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24 agosto, 2016

LA ORACIÓN PÚBLICA (III)

Características De La Oración Pública

  1. Regular.

A través de sentencias directas de la Escritura como de implicaciones obvias, podemos concluir sin temor a equivocarnos que la iglesia debe reunirse regularmente para la oración. Así como vimos que hay un principio para la oración privada ‘cerrada la puerta’ y que esta debe ser continua, existe la realidad de las reuniones eclesiales y que estas también deben ser regulares.

La profecía de Is.56:7 afirmaba que la casa de Dios sería llamada casa de oración, es decir, se caracterizaría por ello, sería tan obvio que se le recordaría por esa actividad. En Zc.12:10 se nos habla de un espíritu de oración derramado sobre la iglesia. Si hablamos de un espíritu egoísta en nuestra sociedad ¿Qué estamos diciendo? Si hablamos de un espíritu de solidaridad en una tragedia ¿Qué estamos diciendo? Pues un ambiente especifico, una condición evidente. Cuando el Señor está en medio de un pueblo, el ambiente es uno de oración continua. Hch.1:14 nos dice que ellos‘perseveraban unánimes en oración y ruego’. Hch.2:42 se señala que ‘perseveran en […] las oraciones’. Hch.12:5 nos conforma que ‘la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él’.

Rom.12:12 es claro: ‘constantes en la oración’. Ef.6:18: ‘orando en todo tiempo […] con toda perseverancia’. En 1 Tim.2:1 nótese los plurales: ‘Exhorto ante todo a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por todos los hombres’. ¿Cómo hacer esto si oramos cada quince días como iglesia? 1 Tes.5:17 nos enseña a orar ‘sin cesar’. En 1 Pd.4:7 se nos llama a velar en oración comunitaria. Estas son suficientes pruebas para llegar a una conclusión ¿Cuál será? Que la iglesia debe orar continuamente. Si bien, la Escritura no nos dice cada cuanto debemos reunirnos para la oración eclesial, observamos el principio reuniéndonos regularmente no de vez en cuando.

Oración regular y en diferentes situaciones.

Hay lo que podríamos llamar situaciones ordinarias y situaciones especiales. Considerando que hay necesidades generales de la iglesia y viendo las prácticas de los apóstoles, nos parece prudente y hasta necesario que la iglesia se reúna y ore semanalmente. Pero viendo la evidencia de Hechos 4 y 12 (tiempos de persecución y gran peligro), también aprendemos que hay ciertas ocasiones de aflicción que mueven a la iglesia a situaciones especiales de oración. Además, viendo la evidencia de Hechos 13 y Hechos 14, aprendemos que hay asuntos en la vida de la iglesia cuándo esta se involucra en hacer cosas de suma importancia espiritual, como la señalización de nuevos líderes y la elección de hombres para el servicio misionero. La evidencia que tenemos en el Nuevo Testamento es que en esas situaciones la iglesia se entregó al ayuno y a la oración. Así que, hay situaciones ordinarias y situaciones extraordinarias y la iglesia debería ser sensible a esto.

  1. Con Propósitos.

La oración congregacional no tiene que adolecer de dirección. En muchas iglesias y esto lo decimos con respeto, se piensa que la oración congregacional tiene que ver con la reunión de gentes. Pero ellos se reúnen a arrodillarse cada uno y orar privadamente bajo un mismo techo. Otros oran en voz alta, pero cada uno está haciendo su propia oración en un mismo lugar. Esto no es oración pública, esto es oración individual en un mismo recinto. Si algo caracteriza la oración congregacional es que tiene propósitos definidos y propósitos conjuntos.

En Ez.37:37 Dios dice que permitirá que la casa de Israel se aúne en una petición particular. Mt.18:19 nos habla de un grupo de personas, no importa cuán básico sea, que se ponen ‘de acuerdo (sinfonía)’para un asunto. En Hch.1:14 se nos dice que los discípulos al perseverar en oración eran del mismo ánimo. Lo mismo ocurrió en Hch.4:24 cuando alzaron a una su voz por un asunto específico. En Hch.12:5 se dice que la iglesia ‘hacía sin cesar oración por él’. Allí hay propósito y unanimidad, en este caso por la persecución. En 2 Cor.9:14 se nos dice que los hermanos de Macedonia hacían oración por la vida espiritual de los de Corinto, una oración con propósito.

De Ef.6:18-19 aprendemos que debemos orar por todos los santos. En otras palabras, debe ser una oración comprensiva, que abarque todas las necesidades del pueblo de Dios, especialmente por el éxito del evangelio al ser predicado. Fil.1:19 aprendemos que debemos orar por todos aquellos que estén en situaciones aflictivas. 1 Tim.2:18 nos señala a orar por todos los hombres y en el v.8 aprendemos que debemos orar por aquellos que están en autoridad sobre nosotros, para que podamos vivir una vida quieta y reposada, con el propósito de que el evangelio se expanda. En St.5 nos muestra la oración por aquellos que están afligidos por situaciones adversas para ser sanados.

Aprendemos así que la oración pública debe tener propósitos y debemos cargarnos con los propósitos de la oración que se manifiestan en el culto. Hemos enseñado el contenido de las oraciones legítimas para que sepamos qué cosas son las que deben llevar la intención generalizada de la iglesia cuando se reúna para la oración. Aquí hay una diferencia entre la reunión de adoración el día del Señor y las reuniones de oración. La reunión de oración, no es en sí una oración de acciones de gracias. Por supuesto que siempre debe haber gratitud, exaltación, adoración, pero el énfasis en las reuniones de oración es pedir y por ellos los propósitos cuando nos reunimos. El culto dominical es en sí una reunión de adoración, aunque también haya peticiones, por ellos las ofrendas cuando adoramos.

  1. Más general y fieles al llamado de la Iglesia

Como habíamos advertido, si existe una diferencia entre la oración privada y pública es que las oraciones privadas pueden y deben ser muy particulares, pero las públicas más generales, las que nos competen a todos y las que van de acuerdo a lo que Cristo le encomendó a la iglesia. Déjeme explicárselo paso a paso.

Más general.

Hemos de evitar que estemos orando en la oración pública como si estuviéramos en nuestro devocional personal. No es que se nos prohíba, pero en el culto de oración se nos iría el tiempo si oramos por los miembros de las familias uno a uno. En lugar de lo cual podemos orar por las familias, por su santidad, por su buena conformación, etc. Podemos orar en casos particulares por supuesto, pero es mejor recordar las iglesias hermanas, sus ubicaciones, sus pastores, en lugar de orar por cada uno y cada miembro, se iría el tiempo. Por supuesto que habrá asuntos para ser específicos y debemos ser sensibles, pero vamos sobre los puntos más generales con sabiduría.

Además, recordemos el principio de la prudencia, no solo a la hora de orar por las personas lo que sería delicado si empezamos a ventilar en la oración cada una de las cosas que sabemos de ellos, sino que las reuniones regulares, deberían ser equilibradas para que los maduros aprovechen y los débiles no se fatiguen demasiado. Podemos ser sensibles a eso si tomamos las cosas de forma general.

Que nos competa a todos como hijos de Dios.

En la oración privada estamos delante de Dios como hijos de Dios, en nuestra relación Padre-hijo, expuestos ante Él con nuestros pecados particulares y nuestras cargas individuales. De eso se trata la oración privada. Allí podemos ser tan específicos como queramos y tan extensos como podamos.

En las reuniones regulares y públicas de oración, estamos reunidos más que como cristianos individuales delante de Dios, estamos reunidos como miembros del cuerpo de Cristo, como parte de una familia, de un cuerpo. Las palabras singulares son sustituidas por las plurales. El “yo” es reemplazado por el “nosotros”, el “mío” por el “nuestro”, etc. Los motivos individuales que solo nos pueden llegar a interesar a nosotros o nuestras familias son reemplazados por los intereses que nos identifican a todos como hijos de Dios y como iglesia. Aquí tenemos la responsabilidad de encarnar lo que se supone, todos tenemos en común como hijos de Dios y miembros de un grupo de creyentes. Hay cosas particulares, providencias personales que bien pueden ser traídas en oración privada, pero aquí nos une el llamado general.

Usted debe preguntarse si tal o cual petición se encuentra en el rango de los intereses personales o eclesiales. Eso es orar con sabiduría. No me malentienda, no es que sus cargas personales o individuales no nos interesen. No es que sus providencias familiares no puedan llegar a ser parte del culto de oración, pero lo que usted debería preguntarse es de qué manera mi providencia particular tiene que ver con los intereses de la iglesia, cómo estos llegan a afectar o pueden llegar a hacerlo. Le pongo un ejemplo. Usted puede pedir oración por el trabajo de un hermano. Está bien, pero ¿De qué manera evangélica eso nos compete a todos? Si usted pide oración por los niños desamparados debe preguntarse ¿De qué forma esa petición encarna lo que todos tenemos en común?

Un pastor escribió lo siguiente: “El escritor recuerda haberse reunido una vez en una iglesia para una temporada de oración, donde todo el tiempo se dedicaba a las preocupaciones domésticas de los miembros. Era evidente que Tommy se había caído cuando iba al colegio y se había lastimado la rodilla. Varios recordaron a Tommy en sus oraciones. Sin embargo, las almas profundamente heridas de los miles de niños del vecindario densamente poblado no atrajo ni una sola palabra de intercesión. Espero que este extremo sea raro, pero debemos tener cuidado de no degradar el propósito de las reuniones de oración […] algunas veces la misma reunión donde se ora por la rodilla de Tommy, también ruega elocuentemente para que la poderosa fuerza del Espíritu traiga un avivamiento en todo el país y se convierta” (Masters).

Entonces, ¿cuáles son aquellas cosas que nos competen a todos nosotros como iglesia? Nótese la pregunta, no que nos competan a todos nosotros como hombres o mujeres o ciudadanos o colombianos, sino lo que nos compete a todos nosotros como iglesia, como el cuerpo local de creyentes que formamos esta iglesia y como parte de la Iglesia universal. Esto me lleva al tercer punto:

Fieles al llamado de la iglesia

Algunos aquí son antiguos en la fe, otros nuevos, aquí hay personas casadas y otras solteras, todos tenemos una vocación particular, hay vendedores, en la rama de la salud, constructores, profesores, amas de casa, hay quienes tienen algunas posibilidades económicas y hay quienes las ven difíciles. Tenemos gente estudiada, los que están estudiando y los iletrados. Imagine cuán grande es el espectro de cosas que nuestras peticiones particulares pueden sumar dependiendo quien es usted con su conformación familiar, su vocación, sus providencias. Pero ¿Por qué estamos reunidos aquí? ¿No es por el Evangelio de Cristo?

Entonces permítame preguntar ¿Qué intereses tenemos en común nosotros? No hablamos de lo que Dios demandará de su mano de acuerdo a su llamado particular, sino como iglesia ¿Qué tenemos en común? ¿Qué nos encargó el Señor? ¿Para qué Dios tomó el trabajo de conformar una iglesia universal? ¿Por qué conformaría el Señor iglesias locales? Recordar el llamado de la iglesia nos ayudará a ser más sabios en las reuniones de oración y experimentaremos lo que es remar todos hacia un mismo lado, unánimes, de un mismo sentir.

Permítame resumirle de forma muy generalizada el llamado de la Iglesia en tres propósitos. Los estudiantes de Teología me ayudarán si algo se queda por fuera de estos tres propósitos: Adoración, Edificación de los creyentes, Proclamación de las Buenas Nuevas. La iglesia fue instituida para esto, las iglesias locales se instituyen para esto. Bajo estos tres encabezados podemos dejar caer todo en su lugar. Si no está contemplado bajo alguno de estos tres encabezados, probablemente el asunto sea personal o particular.

“Después de todo, Dios no solo trata con nosotros de forma individual. A Él le encanta moldear comunidades enteras […] Desea dar forma y embellecer al conjunto de todos los miembros y convertirlo en un cuerpo responsable y comprometido de personas. No hay nada comparable a la reunión de oración para promover esto y hacerlo progresar […] En el culto de oración […] nos hacemos responsables de la obra tanto localmente como en el extranjero […] se esfuma la preocupación por nosotros mismos como creyentes individuales y nos convertimos  en un grupo de personas que anhelan la bendición de los demás y la prosperidad de la causa (del Señor) […] En la reunión de oración somos perfeccionados y afilados como un cuerpo unido de personas”.

Las reuniones de oración, bien coordinadas y maduradas, como es el estándar al cual debemos desear llegar, tienen un bien equilibrio en estas tres columnas. Adoración o nuestro llamado vertical. Edificación o nuestro llamado de puertas a dentro y Proclamación que es nuestro llamado o vocación de muros para afuera.

  1. Sencilla pero Ordenada y Fervorosa.

Vamos a tomarnos de un par de ejemplos bíblicos en el libro de los Hechos que nos muestran estas características de la oración. Las estudiamos porque hacen parte de esas cosas que la Biblia dice que acompañan la oración pública de manera que no corresponden a asuntos de poca monta sino en donde vemos la voluntad revelada de Dios.

Si nos situamos en Hechos 4, vemos el ejemplo de una oración congregacional. Por supuesto que nos sirve, como lo dije, de ejemplo, de guía, a manera de modelo para aprender cómo se debería orar públicamente. Debemos advertir que esta oración la provocó un evento particular, sin embargo, nada resta de la importancia de su ejemplo.

Primero notemos su sencillez. No hay argumentos difíciles de entender, comentarios enigmáticos que el que los hubiese escuchado hubiese preguntado ¿Qué habrá querido decir? No fue una oración demasiado larga, difícil de seguir mentalmente, sino una concreta, directa. No fue una oración con rodeos, sino que fue a los diferentes puntos con sencillez, con concreción. Entiéndame la diferencia entre sencillez y simplicidad. Usted puede ser sencillo, concreto y profundo y eso está bien. Pero cuidémonos de orar livianamente.

Segundo, veamos su argumentación bíblica. La fórmula tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay’ (v.24), al menos se encuentra literalmente tres veces en el Antiguo Testamento, aunque su idea es completamente bíblica. Luego en los vv.25 y 26 se citó el Salmo 2 para seguir argumentado en la oración. Aunque no se cite ninguna parte literal de la Escritura, la oración sigue sujeta a la Biblia basada en la preordenación de Dios de todos los acontecimientos (v.28). Ellos hablan basados en la promesa que el Señor le dio a esa generación apostólica, a esa primera iglesia, que al predicar el evangelio, deberían ver la palabra de Dios ratificada por señales (Mr.16:15-17). ¿No hemos insistido que todas las oraciones deben ser conforme a la voluntad de Dios, es decir, conformes a Su Palabra?

Tercero notemos el orden que ella tiene. No es un orden mecánico, pero no hay repeticiones sin sentido o vanas como le llama la Escritura (Mt.6:7). La oración progresa, tiene un fin. Debemos cuidarnos de redundar innecesariamente o hacer de la oración una serie de argumentos que confundan. Mire que, aunque sea en breve, esta gente adoró en la misma oración, citó las Escrituras, pidió y esto en un buen orden. La idea es que el entendimiento de los hermanos, y el propio, por supuesto, sea edificado (1 Cor.14:15).

Cuarto, la oración no debe adolecer de fervor. Este principio está ejemplificado en el texto que estamos tomando como base, pero hay otro ejemplo en Hch.12:5 donde LBLA traduce: ‘oración ferviente’. Esta palabra habla de algo que se estira, que se extiende y puede traducirse sin cesar o intensamente o fervorosamente. Es una palabra distinta que también se tradujo en Rom.12:12 como‘constantes’. Ahora, ¿Qué queremos decir con esto? Que las oraciones no deben ser frías, apagadas. No quiere decir bullosas, desordenadas, gritadas. Pero sí quiere decir que el corazón debe hervir y debemos usar de mucha intensidad. Ojalá supiéramos en la práctica por qué se relaciona la oración con la agonía. ¿Entiende? No es una postura, unas palabras, es una actitud que desgarra el alma, una intensidad que no nos deja ser fríos en la oración.

  1. Terminada con ‘Amén’.

Miremos ocho textos que de varias direcciones nos ayudan a entender el uso del Amén, en la oración. Dt.27:15; 1 Cron.16:36; Neh.5:13 y 8:6; Sal.106:48; Jer.28:6; 1 Cor.14:16; Ap.19:4. Así, vemos que esta palabra se usa para hacer una afirmación de lo que se está diciendo. Vemos que es una palabra con la que el pueblo se involucra en la oración de alguien. Que se espera que el que escucha la oración, pueda entenderla para poder afirmar la oración con un amén. Esta palabra también es usada como una palabra de adoración como ‘Aleluya’.

No se nos dice que necesariamente debe usarse al final de toda una oración, puede ser que ella se use afirmando partes de la oración misma. Es lícito, y además que es muy bueno. Es una manera en que usted corrobora y se involucra en la oración congregacional así no esté dirigiendo. Usted no se “despega” de la oración, sino que está constantemente siguiéndola y afirmándola. Así mismo es una buena manera de comunicarle al que dirige que “estamos allí y estamos siguiendo su oración”.

Lo que debemos cuidar es no hacer de esta expresión algo religioso, rutinario, como es nuestra inclinación. A veces estamos idos de la oración, pero decimos ‘Amén’, cuando termina la oración. Eso es casi que una mentira ¿No cree? A veces la podemos decir de una manera formal pero no como una manera de identificarnos con lo que se está orando. Otras veces puede ser que se preste para el desorden. Todos estos cuidados son necesarios tenerlos, pero tener cuidado no significa no hacerlo.

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28 agosto, 2012

OFRECER CULTO A DIOS, EL DISTINTIVO DE LA LIBERTAD (2)

La historia posterior

Si ud es mediano conocedor de la historia posterior de Israel, el relato de Moisés y Faraón se repite con otros protagonistas varias veces en la historia del pueblo. Mucho de ella nos narra que los periodos más oscuros de esa nación, se experimentaron cuando el pueblo no observaba la adoración que Dios prescribió (Recuerde el tiempo de los jueces). Largos periodos de oscuridad se vivieron cuando adorar en el tabernáculo cesó o cuando no se hacía conforme las prescripciones divinas. Pero ¿En qué otras ocasiones el pueblo no tenía la oportunidad de adorar? Cuando su libertad era amenazada por naciones vecinas que les cobraban tributos y desocupaban el lugar de reunión (1 Ry.14:26). Tal parece que el Enemigo de las almas, dirigía los primeros ataques al pueblo de Dios, desarticulando el lugar de reunión o cesando sus prácticas y luego proseguía con lo demás.

Sin embargo vemos que la providencia de Dios nos los dejaba así, sino que permitía que encontraran la ley, que se restaurara el templo, que se restablecieran sus servicios, etc. Creo que hombres como Ezequías (2 Cron.29), Josías (2 Cron.34 y 35), Nehemías (Neh.13) y más, nos recuerdan que el intento de Dios siempre fue revertir el gran mal que se presentaba en el pueblo a causa de haber cesado su adoración corporativa tal como Él la había prescrito. Es más, los periodos de oro de la historia del pueblo de Israel, se llevaron a cabo cuando el templo fue erguido y sus servicios restablecidos formalmente. ¿Nota? Esclavitud, sea de enemigos externos o del pecado, resultaba en el abandono del culto al Señor cómo Dios lo había mandado. Por lo contrario cuando Dios mostró su misericordia y el pueblo experimentó de más libertad sea de sus pecados o de enemigos externos, el culto al Señor se levantó como testimonio.

Creo que ud recuerda la máxima muestra de esclavitud de dicho pueblo: El exilio. Allí se selló su suerte cuando su lugar de reunión fue quemado y además ellos quedaron lejos y dispersos para que no pudieran como pueblo congregado servir al Señor. Aquí está el lamento de uno estando en el exilio al que sus captores lea animaban a adorar al Señor así fuera en una tierra extraña (Sal.136:1-4): ¿Cómo cantaremos cantico de Jehová en tierra de extraños? Como puede ver, esclavitud y falta de adoración corporativa van de la mano.

A la luz del Nuevo Testamento

Si bien nuestro Señor Jesucristo enseñó con toda claridad a la samaritana que la verdadera adoración no se llevaría a cabo en un lugar especifico (Jn.4:24), es decir, que ya la figura del templo propiamente no debería sugerir adoración adecuada, no por eso la realidad del verdadero Israel de Dios, la Iglesia, desecha la idea de un ‘lugar’ donde Dios desea ser adorado. Podemos decir que lo que para el A.T. era el templo, el lugar de la adoración formal y corporativa donde Dios deseaba ser adorado según sus ordenanzas, para el N.T. lo es la Iglesia, entendiéndose por ella no el edificio donde se reúnen, sino la reunión propiamente de los redimidos de Dios para ofrecer culto.

Así que es en la reunión de la iglesia donde Dios quiere ser adorado conforme Él lo ha prescrito. Es allí, en las reuniones de la Iglesia para la adoración, donde ha prometido su presencia especial y donde se halla toda plenitud de Dios (Mt.18:19-20; Ef.1:22-23). Deseo aclarar que – como dice nuestra confesión- ahora, bajo el evangelio, ni la oración ni ninguna otra parte de la adoración religiosa están limitadas a un lugar…Dios ha de ser adorado en todas partes…así como de una manera más solemne en las reuniones públicas… (C.B.F. 22:6).

Pero es aquí donde de una mejor manera se ve esa relación de Libertad y reunión pública. Se podría decir que es ya en el N.T. donde se devela con toda claridad la unión entre lo uno y lo otro. Adorar al Señor públicamente es señal de libertad espiritual plena. La libertad espiritual resulta en libertad para el culto al Señor, se evidencia en tener permiso para adorar cómo en más disposición, entrega, asiduidad. Si solo miráramos uno de los ejemplos más claros, cuando la Iglesia andaba a la luz de esa libertad de adorar al Señor según el Nuevo Pacto ¿Cuál era su costumbre? Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y también, perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. (Hch.2:42 y 46-47).

Podemos notar que a más bendición de Dios, a más libertad, la iglesia goza de sus reuniones públicas. En aquel tiempo no solo gozaban de libertad interna, espiritual, sino que Dios les daba libertad externa para que pudieran seguir adorándole corporativamente (Hch.9:31).

Recordemos ese maravilloso texto que con firmeza exhorta a todos los creyentes a no abandonar las reuniones públicas de adoración, se puede decir, que es el texto clásico para esta exhortación: no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca, (Hb.10:25). Si miramos de cerca el contexto de dicha exhortación, no es raro encontrar que hable precisamente ¡De libertad!

Miremos ese contexto del v.19 – 22: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Aquí se cae completamente la falacia que afirma que el congregarse con asiduidad, con más disposición y entrega, es señal de esclavitud legalista. Es mentira que los creyentes que no se congregan según lo estipulado por su iglesia local, son más libres que los demás o que están luchando por su libertad, la verdad es que son más esclavos ¡Y están luchando por volverse a esclavizar!, pues libertad y congregarse frecuentemente, van de la mano. No puede ser sinónimo de libertad, estar atrapado por pensamientos, filosofías, ocupaciones o indisposiciones que impiden la adoración a Dios.

Faraón de nuevo

Si bien aquel Faraón que no deseaba que el pueblo fuera libre y adorara al Señor en tiempos de Moisés, hace tiempo yace en su sarcófago, su filosofía no ha muerto, pues detrás de ella está el enemigo de la iglesia que tiene un aliado en nuestra carne al que le gusta esclavizarnos. El hábil tentador sugiere que congregarse al culto público es esclavitud, que nadie puede decirte más que tú mismo que es bueno para tu alma, que con un poco de adoración corporativa es más que suficiente. Y claro, con respecto a las reuniones del día del Señor, el silbido de la serpiente antigua los convence de verlas como algo legalistas, algo que produce verdadera confusión en hijos de Dios que se dejan convencer.

Pero hermanos, es totalmente todo lo contrario. La realidad es que cuando una persona experimenta esclavitud en algún sentido, es cuando no se puede congregar con diligencia, asiduidad, buena conciencia y libertad. Pensemos en cuál es la primera reacción cuando se pasa por épocas de frialdad o tibieza espiritual ¿No es dejar de congregarse? Cuando una persona consciente un pecado del que no desea salir ¿No rechaza el exponerse a las reuniones eclesiales? Cuando los intereses mundanos se dejan prosperar en la vida de un individuo, ¿No es coincidente que dichos intereses choquen con la adoración corporativa y no con sus propios intereses? Cuando Satanás intenta esclavizar a un hijo de Dios y el mundo manejado por el príncipe de este mundo amenaza con su esclavitud y la vida del individuo está bajo la tiranía de la carne en algún aspecto, congregarse se vuelve una carga legalista seguramente.

Sea la esclavitud de no haber pasado con libertad a través de la sangre del pacto, o la esclavitud de sus pecados remanentes o la lamentable esclavitud de ocupaciones mundanas, esta es la realidad: Esclavitud concluye en no servicio a Dios. Pero positivamente podríamos decir, ¿No es cuando nuestra vida goza de bienestar y salud espiritual cuando mas disposición tenemos para la adoración pública? Ya el salmista lo podía decir así: Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; y adoraré hacia tu santo templo (Sal.5:7). Si miramos, una misericordia abundante de parte de Dios hacia uno de sus hijos desemboca en adoración corporativa perseverante y de corazón.

Faraón no dejará sus pretensiones de hacer saber que estamos bajo su poder, lo que para un hijo de Dios es falso. El Rey nos llamó a la libertad de su Hijo, pero no una libertad que nos vuelve a dejar bajo el dominio del pecado, sino una libertad que nos arroja a una adoración continua a su Nombre. Esto es verdadera libertad, muestra que ya Satanás no nos rige, que podemos decirle No, al mundo, que podemos ver de frente nuestros pecados remanentes y decirles que ellos no saben que es lo mejor para nuestra alma pero que Dios sí.

Piensa hermano entre más libertad tienes más disposición y providencias tienes a tu favor para congregarte. Pero si por algún motivo tu corazón no lo ve así, debes buscar dentro de ti, alguna cadena que aun no te deja disfrutar de tu calidad de libertado. Claro,somos conscientes que muchos de nuestros hermanos sufren por una ocupación que les restringe grandemente el congregarse, pero su deseo es hacerlo – Dios lo sabe-. Ellos deben confiar en el Señor y pedir una ocupación donde puedan disfrutar de su libertad para la adoración. Aun así, ese sufrimiento es totalmente distinto del sufrimiento del individuo que por decisión propia se pone cadenas encima o del que solo por no luchar por su libertad, prefiere los grillos acerados.

Es mejor verlo así

Querido hermano, no mires el congregarte con asiduidad bajo el peso de una ley sino bajo el beneficio de un privilegio conseguido por la sangre de tu Señor. Él luchó a muerte para darnos libertad de adorarlo y luchó por la iglesia para que ella tenga la libertad de adorarlo. A la vez que como quienes comunicamos las inescrutables grandezas de Cristo, deberíamos hacer ver a este mundo que lo suyo no es libertad sino la más refinada esclavitud y que el privilegio es la libertad de adorar a Dios. Claro que no olvidamos que el congregarse es un mandato del Rey que nos liberó y si solo esa fuera la razón para congregarnos, deberíamos estar en disposición de hacerlo.

Aun así, cuando hablamos de libertad, que nadie piense que hablamos de una libertad para quedar atrapados en nosotros mismos y nuestros pensamientos. La libertad del mundo, la carne y el diablo, es una libertad que nos deja en servidumbre de Cristo. Pero dicha servidumbre al Señor es la verdadera libertad (Rom.6:17-22).

Pero Él también ha querido mostrarnos que es un privilegio que compró para nosotros. Él mismo nos sacó de la esclavitud, nos dio esperanza en Él y nos da un mismo sentir con sus hijos para que unánimes, a una voz, glorifiquemos al Señor (Rom.15:5-6).

Así que sean reuniones de oración, de estudio Bíblico, de adoración el día del Señor, hermano, míralo como el privilegio de ser hijos libres y no extranjeros esclavos. La próxima vez que tus pies se muevan a cualquier reunión como iglesia, disfruta de tu libertad, anda en medio de este mundo con el gozo que ya éste no tiene potestad sobre ti, y adora al Señor con los santos, adora al Señor con los tuyos y no dejes en Egipto nada que no ofrezcas a Dios.

–Jorge E. Castañeda D.