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24 agosto, 2016

LA ORACIÓN PÚBLICA (III)

Características De La Oración Pública

  1. Regular.

A través de sentencias directas de la Escritura como de implicaciones obvias, podemos concluir sin temor a equivocarnos que la iglesia debe reunirse regularmente para la oración. Así como vimos que hay un principio para la oración privada ‘cerrada la puerta’ y que esta debe ser continua, existe la realidad de las reuniones eclesiales y que estas también deben ser regulares.

La profecía de Is.56:7 afirmaba que la casa de Dios sería llamada casa de oración, es decir, se caracterizaría por ello, sería tan obvio que se le recordaría por esa actividad. En Zc.12:10 se nos habla de un espíritu de oración derramado sobre la iglesia. Si hablamos de un espíritu egoísta en nuestra sociedad ¿Qué estamos diciendo? Si hablamos de un espíritu de solidaridad en una tragedia ¿Qué estamos diciendo? Pues un ambiente especifico, una condición evidente. Cuando el Señor está en medio de un pueblo, el ambiente es uno de oración continua. Hch.1:14 nos dice que ellos‘perseveraban unánimes en oración y ruego’. Hch.2:42 se señala que ‘perseveran en […] las oraciones’. Hch.12:5 nos conforma que ‘la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él’.

Rom.12:12 es claro: ‘constantes en la oración’. Ef.6:18: ‘orando en todo tiempo […] con toda perseverancia’. En 1 Tim.2:1 nótese los plurales: ‘Exhorto ante todo a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por todos los hombres’. ¿Cómo hacer esto si oramos cada quince días como iglesia? 1 Tes.5:17 nos enseña a orar ‘sin cesar’. En 1 Pd.4:7 se nos llama a velar en oración comunitaria. Estas son suficientes pruebas para llegar a una conclusión ¿Cuál será? Que la iglesia debe orar continuamente. Si bien, la Escritura no nos dice cada cuanto debemos reunirnos para la oración eclesial, observamos el principio reuniéndonos regularmente no de vez en cuando.

Oración regular y en diferentes situaciones.

Hay lo que podríamos llamar situaciones ordinarias y situaciones especiales. Considerando que hay necesidades generales de la iglesia y viendo las prácticas de los apóstoles, nos parece prudente y hasta necesario que la iglesia se reúna y ore semanalmente. Pero viendo la evidencia de Hechos 4 y 12 (tiempos de persecución y gran peligro), también aprendemos que hay ciertas ocasiones de aflicción que mueven a la iglesia a situaciones especiales de oración. Además, viendo la evidencia de Hechos 13 y Hechos 14, aprendemos que hay asuntos en la vida de la iglesia cuándo esta se involucra en hacer cosas de suma importancia espiritual, como la señalización de nuevos líderes y la elección de hombres para el servicio misionero. La evidencia que tenemos en el Nuevo Testamento es que en esas situaciones la iglesia se entregó al ayuno y a la oración. Así que, hay situaciones ordinarias y situaciones extraordinarias y la iglesia debería ser sensible a esto.

  1. Con Propósitos.

La oración congregacional no tiene que adolecer de dirección. En muchas iglesias y esto lo decimos con respeto, se piensa que la oración congregacional tiene que ver con la reunión de gentes. Pero ellos se reúnen a arrodillarse cada uno y orar privadamente bajo un mismo techo. Otros oran en voz alta, pero cada uno está haciendo su propia oración en un mismo lugar. Esto no es oración pública, esto es oración individual en un mismo recinto. Si algo caracteriza la oración congregacional es que tiene propósitos definidos y propósitos conjuntos.

En Ez.37:37 Dios dice que permitirá que la casa de Israel se aúne en una petición particular. Mt.18:19 nos habla de un grupo de personas, no importa cuán básico sea, que se ponen ‘de acuerdo (sinfonía)’para un asunto. En Hch.1:14 se nos dice que los discípulos al perseverar en oración eran del mismo ánimo. Lo mismo ocurrió en Hch.4:24 cuando alzaron a una su voz por un asunto específico. En Hch.12:5 se dice que la iglesia ‘hacía sin cesar oración por él’. Allí hay propósito y unanimidad, en este caso por la persecución. En 2 Cor.9:14 se nos dice que los hermanos de Macedonia hacían oración por la vida espiritual de los de Corinto, una oración con propósito.

De Ef.6:18-19 aprendemos que debemos orar por todos los santos. En otras palabras, debe ser una oración comprensiva, que abarque todas las necesidades del pueblo de Dios, especialmente por el éxito del evangelio al ser predicado. Fil.1:19 aprendemos que debemos orar por todos aquellos que estén en situaciones aflictivas. 1 Tim.2:18 nos señala a orar por todos los hombres y en el v.8 aprendemos que debemos orar por aquellos que están en autoridad sobre nosotros, para que podamos vivir una vida quieta y reposada, con el propósito de que el evangelio se expanda. En St.5 nos muestra la oración por aquellos que están afligidos por situaciones adversas para ser sanados.

Aprendemos así que la oración pública debe tener propósitos y debemos cargarnos con los propósitos de la oración que se manifiestan en el culto. Hemos enseñado el contenido de las oraciones legítimas para que sepamos qué cosas son las que deben llevar la intención generalizada de la iglesia cuando se reúna para la oración. Aquí hay una diferencia entre la reunión de adoración el día del Señor y las reuniones de oración. La reunión de oración, no es en sí una oración de acciones de gracias. Por supuesto que siempre debe haber gratitud, exaltación, adoración, pero el énfasis en las reuniones de oración es pedir y por ellos los propósitos cuando nos reunimos. El culto dominical es en sí una reunión de adoración, aunque también haya peticiones, por ellos las ofrendas cuando adoramos.

  1. Más general y fieles al llamado de la Iglesia

Como habíamos advertido, si existe una diferencia entre la oración privada y pública es que las oraciones privadas pueden y deben ser muy particulares, pero las públicas más generales, las que nos competen a todos y las que van de acuerdo a lo que Cristo le encomendó a la iglesia. Déjeme explicárselo paso a paso.

Más general.

Hemos de evitar que estemos orando en la oración pública como si estuviéramos en nuestro devocional personal. No es que se nos prohíba, pero en el culto de oración se nos iría el tiempo si oramos por los miembros de las familias uno a uno. En lugar de lo cual podemos orar por las familias, por su santidad, por su buena conformación, etc. Podemos orar en casos particulares por supuesto, pero es mejor recordar las iglesias hermanas, sus ubicaciones, sus pastores, en lugar de orar por cada uno y cada miembro, se iría el tiempo. Por supuesto que habrá asuntos para ser específicos y debemos ser sensibles, pero vamos sobre los puntos más generales con sabiduría.

Además, recordemos el principio de la prudencia, no solo a la hora de orar por las personas lo que sería delicado si empezamos a ventilar en la oración cada una de las cosas que sabemos de ellos, sino que las reuniones regulares, deberían ser equilibradas para que los maduros aprovechen y los débiles no se fatiguen demasiado. Podemos ser sensibles a eso si tomamos las cosas de forma general.

Que nos competa a todos como hijos de Dios.

En la oración privada estamos delante de Dios como hijos de Dios, en nuestra relación Padre-hijo, expuestos ante Él con nuestros pecados particulares y nuestras cargas individuales. De eso se trata la oración privada. Allí podemos ser tan específicos como queramos y tan extensos como podamos.

En las reuniones regulares y públicas de oración, estamos reunidos más que como cristianos individuales delante de Dios, estamos reunidos como miembros del cuerpo de Cristo, como parte de una familia, de un cuerpo. Las palabras singulares son sustituidas por las plurales. El “yo” es reemplazado por el “nosotros”, el “mío” por el “nuestro”, etc. Los motivos individuales que solo nos pueden llegar a interesar a nosotros o nuestras familias son reemplazados por los intereses que nos identifican a todos como hijos de Dios y como iglesia. Aquí tenemos la responsabilidad de encarnar lo que se supone, todos tenemos en común como hijos de Dios y miembros de un grupo de creyentes. Hay cosas particulares, providencias personales que bien pueden ser traídas en oración privada, pero aquí nos une el llamado general.

Usted debe preguntarse si tal o cual petición se encuentra en el rango de los intereses personales o eclesiales. Eso es orar con sabiduría. No me malentienda, no es que sus cargas personales o individuales no nos interesen. No es que sus providencias familiares no puedan llegar a ser parte del culto de oración, pero lo que usted debería preguntarse es de qué manera mi providencia particular tiene que ver con los intereses de la iglesia, cómo estos llegan a afectar o pueden llegar a hacerlo. Le pongo un ejemplo. Usted puede pedir oración por el trabajo de un hermano. Está bien, pero ¿De qué manera evangélica eso nos compete a todos? Si usted pide oración por los niños desamparados debe preguntarse ¿De qué forma esa petición encarna lo que todos tenemos en común?

Un pastor escribió lo siguiente: “El escritor recuerda haberse reunido una vez en una iglesia para una temporada de oración, donde todo el tiempo se dedicaba a las preocupaciones domésticas de los miembros. Era evidente que Tommy se había caído cuando iba al colegio y se había lastimado la rodilla. Varios recordaron a Tommy en sus oraciones. Sin embargo, las almas profundamente heridas de los miles de niños del vecindario densamente poblado no atrajo ni una sola palabra de intercesión. Espero que este extremo sea raro, pero debemos tener cuidado de no degradar el propósito de las reuniones de oración […] algunas veces la misma reunión donde se ora por la rodilla de Tommy, también ruega elocuentemente para que la poderosa fuerza del Espíritu traiga un avivamiento en todo el país y se convierta” (Masters).

Entonces, ¿cuáles son aquellas cosas que nos competen a todos nosotros como iglesia? Nótese la pregunta, no que nos competan a todos nosotros como hombres o mujeres o ciudadanos o colombianos, sino lo que nos compete a todos nosotros como iglesia, como el cuerpo local de creyentes que formamos esta iglesia y como parte de la Iglesia universal. Esto me lleva al tercer punto:

Fieles al llamado de la iglesia

Algunos aquí son antiguos en la fe, otros nuevos, aquí hay personas casadas y otras solteras, todos tenemos una vocación particular, hay vendedores, en la rama de la salud, constructores, profesores, amas de casa, hay quienes tienen algunas posibilidades económicas y hay quienes las ven difíciles. Tenemos gente estudiada, los que están estudiando y los iletrados. Imagine cuán grande es el espectro de cosas que nuestras peticiones particulares pueden sumar dependiendo quien es usted con su conformación familiar, su vocación, sus providencias. Pero ¿Por qué estamos reunidos aquí? ¿No es por el Evangelio de Cristo?

Entonces permítame preguntar ¿Qué intereses tenemos en común nosotros? No hablamos de lo que Dios demandará de su mano de acuerdo a su llamado particular, sino como iglesia ¿Qué tenemos en común? ¿Qué nos encargó el Señor? ¿Para qué Dios tomó el trabajo de conformar una iglesia universal? ¿Por qué conformaría el Señor iglesias locales? Recordar el llamado de la iglesia nos ayudará a ser más sabios en las reuniones de oración y experimentaremos lo que es remar todos hacia un mismo lado, unánimes, de un mismo sentir.

Permítame resumirle de forma muy generalizada el llamado de la Iglesia en tres propósitos. Los estudiantes de Teología me ayudarán si algo se queda por fuera de estos tres propósitos: Adoración, Edificación de los creyentes, Proclamación de las Buenas Nuevas. La iglesia fue instituida para esto, las iglesias locales se instituyen para esto. Bajo estos tres encabezados podemos dejar caer todo en su lugar. Si no está contemplado bajo alguno de estos tres encabezados, probablemente el asunto sea personal o particular.

“Después de todo, Dios no solo trata con nosotros de forma individual. A Él le encanta moldear comunidades enteras […] Desea dar forma y embellecer al conjunto de todos los miembros y convertirlo en un cuerpo responsable y comprometido de personas. No hay nada comparable a la reunión de oración para promover esto y hacerlo progresar […] En el culto de oración […] nos hacemos responsables de la obra tanto localmente como en el extranjero […] se esfuma la preocupación por nosotros mismos como creyentes individuales y nos convertimos  en un grupo de personas que anhelan la bendición de los demás y la prosperidad de la causa (del Señor) […] En la reunión de oración somos perfeccionados y afilados como un cuerpo unido de personas”.

Las reuniones de oración, bien coordinadas y maduradas, como es el estándar al cual debemos desear llegar, tienen un bien equilibrio en estas tres columnas. Adoración o nuestro llamado vertical. Edificación o nuestro llamado de puertas a dentro y Proclamación que es nuestro llamado o vocación de muros para afuera.

  1. Sencilla pero Ordenada y Fervorosa.

Vamos a tomarnos de un par de ejemplos bíblicos en el libro de los Hechos que nos muestran estas características de la oración. Las estudiamos porque hacen parte de esas cosas que la Biblia dice que acompañan la oración pública de manera que no corresponden a asuntos de poca monta sino en donde vemos la voluntad revelada de Dios.

Si nos situamos en Hechos 4, vemos el ejemplo de una oración congregacional. Por supuesto que nos sirve, como lo dije, de ejemplo, de guía, a manera de modelo para aprender cómo se debería orar públicamente. Debemos advertir que esta oración la provocó un evento particular, sin embargo, nada resta de la importancia de su ejemplo.

Primero notemos su sencillez. No hay argumentos difíciles de entender, comentarios enigmáticos que el que los hubiese escuchado hubiese preguntado ¿Qué habrá querido decir? No fue una oración demasiado larga, difícil de seguir mentalmente, sino una concreta, directa. No fue una oración con rodeos, sino que fue a los diferentes puntos con sencillez, con concreción. Entiéndame la diferencia entre sencillez y simplicidad. Usted puede ser sencillo, concreto y profundo y eso está bien. Pero cuidémonos de orar livianamente.

Segundo, veamos su argumentación bíblica. La fórmula tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay’ (v.24), al menos se encuentra literalmente tres veces en el Antiguo Testamento, aunque su idea es completamente bíblica. Luego en los vv.25 y 26 se citó el Salmo 2 para seguir argumentado en la oración. Aunque no se cite ninguna parte literal de la Escritura, la oración sigue sujeta a la Biblia basada en la preordenación de Dios de todos los acontecimientos (v.28). Ellos hablan basados en la promesa que el Señor le dio a esa generación apostólica, a esa primera iglesia, que al predicar el evangelio, deberían ver la palabra de Dios ratificada por señales (Mr.16:15-17). ¿No hemos insistido que todas las oraciones deben ser conforme a la voluntad de Dios, es decir, conformes a Su Palabra?

Tercero notemos el orden que ella tiene. No es un orden mecánico, pero no hay repeticiones sin sentido o vanas como le llama la Escritura (Mt.6:7). La oración progresa, tiene un fin. Debemos cuidarnos de redundar innecesariamente o hacer de la oración una serie de argumentos que confundan. Mire que, aunque sea en breve, esta gente adoró en la misma oración, citó las Escrituras, pidió y esto en un buen orden. La idea es que el entendimiento de los hermanos, y el propio, por supuesto, sea edificado (1 Cor.14:15).

Cuarto, la oración no debe adolecer de fervor. Este principio está ejemplificado en el texto que estamos tomando como base, pero hay otro ejemplo en Hch.12:5 donde LBLA traduce: ‘oración ferviente’. Esta palabra habla de algo que se estira, que se extiende y puede traducirse sin cesar o intensamente o fervorosamente. Es una palabra distinta que también se tradujo en Rom.12:12 como‘constantes’. Ahora, ¿Qué queremos decir con esto? Que las oraciones no deben ser frías, apagadas. No quiere decir bullosas, desordenadas, gritadas. Pero sí quiere decir que el corazón debe hervir y debemos usar de mucha intensidad. Ojalá supiéramos en la práctica por qué se relaciona la oración con la agonía. ¿Entiende? No es una postura, unas palabras, es una actitud que desgarra el alma, una intensidad que no nos deja ser fríos en la oración.

  1. Terminada con ‘Amén’.

Miremos ocho textos que de varias direcciones nos ayudan a entender el uso del Amén, en la oración. Dt.27:15; 1 Cron.16:36; Neh.5:13 y 8:6; Sal.106:48; Jer.28:6; 1 Cor.14:16; Ap.19:4. Así, vemos que esta palabra se usa para hacer una afirmación de lo que se está diciendo. Vemos que es una palabra con la que el pueblo se involucra en la oración de alguien. Que se espera que el que escucha la oración, pueda entenderla para poder afirmar la oración con un amén. Esta palabra también es usada como una palabra de adoración como ‘Aleluya’.

No se nos dice que necesariamente debe usarse al final de toda una oración, puede ser que ella se use afirmando partes de la oración misma. Es lícito, y además que es muy bueno. Es una manera en que usted corrobora y se involucra en la oración congregacional así no esté dirigiendo. Usted no se “despega” de la oración, sino que está constantemente siguiéndola y afirmándola. Así mismo es una buena manera de comunicarle al que dirige que “estamos allí y estamos siguiendo su oración”.

Lo que debemos cuidar es no hacer de esta expresión algo religioso, rutinario, como es nuestra inclinación. A veces estamos idos de la oración, pero decimos ‘Amén’, cuando termina la oración. Eso es casi que una mentira ¿No cree? A veces la podemos decir de una manera formal pero no como una manera de identificarnos con lo que se está orando. Otras veces puede ser que se preste para el desorden. Todos estos cuidados son necesarios tenerlos, pero tener cuidado no significa no hacerlo.