Posts tagged ‘iglesia’

22 agosto, 2016

LA ORACIÓN PÚBLICA (I)

¿Es un requerimiento Bíblico las reuniones semanales de oración?

Sin lugar a dudas esta es una de las partes más importantes en el tema de la oración y en general de la vida espiritual de los cristianos: las reuniones públicas de oración. La gran mayoría de cristianos no advierten que las reuniones de oración tienen un lugar prominente, fundamental y muy necesario para una vida cristiana saludable. Es más, para muchos cristianos no hay una relación entre la doctrina cristiana o sana doctrina y las reuniones públicas de oración, simplemente pudieran reconocer algunas pistas divinas que Dios desea que la iglesia ore junta, pero nada más allá. Pero no advierten que la mayor parte de las exhortaciones apostólicas que hablan de la oración apelan al sentido comunitario de la misma, sin la cual ningún cristiano podrá tener una vida saludable ni la expresión de una sana doctrina.

Esto lo podemos ver en las prácticas que caracterizaron la primera iglesia. Ellos eran dueños y guardianes de esa doctrina que tenía a Cristo como centro. Así que usted debe esperar ver en ellos ciertas características que expresaran su cuidado de la doctrina hasta en sus prácticas. Si usted hubiese querido describir qué era este nuevo movimiento, que hacían, en qué consistía su organización, hubiese referido aquellas cosas que eran muy evidentes, centrales y que les ganó el buen testimonio entre el mundo. Era una iglesia sencilla pero poderosa, tenían problemas, tuvieron que lidiar con el pecado de sus miembros, pero era fuerte en aquellas cosas en que una iglesia debe ser fuerte así sea débil en las demás:

Hch.2:41-42: Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones’. Las cosas más básicas que hacen que una iglesia sea llamada iglesia, en lo que una iglesia debe ser fuerte, aquí está descrito lo que debe ser muy evidente tanto para la iglesia misma como para los de afuera. Andar en la verdad de Cristo tiene cosas muy sensibles, muy centrales, prominentes, y usted acaba de leer qué cosas son y deben ser tan obvias y evidentes que nadie tenga duda. Si alguien que acaba de llegar al planeta fuera a describir la iglesia, si fuera a generalizar lo que es una iglesia local en pocas palabras, resumiendo sus cosas más importantes ¿Qué diría de ella? Pero ¿Qué diría de la nuestra? ¿Cómo nos resumiría?

¿Por qué orar juntamente no es tan importante ni una marca tan evidente en la iglesia actual?

La frialdad espiritual de nuestra época.

Puede haber muchas causas. Generalmente las reuniones de la iglesia se debilitan bajo una ola de frialdad espiritual que impregna a muchos. Creo que la ola de mundanalidad hace sentir su presencia real en este aspecto de la vida de la iglesia, más que en otras áreas por importantes que sean. Usted puede decir que el mundo de hoy es muy absorbente, que el trabajo, que las ocupaciones, pero quiero enfrentarlo a una realidad: ¿Por qué bajo las mismas circunstancias de un mundo tan absorbente, de trabajo pesado, de ocupaciones y privaciones usted puede apreciar gente llenando estadios para ver espectáculos, frecuentando bares y cines? Pero para nuestra vergüenza, ¿Por qué bajo las mismas circunstancias las iglesias carismáticas se llenan a reventar no importan cualquier día de la semana? ¿Es que allí va la gente que no tiene nada que hacer? ¿No ha visto que la gente allí si tiene tiempo? ¿No será acaso que eso nos está señalando hacia otra realidad más triste?

El espíritu individualista y egoísta de nuestra época.

Pero continuemos. Otra razón también puede ser el marcado egoísmo con el que hoy se interpreta la Palabra de Dios. Se ha hecho tanto énfasis en una relación íntima y personal con el Señor que hemos perdido de vista la dimensión comunitaria de nuestro llamado a Cristo. El común de los cristianos quiere a lo sumo, ir y escuchar la predicación y luego irse para volver en ocho días. Ellos toman la iglesia como una tienda o como una estación de servicio. Tú no debes tener una relación íntima y personal ni con el dueño de un supermercado ni con sus empleados, solo vas a llenar tu necesidad y vuelves cuando necesites más. ¿Es así que la Palabra nos enseña a tomar la iglesia? Por ellos se ha acuñado con razón la frase: cristianos de consumo.

No nos parecemos a esa descripción de la primera iglesia en Hch.2:44-47: Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos’. ¿Qué le parece la dimensión comunitaria de la fe? Eso indica que un hijo de Dios no entra en el plan de Dios adecuadamente hasta que se compenetra con una iglesia local específica en su vida y desarrollo. Pero continuemos.

Una mala comprensión de las Escrituras.

Si fuéramos a buscar otra explicación del por qué los cristianos no le dan la importancia que tiene el culto de oración, pudiera ser que muchos han aprendido a leer sus Biblias de manera incorrecta. Han sido enseñados a mirar aquello que les llama la atención y les conviene, pasando por alto todas las reglas de la gramática y sentido común tan necesarias en el diario vivir. Hacen con la Biblia lo que jamás quisiera que hicieran con ellos. En otras palabras, muchos de ustedes ya hubieran perdido la paciencia si hicieran con ustedes lo que ustedes hacen con la Biblia. Esto no lo digo, por supuesto, para avergonzar a algunos sino para su instrucción.

La Biblia no es un conjunto de citas sabias puestas al azar. Hace mucho tiempo se imprimían unos libritos tamaño miniatura llamados “proverbios” que contenía muchos dichos sabios de gente por todo el mundo. Esa era  una colección de frases interesantes, inteligentes, ciertas. Pero así no es la Biblia. La Biblia tiene un tema principal o predominante, la Biblia goza de temas que desarrolla con cuidado y nosotros debemos advertir todos los elementos que conforman su mensaje, así como lo hacemos en nuestro diario vivir en las conversaciones o escritos. Déjeme instruirlo hoy en dos principios: Contexto e intención. Tal vez usted ni siquiera sea consciente de estos principios en su diario vivir, pero los usa y los entiende perfectamente en la mayoría de veces. ¡Cuánto más usted debe advertirlo en la Biblia!

Contexto

El contexto en la Biblia nos ubica en temas particulares, en un sentido particular, en instrucciones particulares. Usted debe advertir esto porque la mayoría de cristianos cuando lee algo en la Biblia antecedido de la palabra ‘vosotros’, piensa que les habla a ellos de forma individual y no se fijan que quizás, ese ‘vosotros’ haga referencia a ‘ustedes’, a la iglesia o a un conjunto especifico. Usted debe preguntarse, ¿Son indicaciones personales? ¿Son indicaciones eclesiales? ¿Les habla a algunos o a todos? Usted debe advertir el contexto, le ruego que se esfuerce y lo haga. Así sacará el verdadero provecho de la Biblia.

Intención.

¿Ha sido usted malinterpretado? Creo que por ello existe la palabra “malentendido” como una sola palabra, porque es común hacerse una idea equivocada partiendo de las palabras que otro dijo. El malentendido se encuentra en que usted no captó la intención de las palabras. La Biblia tiene una intención al hablar. Cada texto, cada párrafo tiene una intención de Dios y nosotros debemos esforzarnos por entenderlo. Si no vamos en el mismo sentido de la intención de la Biblia, podemos concluir cosas, aun contrarias a lo que originalmente se dijo.

¿Y nuestro tema?

Hemos perdido por años riqueza bíblica en nuestra vida espiritual gracias a no saber acercarnos a la Biblia. Hemos adquirido costumbres cristianas arraigadas donde el culto de oración se trata con liviandad, como un apéndice, como un asunto opcional de los hermanos que tienen tiempo para eso, solo por no advertir con cuidado que Dios nos grita en la Biblia: “Quiero que oren juntos” y “En la oración congregacional está gran parte de su ministerio y la eficacia es este”. Así como tu conocimiento y vigor espiritual están ligados a qué tipo de iglesia vas y a dónde escuchas el evangelio, tu obra en el Señor en santidad y piedad está ligada a la oración en la iglesia. Muchas iglesias suprimieron el culto de oración o lo confinaron a las ancianitas de la iglesia. Hay reuniones para todo y son nutridas, pero hay una pereza e indiferencia para las reuniones de oración espantosa.

Pues como lo dije en un comienzo, la mayoría de las exhortaciones a la oración en el Nuevo Testamento se hallan en el contexto de exhortaciones eclesiales y tiene la intención de señalarnos la gran necesidad, la urgencia, la obligación que la iglesia ore y que persevere en esto siempre como parte de su ministerio en esta tierra. Creemos que Dios nos ha llamado a evangelizar, creemos que Dios nos ordenó guardar la sana doctrina, debemos creer que Dios nos mandó a orar, hace parte de las sagradas comisiones de Dios a su iglesia mientras esté peregrinando….

Continuará…..

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28 agosto, 2012

OFRECER CULTO A DIOS, EL DISTINTIVO DE LA LIBERTAD (2)

La historia posterior

Si ud es mediano conocedor de la historia posterior de Israel, el relato de Moisés y Faraón se repite con otros protagonistas varias veces en la historia del pueblo. Mucho de ella nos narra que los periodos más oscuros de esa nación, se experimentaron cuando el pueblo no observaba la adoración que Dios prescribió (Recuerde el tiempo de los jueces). Largos periodos de oscuridad se vivieron cuando adorar en el tabernáculo cesó o cuando no se hacía conforme las prescripciones divinas. Pero ¿En qué otras ocasiones el pueblo no tenía la oportunidad de adorar? Cuando su libertad era amenazada por naciones vecinas que les cobraban tributos y desocupaban el lugar de reunión (1 Ry.14:26). Tal parece que el Enemigo de las almas, dirigía los primeros ataques al pueblo de Dios, desarticulando el lugar de reunión o cesando sus prácticas y luego proseguía con lo demás.

Sin embargo vemos que la providencia de Dios nos los dejaba así, sino que permitía que encontraran la ley, que se restaurara el templo, que se restablecieran sus servicios, etc. Creo que hombres como Ezequías (2 Cron.29), Josías (2 Cron.34 y 35), Nehemías (Neh.13) y más, nos recuerdan que el intento de Dios siempre fue revertir el gran mal que se presentaba en el pueblo a causa de haber cesado su adoración corporativa tal como Él la había prescrito. Es más, los periodos de oro de la historia del pueblo de Israel, se llevaron a cabo cuando el templo fue erguido y sus servicios restablecidos formalmente. ¿Nota? Esclavitud, sea de enemigos externos o del pecado, resultaba en el abandono del culto al Señor cómo Dios lo había mandado. Por lo contrario cuando Dios mostró su misericordia y el pueblo experimentó de más libertad sea de sus pecados o de enemigos externos, el culto al Señor se levantó como testimonio.

Creo que ud recuerda la máxima muestra de esclavitud de dicho pueblo: El exilio. Allí se selló su suerte cuando su lugar de reunión fue quemado y además ellos quedaron lejos y dispersos para que no pudieran como pueblo congregado servir al Señor. Aquí está el lamento de uno estando en el exilio al que sus captores lea animaban a adorar al Señor así fuera en una tierra extraña (Sal.136:1-4): ¿Cómo cantaremos cantico de Jehová en tierra de extraños? Como puede ver, esclavitud y falta de adoración corporativa van de la mano.

A la luz del Nuevo Testamento

Si bien nuestro Señor Jesucristo enseñó con toda claridad a la samaritana que la verdadera adoración no se llevaría a cabo en un lugar especifico (Jn.4:24), es decir, que ya la figura del templo propiamente no debería sugerir adoración adecuada, no por eso la realidad del verdadero Israel de Dios, la Iglesia, desecha la idea de un ‘lugar’ donde Dios desea ser adorado. Podemos decir que lo que para el A.T. era el templo, el lugar de la adoración formal y corporativa donde Dios deseaba ser adorado según sus ordenanzas, para el N.T. lo es la Iglesia, entendiéndose por ella no el edificio donde se reúnen, sino la reunión propiamente de los redimidos de Dios para ofrecer culto.

Así que es en la reunión de la iglesia donde Dios quiere ser adorado conforme Él lo ha prescrito. Es allí, en las reuniones de la Iglesia para la adoración, donde ha prometido su presencia especial y donde se halla toda plenitud de Dios (Mt.18:19-20; Ef.1:22-23). Deseo aclarar que – como dice nuestra confesión- ahora, bajo el evangelio, ni la oración ni ninguna otra parte de la adoración religiosa están limitadas a un lugar…Dios ha de ser adorado en todas partes…así como de una manera más solemne en las reuniones públicas… (C.B.F. 22:6).

Pero es aquí donde de una mejor manera se ve esa relación de Libertad y reunión pública. Se podría decir que es ya en el N.T. donde se devela con toda claridad la unión entre lo uno y lo otro. Adorar al Señor públicamente es señal de libertad espiritual plena. La libertad espiritual resulta en libertad para el culto al Señor, se evidencia en tener permiso para adorar cómo en más disposición, entrega, asiduidad. Si solo miráramos uno de los ejemplos más claros, cuando la Iglesia andaba a la luz de esa libertad de adorar al Señor según el Nuevo Pacto ¿Cuál era su costumbre? Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y también, perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. (Hch.2:42 y 46-47).

Podemos notar que a más bendición de Dios, a más libertad, la iglesia goza de sus reuniones públicas. En aquel tiempo no solo gozaban de libertad interna, espiritual, sino que Dios les daba libertad externa para que pudieran seguir adorándole corporativamente (Hch.9:31).

Recordemos ese maravilloso texto que con firmeza exhorta a todos los creyentes a no abandonar las reuniones públicas de adoración, se puede decir, que es el texto clásico para esta exhortación: no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca, (Hb.10:25). Si miramos de cerca el contexto de dicha exhortación, no es raro encontrar que hable precisamente ¡De libertad!

Miremos ese contexto del v.19 – 22: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Aquí se cae completamente la falacia que afirma que el congregarse con asiduidad, con más disposición y entrega, es señal de esclavitud legalista. Es mentira que los creyentes que no se congregan según lo estipulado por su iglesia local, son más libres que los demás o que están luchando por su libertad, la verdad es que son más esclavos ¡Y están luchando por volverse a esclavizar!, pues libertad y congregarse frecuentemente, van de la mano. No puede ser sinónimo de libertad, estar atrapado por pensamientos, filosofías, ocupaciones o indisposiciones que impiden la adoración a Dios.

Faraón de nuevo

Si bien aquel Faraón que no deseaba que el pueblo fuera libre y adorara al Señor en tiempos de Moisés, hace tiempo yace en su sarcófago, su filosofía no ha muerto, pues detrás de ella está el enemigo de la iglesia que tiene un aliado en nuestra carne al que le gusta esclavizarnos. El hábil tentador sugiere que congregarse al culto público es esclavitud, que nadie puede decirte más que tú mismo que es bueno para tu alma, que con un poco de adoración corporativa es más que suficiente. Y claro, con respecto a las reuniones del día del Señor, el silbido de la serpiente antigua los convence de verlas como algo legalistas, algo que produce verdadera confusión en hijos de Dios que se dejan convencer.

Pero hermanos, es totalmente todo lo contrario. La realidad es que cuando una persona experimenta esclavitud en algún sentido, es cuando no se puede congregar con diligencia, asiduidad, buena conciencia y libertad. Pensemos en cuál es la primera reacción cuando se pasa por épocas de frialdad o tibieza espiritual ¿No es dejar de congregarse? Cuando una persona consciente un pecado del que no desea salir ¿No rechaza el exponerse a las reuniones eclesiales? Cuando los intereses mundanos se dejan prosperar en la vida de un individuo, ¿No es coincidente que dichos intereses choquen con la adoración corporativa y no con sus propios intereses? Cuando Satanás intenta esclavizar a un hijo de Dios y el mundo manejado por el príncipe de este mundo amenaza con su esclavitud y la vida del individuo está bajo la tiranía de la carne en algún aspecto, congregarse se vuelve una carga legalista seguramente.

Sea la esclavitud de no haber pasado con libertad a través de la sangre del pacto, o la esclavitud de sus pecados remanentes o la lamentable esclavitud de ocupaciones mundanas, esta es la realidad: Esclavitud concluye en no servicio a Dios. Pero positivamente podríamos decir, ¿No es cuando nuestra vida goza de bienestar y salud espiritual cuando mas disposición tenemos para la adoración pública? Ya el salmista lo podía decir así: Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; y adoraré hacia tu santo templo (Sal.5:7). Si miramos, una misericordia abundante de parte de Dios hacia uno de sus hijos desemboca en adoración corporativa perseverante y de corazón.

Faraón no dejará sus pretensiones de hacer saber que estamos bajo su poder, lo que para un hijo de Dios es falso. El Rey nos llamó a la libertad de su Hijo, pero no una libertad que nos vuelve a dejar bajo el dominio del pecado, sino una libertad que nos arroja a una adoración continua a su Nombre. Esto es verdadera libertad, muestra que ya Satanás no nos rige, que podemos decirle No, al mundo, que podemos ver de frente nuestros pecados remanentes y decirles que ellos no saben que es lo mejor para nuestra alma pero que Dios sí.

Piensa hermano entre más libertad tienes más disposición y providencias tienes a tu favor para congregarte. Pero si por algún motivo tu corazón no lo ve así, debes buscar dentro de ti, alguna cadena que aun no te deja disfrutar de tu calidad de libertado. Claro,somos conscientes que muchos de nuestros hermanos sufren por una ocupación que les restringe grandemente el congregarse, pero su deseo es hacerlo – Dios lo sabe-. Ellos deben confiar en el Señor y pedir una ocupación donde puedan disfrutar de su libertad para la adoración. Aun así, ese sufrimiento es totalmente distinto del sufrimiento del individuo que por decisión propia se pone cadenas encima o del que solo por no luchar por su libertad, prefiere los grillos acerados.

Es mejor verlo así

Querido hermano, no mires el congregarte con asiduidad bajo el peso de una ley sino bajo el beneficio de un privilegio conseguido por la sangre de tu Señor. Él luchó a muerte para darnos libertad de adorarlo y luchó por la iglesia para que ella tenga la libertad de adorarlo. A la vez que como quienes comunicamos las inescrutables grandezas de Cristo, deberíamos hacer ver a este mundo que lo suyo no es libertad sino la más refinada esclavitud y que el privilegio es la libertad de adorar a Dios. Claro que no olvidamos que el congregarse es un mandato del Rey que nos liberó y si solo esa fuera la razón para congregarnos, deberíamos estar en disposición de hacerlo.

Aun así, cuando hablamos de libertad, que nadie piense que hablamos de una libertad para quedar atrapados en nosotros mismos y nuestros pensamientos. La libertad del mundo, la carne y el diablo, es una libertad que nos deja en servidumbre de Cristo. Pero dicha servidumbre al Señor es la verdadera libertad (Rom.6:17-22).

Pero Él también ha querido mostrarnos que es un privilegio que compró para nosotros. Él mismo nos sacó de la esclavitud, nos dio esperanza en Él y nos da un mismo sentir con sus hijos para que unánimes, a una voz, glorifiquemos al Señor (Rom.15:5-6).

Así que sean reuniones de oración, de estudio Bíblico, de adoración el día del Señor, hermano, míralo como el privilegio de ser hijos libres y no extranjeros esclavos. La próxima vez que tus pies se muevan a cualquier reunión como iglesia, disfruta de tu libertad, anda en medio de este mundo con el gozo que ya éste no tiene potestad sobre ti, y adora al Señor con los santos, adora al Señor con los tuyos y no dejes en Egipto nada que no ofrezcas a Dios.

–Jorge E. Castañeda D.