una vez asistí a un servicio donde el texto era precisamente “Él nos elegirá nuestras heredades” y el buen hombre que ocupaba el púlpito era algo más que un pequeño arminiano. Por lo tanto, cuando comenzó, dijo: “Este pasaje se refiere enteramente a nuestra herencia temporal, no tiene absolutamente nada que ver con nuestro destino eterno, pues, no queremos que Cristo elija por nosotros en asuntos relacionados con el cielo o el infierno, dijo. Es tan sencillo y fácil que cualquier hombre que tenga una partícula de sentido común elegirá el cielo y cualquier persona será lo suficientemente inteligente para evitar el infierno. No tenemos ninguna necesidad de una inteligencia superior o de un Ser más grande que elija el cielo o el infierno por nosotros. Eso se deja a nuestro libre albedrío y se nos ha dado suficiente sabiduría y los medios que son suficientemente correctos para juzgar por nosotros mismos.” Y por lo tanto, como dedujo muy lógicamente, no hay ninguna necesidad ni que Jesucristo, ni nadie más, elija por nosotros. Dijo que nosotros podíamos elegir nuestra herencia por nosotros mismos sin ayuda de nadie. “Ah,” pensé, “mi buen hermano, puede ser cierto que podamos, pero creo que necesitamos algo más que sentido común antes que debamos elegir correctamente.”

En primer lugar, permítanme preguntar, ¿acaso no debemos admitir, todos nosotros, una Providencia que gobierna todo y el decreto de la mano de Jehová en relación a los medios por los que venimos a este mundo? Esos hombres que piensan que, después, somos entregados a nuestro propio libre albedrío para elegir que esto o lo otro dirija nuestros pasos, deben admitir que nuestra entrada al mundo no fue por nuestra propia voluntad, sino que Dios tuvo que elegir por nosotros en ese momento. ¿Cuáles eran esas circunstancias en poder nuestro que nos llevaron a elegir a ciertas personas para que fueran nuestros padres? ¿Tuvimos algo que ver con eso? ¿No fue el mismo Dios quien designó a nuestros padres, el lugar de nuestro nacimiento y nuestros amigos?

¿No pudo Dios haber causado que yo naciera con la piel de un hotentote (pueblo nómada que vive en Namibia), traído al mundo por una madre sucia que me alimentaría en su “kraal” (choza redonda africana) y me enseñaría a inclinarme ante dioses paganos, de la misma manera que me pudo haber dado una madre piadosa, que cada mañana y cada noche se pusiera de rodillas para orar por mí? O, ¿acaso no hubiera podido Dios, si así lo hubiera querido, haberme dado a un libertino como padre, de cuyos labios yo pude haber oído un lenguaje espantoso, sucio y obsceno? ¿No pudo haberme colocado donde yo hubiera tenido un padre borracho que me habría recluido en un calabozo de ignorancia y me habría educado en las cadenas del crimen? ¿Acaso no fue la Providencia de Dios la que me dio la oportunidad feliz de que mis padres fueran Sus hijos y que se esforzaran por educarme en el temor del Señor?

John Newton solía contar una fantástica historia y se reía de ella también, acerca de una buena mujer que, con el objeto de demostrar la doctrina de la elección, decía: “Ah, señor, Dios debe haberme amado antes que yo naciera, pues de otra forma no podría haber visto nada en mí que se pudiera amar después.” Estoy seguro que eso es cierto en mi caso. Yo creo en la doctrina de la elección porque estoy absolutamente seguro que si Dios no me hubiera elegido, yo nunca lo habría elegido a Él. Y estoy seguro que Él me eligió antes que yo naciera, pues de otra forma Él nunca me habría elegido después. Él debe haberme elegido por razones desconocidas para mí, pues yo nunca podría encontrar alguna razón en mí mismo que justifique la razón por qué Él me miró con un amor especial. De tal manera que me veo forzado a aceptar esa grandiosa doctrina bíblica.

Recuerdo a un hermano arminiano que me decía que él había leído las Escrituras más de veinte veces y no había encontrado en ellas la doctrina de la elección. Añadió que las habría encontrado si hubieran estado allí, pues él leía la Palabra estando de rodillas. Yo le dije: “yo creo que tú lees la Biblia en una postura muy confortable y si la hubieras leído sentado en tu butaca habrías tenido una mejor posibilidad de entenderla. Ciertamente debes orar, y entre más ores mejor, pero hay una cierta superstición involucrada en pensar que hay algo en la postura que el hombre adopte para leer la Biblia. Y en cuanto a leer las Escrituras de manera completa veinte veces sin haber encontrado nada acerca de la doctrina de la elección, lo sorprendente hubiera sido que hubieras encontrado algo. Tú debes haber galopado en tu lectura a tal velocidad, que hubiera sido imposible que tuvieras una idea inteligible del significado de las Escrituras.”

Verdaderamente sería maravilloso ver un río que se alza sobre la tierra con todo su pleno cauce, ¿qué sería contemplar un vasto manantial del cual surgen espumeantes todos los ríos de la tierra, un millón de ellos nacidos juntos? ¡Qué visión sería! ¿Quién pudiera concebirlo? Y sin embargo el amor de Dios es esa fuente de la cual surgen todo los ríos de misericordia que a lo largo de todos los tiempos han alegrado a nuestra raza; todos los ríos de la Gracia en el tiempo aquí y en la gloria venidera. ¡Alma mía, ponte junto a esa fuente y adora y da grandeza, por toda la eternidad, a Dios nuestro Padre que nos ha amado!

En el principio, cuando este grandioso universo permanecía en la mente de Dios como los bosques por nacer están contenidos en la copa de una bellota, mucho antes que los ecos despertaran a las soledades; antes que las montañas fueran levantadas, mucho antes que la luz cruzara como relámpago a través del cielo, Dios amó a Sus criaturas elegidas. Antes que hubiera algún ser creado, cuando el éter todavía no era abanicado por el ala de un ángel, cuando no había absolutamente nada excepto Dios que estaba sólo, aún entonces, en esa soledad de la Deidad y en esa honda quietud y profundidad, Su corazón se movía con amor hacia Sus elegidos. Sus nombres estaban escritos en Su corazón y ya entonces eran muy queridos para Su alma. Jesús amó a Su pueblo antes de la fundación del mundo, ¡ya desde la misma eternidad! Y cuando me llamó por Su gracia, Él me dijo: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.”

Y luego, en la plenitud del tiempo, Él me compró con Su sangre. Él dejó que Su corazón se vaciara en una profunda herida abierta por mí mucho antes que yo lo amara. Sí, cuando Él vino a mí por primera vez, ¿acaso yo no lo menosprecié? Cuando Él tocó a la puerta y solicitó entrar ¿no lo corrí y lo agravié a pesar de Su gracia? Ah, puedo recordar que muy a menudo hice eso hasta que finalmente, por el poder de Su gracia eficaz, Él dijo: “Debo entrar, voy a entrar.” Y luego Él cambió mi corazón y me hizo amarlo. Pero hasta ahora yo lo habría resistido si no hubiera sido por Su gracia.

Bien, puesto que Él me compró cuando yo estaba muerto en pecados, ¿no se deduce de eso, como una consecuencia necesaria y lógica que Él tuvo que amarme primero? ¿Acaso mi Salvador murió por mí porque yo creí en Él? No. En aquel entonces yo no existía. En aquel entonces yo no tenía un ser. ¿Pudo entonces el Salvador haber muerto porque yo tenía fe, cuando yo mismo no había nacido? ¿Pudo haber sido eso posible? ¿Pudo haber sido eso el origen del amor del Salvador por mí? ¡Oh, no! Mi Salvador murió por mí mucho antes de que yo tuviera fe. “Pero,” dirá alguno, “Él vio por anticipado que tú tendrías fe, por lo tanto Él te amó.” ¿Qué vio anticipadamente acerca de mi fe? ¿Vio anticipadamente que yo obtendría esa fe por mí mismo y que yo creería en Él por mis propios medios? No. Cristo no pudo ver eso anticipadamente, pues ningún cristiano puede afirmar jamás que la fe vino espontáneamente sin el don y sin la obra del Espíritu Santo. Me he reunido con un gran número de creyentes y he hablado con ellos acerca de este asunto pero no he conocido a ninguno que pudiera poner la mano sobre su corazón y decir: “Yo creí en Jesús sin la ayuda del Espíritu Santo.”

Yo estoy atado a la doctrina de la depravación del corazón humano porque me veo a mí mismo depravado en mi corazón y percibo pruebas diarias que en mi carne no habita nada bueno. Si Dios entrara en un pacto con el hombre caído, el hombre es una criatura tan insignificante que tendría que ser un acto de condescendencia lleno de gracia de parte del Señor. Pero si Dios entrara en un pacto con el hombre pecador, ese pecador es una criatura tan ofensiva que tiene que ser un acto de Gracia pura, libre, rica, y soberana de parte de Dios. Cuando el Señor entró en un pacto conmigo, estoy seguro que fue solamente por Gracia, y solamente por Gracia. Cuando recuerdo que mi corazón era una guarida de bestias y aves inmundas y cuán terca era mi voluntad sin regenerar, cuán obstinada y rebelde en contra de la soberanía del gobierno divino, siempre me siento inclinado a tomar el lugar más humilde en la casa de mi Padre y cuando entre al cielo será para ir con los más pequeños de los santos y con los primeros de los pecadores.

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