Archive for ‘Jorge Castañeda’

17 enero, 2017

EL TRIPLE PROPÓSITO DE LA IGLESIA

¿Qué propósitos tiene la iglesia según los planes divinos? Planteada de otra manera, cuándo Dios alcanza por medio del Evangelio a los elegidos y los reúne como creyentes en asambleas formales especificas ¿Qué propósito tiene?  ¿Qué propósito tiene la iglesia, y por ende las iglesias locales, en el plan de Dios? Mira lo interesante. Si la iglesia es central, única e irremplazable en los propósitos de Dios, entonces el plan de Dios para la iglesia es central, único e irremplazable.

Permítame resumirle de forma muy generalizada el llamado de Dios para la Iglesia en tres propósitos. Los estudiantes de Teología me ayudarán si algo se queda por fuera de estos tres propósitos: Adoración, Edificación de los creyentes y Proclamación de las Buenas Nuevas. La iglesia fue instituida para esto, las iglesias locales se instituyen para esto. Bajo estos tres encabezados podemos dejar caer todo en su lugar. Por supuesto que estos asuntos no son estáticos sino dinámicos, hay interrelación entre ellos. Pero si algo en la iglesia no está contemplado bajo alguno de estos tres encabezados, probablemente el asunto es de visión personal o particular acerca de la iglesia, una agenda propia, pero no la visión que la Palabra de Dios nos muestra, tiene la iglesia. La Confesión Bautista de Londres, en su capítulo de la Iglesia afirma:

  1. En el ejercicio de este poder que le ha sido confiado, el Señor Jesús, a través del ministerio de su Palabra y por su Espíritu, llama a sí mismo del mundo a aquellos que le han sido dados por su Padre1 para que anden delante de él en todos los caminos de la obediencia que él les prescribe en su Palabra.2 A los así llamados, les ordena andar juntos en congregaciones concretas, o iglesias, para su edificación mutua y la debida observancia del culto público, que él requiere de ellos en el mundo.
  1. A cada una de estas iglesias así reunidas, el Señor, conforme a su voluntad declarada en su Palabra, ha dado todo el poder y autoridad en cualquier sentido necesario para realizar el orden en la adoración y en la disciplina que él ha instituido para que lo guarden; juntamente con mandatos y reglas para el ejercicio propio y correcto y la ejecución del mencionado poder.

Esto es importante por tres cosas. Primero, estos propósitos no solo definen las tareas de la iglesia, sino que definen lo que es ser iglesia. Hay asuntos que son, como dicen los científicos, elementos irreducibles, es decir, no le puedes quitar algo y quedar hablando de lo mismo. La iglesia tiene un diseño divino de tal manera que su estructura expresa precisamente la funcionalidad que tiene.

Segundo, reconocer los propósitos irreducibles de Dios para la iglesia, nos libra de enfatizar en las iglesias un asunto sobre otro. Existen cristianos que piensan que las iglesias son como un todo, unas son buenas en adoración, por lo que cojean en ser centros de edificación de creyentes y poco evangelísticos. Otras iglesias afirman ser buenas en los estudios bíblicos y la preparación de líderes, pero descuidados en la adoración corporativa y nada evangelística. Existen las iglesias de la gran comisión, descuidando las otras dos comisiones divinas para la iglesia, dadas por el mismo Señor con la misma fuerza de su señorío.

Tercero, la usurpación por otras organizaciones de lo que Dios le encomendó a la iglesia es tan pecaminoso como cuando la iglesia delega sus responsabilidades a otras entidades. Hay que ver con asombro, cómo la iglesia se ha vuelto tan pragmática en estos asuntos. Existen hoy grupos musicales, o ministerios para-eclesiales, enseñándole a la iglesia cómo adorar a Dios, es más, se anima a la iglesia a formar un grupo de adoradores dentro de la iglesia. Existen hoy organizaciones para-eclesiales, con sus juntas directivas llevando a cabo la gran comisión y enseñándole a la iglesia a llevar el evangelio. Existen muchos ministerios reformados para-eclesiales, coaliciones, giras, supliendo, ya sea por usurpación o por que la iglesia les ha cedido ese campo, la función de edificar a los creyentes.

  1. LA IGLESIA ES EL CENTRO DE ADORACIÓN DIVINA

Cuando Dios, en su soberanía y mediante el evangelio, reúne a sus elegidos para que conformen de manera oficial una iglesia local, ha querido formar un centro de adoración a su Nombre en ese sector. La adoración no es un medio para obtener un fin. La adoración a Dios por parte de la iglesia es un fin en sí mismo. Dios desea que sus hijos le adoren y en su gracia, fomenta la fundación de iglesias con ese fin. Alguno pensará ¿Dios mueve el conjunto de sus providencias, levanta liderazgo piadoso, congrega a sus redimidos, con el fin de tener un pueblo que el adoren? La respuesta es, exactamente.

Por lo que se señala que cada iglesia local tiene como función mantener la adoración a Dios de acuerdo a su Santa Palabra. Uno de los propósitos de Dios al establecer iglesias locales, es establecer centros de adoración verdadera a su Nombre. De manera que la iglesia tiene como uno de sus propósitos de existencia, adorar a Dios, pero debe hacerlo según lo ha prescrito Él mismo en su Palabra. La iglesia debe observar lo que se ha reconocido El Principio Regulador de la adoración, única garantía de estar ofreciendo a Dios una que Él aprueba, una que le glorifique. Lo demás, como dijeron los antiguos, es pura invención de los hombres.

La Iglesia, aun cuando deba resolver asuntos prácticos en este tema, jamás debe desprenderse arbitrariamente de la Palabra de Dios. “hay algunas circunstancias tocantes a la adoración de Dios y al gobierno de la Iglesia, comunes a las acciones y sociedades humanas, que han de determinarse conforme a la luz de la naturaleza y de la prudencia cristiana, según las normas generales de la Palabra, que han de guardarse siempre” (C.B.F.1689 Cap.1:6). Por supuesto que aquí se hablan de asuntos concernientes a la adoración a Dios, no a la adoración en sí o propiamente dicha. Pero lo que hay que resaltar es la autoridad de la iglesia en el establecimiento del orden bíblico de la adoración a Dios.

Rom.15:6: ‘para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo’, viene como la gran conclusión de asuntos prácticos en la vida de la iglesia. La sección más cercana la podemos rastrear desde el 14:1: ‘Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones’, donde se empiezan a dar regulaciones claras para no hacer tropezar al débil en la fe, pues la iglesia debe procurar la edificación mutua (v.19). El principio es que, en la iglesia, los creyentes maduros deben soportar la flaqueza de los creyentes infantiles (15:1), siguiendo el ejemplo del señor Jesucristo. Pablo apela a que debería haber un mismo sentir en la iglesia, lejos de los tropiezos. Y aquí, ¿Con qué fin todos estos cuidados de amor, prudencia, edificación mutua y esperanza en las Escrituras? La respuesta es que unánimes, adoremos a Dios. Todo esto para que nuestra adoración no sea estorbada, para que se lleve a cabo.

Hb.13:15, en un contexto netamente eclesial, no personal, no individual o particular, sino eclesial exhorta: ‘Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre’. Si lo nota, las consideraciones solemnes de Cristo y la exhortación a llevar el vituperio de Cristo tiene una consecuencia, nos lleva a una conclusión, que adoremos juntamente a Dios en todo tiempo.

1 Pd.2:4-5 afirma: ‘Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo’. La iglesia es llamada a acercarse más y más a Cristo, para ser edificados como casa espiritual, ese sacerdocio santo prefigurado en la antigüedad ¿Con que fin? Con el fin de sacrificar al Señor esos sacrificios espirituales. Las iglesias son conformadas con el propósito solemne de adorar a Dios. No es verdad que los asuntos de la adoración a Dios son asuntos de segundo nivel, asuntos no fundamentales, asuntos secundarios. Hablamos de uno de los solemnes propósitos de Dios al establecer iglesias locales, edificar centros de adoración a su Nombre.

  1. LA IGLESIA ES EL CENTRO DE EDIFICACIÓN DIVINA

Efesios 4:11-16: ‘Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor’.

Cuando Dios establece iglesias locales, funda con su poder, señorío y bajo el evangelio, centros de edificación de los creyentes. Es bajo la estructura de las iglesias locales donde, según Dios, se lleva a cabo la edificación, la construcción de la vida espiritual del creyente y todo lo que esto implica. 1 Pd.2:4-5 afirma: ‘Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo’. Es claro que el apóstol remarca que el creyente debe ser edificado en Cristo como casa espiritual, como Iglesia. Son los creyentes en forma individual que forman esta casa espiritual. Esta metáfora comunica la idea de una comunidad de creyentes, de piedras de una edificación, que están vivas. Ahora, no puede haber un creyente fuera de la edificación que se llama Iglesia y edificándose fuera de ella.

Según lo que lees en el Nuevo Testamento ¿Dónde los creyentes recibían la edificación de sus almas? ¿Quiénes preparaban el liderazgo de las iglesias? ¿Quiénes atendían los problemas que se presentaban en las congregaciones? La respuesta asombrosamente olvidada y obviada es: La Iglesia, las iglesias locales. Hemos perdido la noción de lo solemne que es la iglesia en los propósitos de Dios. El Templo o tabernáculo que en su lugar santísimo moraba la presencia de Dios, ahora ha sido reemplazado por la Iglesia donde mora el Espíritu de Dios (Cf.Ef.1.23; 2:20-22. El edificio ha sido reemplazado por los creyentes y en el conjunto de creyentes se haya la plenitud de Cristo. La Iglesia de Cristo es el nuevo Templo y como tal su adoración y ministerios son en un sentido profundo el servicio en el templo. El someterse a la membresía de la Iglesia, el responder a las demandas de la membresía en la Iglesia en sus reuniones, cultos, proyectos, objetivos, es de vital importancia para el creyente. Sus dones deben ser realizados en el contexto eclesial para que Dios sea glorificado. Aislarse de la comunión de la Iglesia voluntariamente o por dejarse cubrir por los afanes del mundo, resultará en no edificación para el creyente, un peligro verdadero para su vida y un despropósito.

Este sacerdocio es santo, es decir apartado para un propósito fundamental. Toda actividad de la iglesia debe justificarse en adoración, edificación y evangelismo, por lo que cualquier asunto de entretenimiento o fuera de estos propósitos, traiciona nuestro sacerdocio apartado. Nuestra función en la Iglesia no es adelantar actividades, iniciativas o programas diversos. Nuestra función es santa, apartada, sacada a un lado con un propósito fundamental que coopera con la edificación del cuerpo de Cristo y da gloria al Señor de la Iglesia. Su repercusión es a nivel espiritual. Somos sacerdotes de cosas santas.

  1. LA IGLESIA ES EL CENTRO DE PROCLAMACIÓN DIVINA

Cuando Dios establece por el evangelio, iglesias locales, desea que, en determinado sector soberanamente establecido, se le rinda adoración sostenida, se edifiquen sus hijos allí congregados, y también, desea fundar centros de proclamación del glorioso evangelio. A veces, en un afán misionero, obviamos, no un pequeño detalle a la hora de hacer evangelismo sino uno fundamental. Por supuesto que los creyentes a modo individual y particular deben anunciar el mensaje del evangelio a otros, pero lo que notamos en el Nuevo Testamento, es que dichos creyentes, pertenecían en sentido regular, a iglesias divinamente establecidas.

1 Pd.2:9-10 comienza con un ‘más vosotros’. La mayoría de cristianos asume que este ‘vosotros’, les está hablando a los creyentes de forma particular, pero el mismo contexto y las palabras usadas en el mismo texto, destruyen cualquier indicio de individualidad o particularidad. El mismo v.5 hace uso de una metáfora, casa espiritual, para señalarnos qué tiene en mente. ¿A dónde más hemos visto la figura de una casa espiritual donde se ofrecen sacrificios? Por supuesto que en el templo y el punto de Pedro es que su equivalente, como ya dijimos, es la iglesia. Ahora llegamos al v.9 y dice ‘más vosotros’. ¿Vosotros quiénes? ¿Vosotros individualmente? O ¿Vosotros casa espiritual? Además, mire el mismo pasaje y dígame, ¿A quién o quiénes se les atribuyeron estos títulos?: ‘Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios’. Meditemos, ¿Estas palabras fueron dichas a un individuo o a un pueblo? Es sumamente obvio, al pueblo que en el Nuevo Testamento no es más que la iglesia.

Entonces, recogiendo estos datos, nos dice que la iglesia, como pueblo, como grupo de sacerdotes, como pueblo comprado por la sangre de Cristo, hemos sido hechos todas estas cosas con un propósito: ‘para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable’. ¿Nota a quién Dios da forma, moldea, construye? A la iglesia. Y luego ¿Nota a quién le encomendó la tarea de anunciar el evangelio? A ella misma. No hay un grupo dentro de la iglesia, que sea de evangelismo, ¡La iglesia es el grupo de evangelismo! Mucho menos debería existir fuera de la iglesia o aparte de la iglesia, organizaciones misioneras porque ¡La iglesia es la única agencia misionera bíblicamente autorizada para esa labor! Visto desde la Palabra de Dios, qué mal se ven ciertas organizaciones.

Ya vimos Ef.3:10-11, pero vale la pena recordarlo ahora: ‘para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor’. Mire la afirmación de 1 Tes.1:4-8 para mirar la estrategia divina del evangelismo: ‘Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros. Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído. Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada’. ¿Acaso se habla a personas particulares, a individuos aislados sin ninguna iglesia particular o quizás a una organización fuera o ayudante de la iglesia? No. Aquí se habla de una iglesia que recibió el evangelio y de ella misma, como iglesia, salió también.
Para finalizar permítame decir que Dios, conforme a su propósito eterno, señaló los propósitos de la iglesia y por supuesto de sus iglesias locales. La iglesia no es lo que nosotros queremos que sea, la iglesia es lo que Dios dijo que es. La iglesia no hace lo que los miembros quisieran que ella hiciera, la iglesia hace lo que Dios dijo que ella debería hacer. La iglesia no gasta sus recursos humanos y materiales y los dirige en la dirección que ella quiere, sino que la iglesia usa sus recursos direccionándolos en los propósitos que Dios señaló. Puede haber muchas preguntas, puede que nos parezca una reducción dramática del lugar central, único e irremplazable que tiene la iglesia según la Palabra de Dios, pero aquí está la gloria de la iglesia, fue llamada a ser lo que nadie jamás puede llegar a ser y fue llamada a hacer lo que ninguna otra entidad podrá hacer bajo la bendición complaciente de Dios. Toda actividad de la iglesia debe justificarse bajo: Adoración a Dios, Edificación de los creyentes y proclamación del evangelio.

25 octubre, 2016

LECCIONES DE LA VIDA DE MARTÍN LUTERO

Por dos eventos en la vida de Lutero, le hemos recordado en un lapso de diez cortos días. El primero de ellos, cuando clavó las 95 tesis en las puertas de la Iglesia de Wittenberg el 31 de Octubre de 1517, lo que de alguna manera marca el inicio de la Reforma Protestante. El segundo evento es su nacimiento el 10 de Noviembre en Eisleben, en 1483. Humanamente hablando, nadie puedo haber predicho que un hijo de campesinos alemanes, un día iba a ser un instrumento en manos del Dios como lo fue Martín Lutero.

Si bien, la teología reformada tiene que ver, humanamente hablando, más con Calvino que con Lutero, este paladín del ejército de Dios, es ejemplar en muchos sentidos. Siendo que la historia es la historia de Dios, no podemos dejar de aprender las lecciones que Dios nos dio a través de este hombre. Seguramente que hay muchas más lecciones, pero bástenos reflexionar hoy en estas, como una manera de honrar la obra de Dios dándonos ese don hace 532 años.

10 cosas que aprendemos del Reformador:

  1. La Biblia es suficiente para pararse en contra del mundo pecador.

En días cuando el emperador y el papa romano tenían todo poder económico, político y religioso, Martin Lutero se situó frente a todo un imperio basado solo en las Escrituras. Su cosmovisión había empezado a cambiar solo basado en la Biblia y su inconformidad contra la iglesia no fue por gustos o formas, fue por una comprensión bíblica de la salvación, la fe y la iglesia, entre otras cosas.

Los cristianos bíblicos jamás deberíamos siquiera pensar, que además de las Escrituras, debamos acudir a herramientas humanas para la promoción de la gloria de Dios y el verdadero evangelio en este mundo. En días en que la psicología, las técnicas empresariales, las ayudas lúdicas, son usadas por muchos para “ayudar la simpleza” de la Biblia y así impactar el mundo, debemos recordar que la reforma no se apoyó en la inteligencia de los hombres ni sus métodos, sino en la infalible Palabra de Dios.

  1. No es bueno ni seguro ir en contra de una conciencia iluminada por la Palabra de Dios.

Hay una gran diferencia entre vivir de acuerdo a la conciencia, y vivir de acuerdo a la conciencia iluminada por la Palabra de Dios. Lutero no nos enseña simplemente, a jamás ir en contra de la conciencia, ya que ella también ha sido afectada por el pecado, sino jamás ir en contra de una conciencia que esté esclava o cauterizada por la Palabra de Dios. Lutero nos enseñó que solo Dios es Señor de la conciencia, que solo la Biblia es quien debe constreñirla, de manera que jamás deberíamos doblarnos ante las opiniones o dogmas de un hombre sino solo ante la Palabra de Dios.

Vivimos en días cuando la mayor parte de la iglesia está siguiendo, llanamente hablando, las palabras de los hombres, de sus líderes. Ellos son capaces de manipular sus vidas a su antojo y mueven sus conciencias al vaivén de sus opiniones. Lutero en la dieta de Worms, nos señaló el camino más bueno y seguro, jamás ir en contra de una conciencia que ha sido esclavizada por la Palabra de Dios y que a menos que se ella fuera persuadida por las Escrituras, ni hombres ni concilios, ni el peligro ni la muerte, deben hacer que ella se traicione.

  1. Cuando la gloria de Dios y la pureza del evangelio están en juego, nuestra comodidad y tranquilidad pasan a un segundo plano, si es que es considerada.

Lutero bien pudo haber pasado a la historia como un monje ejemplar e inteligente, en el monasterio agustino de Erfurt, viviendo una piedad para sí mismo. Sin embargo, luego de su vista a Roma y su comprensión creciente de las Escrituras, se dio cuenta que la gloria de Dios y la pureza del evangelio estaban siendo masivamente amancilladas por una iglesia opulenta, estratégica, humanista y equivocada. Era la gloria de la iglesia la que se perseguía y la comodidad de su jerarquía se buscaba a costa del empobrecimiento de casi todo un continente.

Lutero nos enseñó a ponernos en aprietos y exponernos aún a la muerte, con el fin de ver el puro evangelio ser vivido y la gloria de Dios exaltada. Tuvo que pasar un tiempo escondido bajo peligro de muerte, vivió para ser calumniado y ofendido por muchos. Pero el fin lo vale, ver el evangelio en su pureza y la gloria de Dios resplandecer. No podemos huir de estos dos loables propósitos hoy. Gran parte de la iglesia ha optado hoy por la comodidad, por ser amiga del mundo, de la prosperidad material, por la supresión de todo mal temporal, en detrimento del puro evangelio. No es la gloria de Dios lo que hoy se persigue sino los mega templos, las personalidades, la influencia y la fama. El reformador alemán nos enseña que la vida del cristiano debe ser la de un ponerse en estrecho cada vez que se deba para hacer avanzar los propósitos de Dios, que la comodidad conseguida a costa del descuido de nuestro llamado como iglesia, es una comodidad detestable.

  1. La autoridad se vuelve ilegitima cuando se ejerce fuera de la Palabra de Dios.

En sus 95 tesis Lutero cuestionó la autoridad del papa para hacer lo que estaba haciendo y exigir lo que exigía. Lutero llegó al punto esencial de todo: ¿Cuál es mi máxima autoridad?

¿Sobre cuál autoridad me levantaré y bajo cuál autoridad me regiré? ¿Los hombres? ¿Dios? Así, Lutero entendió que si una autoridad rige en contra de la Palabra de Dios, se vuelve ilegitima y puede haber desacato a ella. Lutero puede ser recordado como “el monje rebelde”, siendo esta frase una manera muy simplista de resumir su vida. Él no fue rebelde por serlo, su rebelión contra la iglesia fue por verlos esclavizar todo un imperio ilegítimamente.

¿Qué hacer en tiempos como hoy, que los gobiernos y muchos líderes religiosos desean ejercer dominio no bíblico sobre las gentes? ¿Qué, cuando los gobiernos pidan que aceptemos y honoremos las uniones del mismo sexo? ¿Qué, cuando algunos pastores exijan pactos y promesas que la Biblia no enseña? El reformador nos enseñó que una autoridad ilegítima sí puede ser cuestionada y no acatada. No tiene que ver con la persona, tiene que ver con la honra a la autoridad de Dios en su Palabra donde las palabras apostólicas retumban: ‘juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios’.

  1. Que la salvación en Cristo es un don de inestimable valor, el cuál jamás se puede comprar o adquirir por medios humanos.

Fue el papa León X quien autorizó la venta de indulgencias o certificados de la salvación a cambio de dinero. Mucho de la teología del momento se había contaminado tanto que el mundo estaba preparado para escuchar frases, como las que salieron de la boca de Tetzel promocionado la venta de ellas, que si se compraban el pecador “sería más limpio que Adán antes de pecar”, que “la cruz del vendedor de indulgencias tiene tanto poder como la cruz de Cristo”. Lutero entendió por la Biblia que el hombre es justificado solo por la fe en Jesucristo. Que el don de la salvación está por fuera del alcance del hombre pecador por lo que nada que haga la pondrá a su disposición, siendo la atribución por gracia de la justicia divina, por el sacrificio de Cristo, lo que salva a un pecador. Eso significó que los individuos debían acudir a Cristo en arrepentimiento y fe para su salvación y no a la iglesia, sus ritos o indulgencias.

Puede que la cara de los vendedores de la salvación o el favor divino haya mudado, pero hoy la oferta es la misma, cambiar dinero por aceptación divina, el cambio burdo de las obras para alcanzar salvación, sigue retumbando en todas las religiones. El verdadero cristiano debe ser el proclamador del verdadero evangelio de Cristo. En épocas cuando la iglesia se promociona a sí misma o cuando promociona una buena moralidad, un impacto social y más, no debemos olvidar que el centro de la Biblia es el evangelio y el centro del evangelio es la cruz de Cristo sin el cual, nadie será salvo. Se trata de Cristo y este crucificado, en su obediencia activa y pasiva para que su justicia fuera atribuida al que por la fe se acerca rendido al Salvador. El día que la iglesia olvido ese mensaje, los cielos se llenaron de nubes negras.

  1. Que interpretar correctamente la Biblia, hace una enorme diferencia en la iglesia y hasta es capaz de crear un cisma.

Eso fue verdad ayer y será verdad siempre. La historia de la iglesia muchas veces fue convulsionada por la interpretación bíblica. Esto hizo quebrar la hegemonía romana en Europa y por ende del mundo a partir de ese momento. Que Dios salva por su sola gracia a través de la sola fe en Cristo, es el punto irreconciliable con Roma. La distancia entre una salvación por gracia a través de la fe y una salvación solo por gracia y solo por la fe en solo Cristo, no solo ha hecho un cisma entre el católico romano sino entre los mismos cristianos que insisten en una participación de su libre albedrío como causa de su salvación. Hablamos del cisma entre el monergismo y el sinergismo, tan irreconciliable antes como hoy.

Usted debe advertir que en estos días, teólogos protestantes están dando pasos agigantados hacia roma, afirmando que las diferencias entre la reforma y roma son meramente de formas. Esto no solo es demasiado peligroso y contrario a nuestra fe, sino que jamás habrá reconciliación en estos puntos. No todos los cismas son legítimos, pero aquí no encontramos ante uno que sí lo es. La interpretación correcta de la Biblia, siempre va a poner a la iglesia en contra de otros y debe ser así, porque si el mundo ve coherente y aceptable el evangelio que fue descrito como locura, entonces debemos entender que algo anda muy mal en nuestras filas.

  1. Se debe temer hacer una división o un cisma innecesariamente.

Por otro lado Lutero nos enseñó a jampas procurar una división arbitraria de la iglesia o basada en personalidades o asuntos personales. Cuando Lutero fue presionado a retractarse en Worms, pidió 24 horas para meditar su respuesta. En esto vemos que Lutero no estaba apasionado por crear una división. De manera que oró, meditó, antes de pretender una división. En esto Lutero es ejemplar a la hora de estimar la obra de Dios en el mundo donde hubiese estado dispuesto a retractarse de haber sido persuadido bíblicamente.

La velocidad con que las congregaciones hoy se dividen, por gustos, por personalidades, por opiniones, no honra el espíritu reformador. Un individuo debería temer dividir una iglesia solo por su opinión o intereses personales, por falta de paciencia o por un celo mal dirigido. Mucho más cuando su motivo no es ni siquiera bíblicamente sostenible. Aunque Dios ha usado la fragmentación de su cuerpo para llevar a cabo sus propósitos, Su voluntad revelada es que nos conocerán como sus discípulos el amor y en la unidad bíblica, esa amor producto de unirnos en la verdad de la Palabra de Dios.

  1. Que la fe y la oración, son los recursos más valiosos y cercanos en momentos de angustia.

Si algo caracterizó la vida de Martin Lutero, fue ese espíritu sensible y temeroso con que convivió. Usted se asombrará que Dios haya usado para una tarea titánica un hombre tan tembloroso como él. Pero vemos a Lutero, y a veces dramáticamente, luchando en oración, aferrándose por la fe a las promesas evangélicas. Una y otra vez procurando traer la Palabra de Dios a su mente e intercediendo. De él recibimos la famosa frase que uno debería orar siempre, salvo cuando está ocupado, porque entonces, uno debe orar más. Dios le enseñó a depender de Él y este hombre fortaleció sus flaquezas por la fe en el Señor y en oración permanente.

Usted y yo debemos lamentar que hoy, tenemos una paleta más amplia de posibilidades para obrar en momentos de angustia. Lo que hasta hace poco tiempo nos debió haber llevado a las rodillas en fe real a Dios, hoy nos lleva a la psicología, los métodos de sanidad interior, terapias grupales, frases estandarizadas, métodos y todo un sistema complejo de pre encuentros, encuentros, pos encuentros, consejerías y liberaciones, etc. Por supuesto no tenemos nada en contra de una consejería bíblica, pero hablamos de esa trama engorrosa de métodos y estamentos que el creyente tiene hoy para lidiar con sus angustias. Lo que sostuvo firme a un hombre en contra de imperios poderosísimos, entonces debe ser de la mayor eficacia: La oración y la fe en el Señor.

  1. Que Dios hace mucho con poco.

La Palabra de Dios está llena de casos así. Dios gana las más grandes batallas con muy poco porque la victoria es del Señor. Una piedra de río, una quijada de burro, nos recuerdan lo que un Dios todopoderoso puede hacer en nuestra historia. En Octubre de 1571, no hablamos de un grupo, de una conspiración planeada, de una guerrilla organizada, hablamos de un hombre y su biblia. Hoy día el impacto de esa obra aún se ve y se celebra. El mundo completo con su poder jamás es más que un solo hombre ¡Con Dios!

La iglesia no debe afanarse por ser tan poca y sin tanta influencia. Esto ha llevado al afán a los mejores hombres que han construido sus propias plataformas para ser vistos. La iglesia debe preocuparse por ser fiel, por estar con Dios y el mundo de hoy todavía no ha visto lo que Dios puede hacer con pocos. Es la iglesia, el remanente fiel, el instrumento divino para llevar a cabo la tarea de la proclamación mundial del evangelio. La iglesia no puede ser un monumento a  todo lo que el hombre puede hacer sin Dios, sino una exhibición de todo lo que Dios puede hacer con poco. Fidelidad y no números, es lo que debemos perseguir. Integridad más que influencia y Dios se encargará de hacer el resto.

  1. Que la mayoría, sí puede estar equivocada.

Muchas personas andan con la “teología de la multitud”, es decir, viven su vida creyendo lo que la mayor parte de la gente cree. Así, los evangélicos no deben tener la razón porque en la iglesia de Roma son muchos más y -No me diga que tantos pueden estar equivocados-. Muchos cristianos no pueden creer que la reforma esté en lo cierto porque “mire esas grandes iglesias – no me diga que todas ellos pueden estar equivocados”- . Lutero se paró frente a un imperio, emperadores, papas, obispos, teólogos, una tradición de siglos, todo un pueblo, y ¡Él tenía la razón! De manera que sí, la mayoría sí se puede equivocar. Por supuesto que Lutero no estaba solo en esto, tenía la Palabra de Dios, la riqueza de hombres en el pasado que siguieron fieles a la Palabra de Dios. Pero en otro sentido, efectivamente el mundo se puede equivocar.

Seguramente da más seguridad estar donde mucha gente está. Pero usted jamás puede medir la fidelidad de una iglesia por su número sino por su fidelidad y apego a la Palabra de Dios. Sea que lo haya dicho o no Lutero, la frase es verdad, la anciana más ignorante con una biblia, es mayor que todos los obispos sin ella. Una iglesia basada en la Biblia es más que todo el mundo sin ella. Estas son realidades verificables por la historia y gracias a Dios en Lutero las vimos palpables. ¡Que Dios nos de ese espíritu reformador siempre!

8 octubre, 2016

UNA CONFESIÓN DE FE

No es muy común hablar hoy en la iglesia evangélica de Credos, Símbolos o Confesiones de fe. Estas palabras más bien parecen sacadas de los anaqueles del catolicismo romano y son asociadas extrañamente con dogmatismo ciego más que con luz doctrinal. Somos parte de una generación, hija de nuestro tiempo, que ha sabido vivir su cristianismo desligada de sus propias raíces, más bien combatiéndolas. Así, el estudio de los Credos ha venido a ser para muchos, casi un lujo académico de los amantes de antigüedades, pero sin ningún fruto provechoso ni práctico para la iglesia de hoy. Muchos cristianos ignoran las controversias doctrinales de la antigüedad y aunque hoy están de pie sobre la base de formulaciones ortodoxas correctas que resultaron en Credos, parece que consideran el estudio de las Confesiones de fe, una pérdida de tiempo, cuando no un motivo de contiendas innecesarias en la iglesia. 

Quizás la iglesia de hoy ha menospreciado su encargo histórico. Conocemos por 2 Timoteo 1:13-14:‘Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros’, que la iglesia ha recibido un depósito doctrinal y la forma o norma de las sanas palabras, que la iglesia es esa estructura espiritual debe retener la verdad en sus contenidos y formas correctas o lineamientos adecuados o estructura correcta. No se encargó a la iglesia guardar ciertas verdades o ciertas prácticas, sino las verdades y prácticas que definen lo que es el evangelio, se le encomendó diferenciar lo que es la sana doctrina de lo que no lo es, de lo que no se puede llamar sana doctrina o verdad y preservarla. El encargo no se trata de generar verdades cada momento, se trata de la pedagogía de recibir un legado que debe ser guardado, retenido por el Espíritu Santo y comunicado a otros con suprema fidelidad (2 Tim.2:2). 

Quizás también la iglesia de hoy no ha implicado correctamente lo que es ser ‘columna y baluarte de la verdad’ (Cf.1 Tim.3:15). No solo es relevante la exhortación a ser el soporte de la verdad, a saber, esa estructura espiritual que sostiene, aguanta y lleva en sí la verdad del evangelio, sino que es muy importante observar que se reconoce la existencia de un cuerpo de doctrinas llamada ‘verdad’, algo particular, concreto, que podía diferenciarse de lo que no lo era y que debía ser soportado y vigilado. En orden eso significa que la iglesia ha recibido un tesoro concreto y distinguible llamado verdad, que la misma iglesia debe, por el poder del Espíritu Santo, soportar, sostener y pasar con fidelidad a otros. 

Pero hemos de aceptar que ya para el año 50 d.C., (Mucho tiempo antes de las epístolas pastorales escritas aprox.63-67 d.C. y citadas primero), cuando el apóstol dirige la solemne advertencia a los Gálatas: ‘Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema’ (Gal.1:6-9), se concluye que la iglesia era consciente que ya poseía un conjunto doctrinal llamado: evangelio. Un cuerpo de doctrina fijo, particular, distinguible de aquello que no correspondía o que podía ser diferenciado. Algo que era inmodificable aun por los propios apóstoles. Este conjunto de cortinas recibidas, que debían ser preservadas, no son asuntos periféricos del cristianismo, sino doctrinas que definen qué es el cristianismo, qué es la sana doctrina, qué es estar en la verdad. 

Ahora preguntémonos, ¿Estos solemnes encargos leídos anteriormente, correspondían solo a la iglesia del primer siglo? Si así hubiera sido, no tendríamos certeza que hemos recibido la fe verdadera, porque si la segunda generación de cristianos omitió esta labor o no la relacionó con sus responsabilidades, si perdió el deposito, la norma de las sanas palabras, si no fue el soporte de la verdad y ya no la tiene en su seno, ¿Cómo saber si tenemos o no un evangelio distinto? Pero ¿Crees que el Espíritu Santo ha venido trabajando en su iglesia desde pentecostés? ¿Crees que cada generación ha entregado a hombres fieles el depósito? ¿Crees en la existencia actual de un organismo llamado iglesia que soporta la verdad dentro de sí? 

La iglesia ha asumido que estas exhortaciones corresponden a sus responsabilidades y desde el primer siglo ha tomado, a veces con más fuerza que otras, la tarea de retener la fe, de guardarla con celo y de traspasarla a la próxima generación de creyentes. Puedes mirar el ánimo de vindicar la fe del conocido Credo apostólico, llamado así por la síntesis más básica y trinitaria del cristianismo apostólico, no porque los apóstoles la hayan redactado. Puedes corroborar la manera en que la iglesia entendió su papel yendo por los Credos llamados ecuménicos. Ecuménicos, no en el sentido moderno de la palabra sino en el sentido de universales, porque representaron en general el “universo” evangélico del momento (Niceno-Constantinopolitano [Nicea 325 y puntualización en Constantinopla 381], Atanasiano y el de Calcedonia 451). Mira las confesiones de fe en la Reforma y posterior a ella. La iglesia es una iglesia confesante, que se goza en la claridad de la verdad, en guardar y promulgar la verdad. 

a. Aspectos introductorios

– ¿Qué es una Confesión de Fe?

Podemos afirmar que un credo, confesión de fe o símbolo, es una declaración doctrinal a manera de resumen o síntesis lo más sistemática, precisa y concreta posible. La distinción más noble de una confesión de fe es pues la procura de ser tan fiel a la Palabra de Dios como sea posible y en armonizar las doctrinas bíblicas de manera que todo el Consejo de Dios sea honrado. Por ello cada frase en las Confesiones históricas tiene un soporte bíblico que procura demostrar que dichas declaraciones, corresponden a lo que la Palabra de Dios enseña. En esto quiero enfatizar, pues la legitimidad de una Confesión de fe se encuentra en extraer las doctrinas bíblicas, ordenarlas y armonizarlas, jamás en someter a la Biblia a presupuestos denominacionales. 

Si bien hay declaraciones doctrinales muy generales, organizadas según el propósito, sean verticales, para enseñarnos el sistema de doctrina desde Dios, el hombre, Cristo, la salvación,  etc., u horizontales, empezando por lo que somos y tenemos en Cristo hacia lo demás, o quizás organizadas de manera que solo enfaticen un tema particular en doctrina o la procura de representar las doctrinas que definen la sana doctrina, toda confesión doctrinal tiene como objetivos la precisión doctrinal en contra de la ambigüedad, la armonía doctrinal en contra de la confusión, la defensa de la verdad en contra del error. Aquí cito a un autor: “algunas confesiones de fe actuales procuran minimizar las diferencias que existen entre los credos y buscan puntos de acuerdo sin dirigirse directamente a los desacuerdos. Este no fue el caso para las confesiones del pasado, especialmente las de la época de la Reforma. Los reformadores luteranos, calvinistas y aun católicos hablaron claramente.  De ninguna manera consideraron que ignorar los asuntos serios que dividían sus iglesias fuera algo positivo.  Todos sentían una fidelidad genuina a sus posiciones y no temían explicarlas y defenderlas y fruto de ello su esfuerzo de años por escribir credos y confesiones”. 

– ¿Qué es entonces ser confesional? 

El sentido más amplio de ser confesional

Déjame plantear un asunto importante aquí. Muchos cristianos quieren huir despavoridos de ser relacionados con ser confesionales. Por muchos motivos que quizás veremos en brevedad más adelante, no desean ni siquiera estar al lado de quienes afirman un credo ni de quienes hablan de su necesidad. Ellos afirman que su credo es la Biblia y punto. Esta falsa dicotomía, credo o la Biblia, hace parecer que los cristianos que adoptan una confesión de fe, no son bíblicos y los que no adoptan un credo, sí que lo son. Sin embargo, el problema no desaparece, porque en un sentido amplio y muy genérico, todo cristiano es confesional. 

Si le preguntáramos a un evangélico ¿Crees en la Biblia? ¿Crees en el Señor Jesucristo? ¿Crees en la divinidad de María? Aquí él nos delimitaría el contenido de su fe en parámetros generales distinguibles al contestarnos sí o no. Hay cosas que no cree, hay cosas que sí. ¿No es eso una definición doctrinal? Ahora, vamos adelante en las preguntas, pero esta vez aún más particulares: ¿Qué crees de la Biblia? ¿Crees en la inspiración y su inerrancia? ¿Qué crees de Cristo? ¿Crees en su deidad y sus oficios? Etc. Así que aquí hay una definición más puntual y especifica del contenido de la fe. ¿Por qué sacarían de la comunión de una iglesia a un individuo que afirma creer en la predestinación como les ha pasado a muchos de ustedes? Porque esa iglesia, así no lo acepte, tiene una confesión de fe. 

El problema aquí es que esa confesión de fe es algo privada, subjetiva, quizás reposa en la opinión generalizada, pero es maleable, se estira o se encoge, fácilmente es expugnada, enfatizada o despreciada. A veces no es ni del conocimiento de todos y reposa solo en la mente del líder de turno. Muchas veces solo representa los asuntos logísticos y superficiales de una denominación, pero no la verdad, no el evangelio, no las doctrinas. Pero sea como sea, es una falacia pensar que hay un grupo de evangélicos que no tengan una especie de credo, ya al ser evangélicos han tenido que evaluar los demás sistemas para serlo. 

El Sentido más restringido de ser confesional

Pero en un sentido más restringido, ser confesional es adoptar consciente, inteligente y libremente un credo doctrinal definido, público y más aún, histórico. Hablo de forma consciente e inteligente para contrastarlo con algo que se asume por mera inercia espiritual. Uso las palabras “adhesión consciente, inteligente y libre”, por aquello que la gente puede llegar a creer porque es la costumbre o la creencia generalizada de cierto grupo. Cuando hablo de “público” lo hago para contrastarlo con aquello que solo reposa en la mente o en la conciencia profunda de los lideres o de un grupo selecto de la iglesia.  Como podrás ver, las diferencias saltan a la vista. Aquí se presupone que tal iglesia tiene una Confesión de fe y que no la oculta, sino que es pública. Que esa confesión de fe no está al alcance de ser moldeada por las demandas del día a día de la iglesia. Que esta confesión de fe representa el entendimiento doctrinal e histórico de dicha iglesia. 

Más restringidamente, la palabra confesional habla de la conformación a una confesión de fe histórica que surge de la reforma histórica. Las Confesiones de fe reformadas generales (a diferencia de las estrictamente denominacionales) tuvieron la particularidad de incluir en líneas generales las verdades de los concilios pasados. Así incluyeron doctrinas como la Trinidad, la deidad y las dos Naturalezas de Cristo, asuntos que, por ejemplo, se discutieron en concilios pasados. Pero sistematizan de la mejor manera, las principales doctrinas de la fe evangélica. Quizás con la expectativa que una iglesia verdaderamente evangélica, aun cuando crea más que eso, jamás creyera menos que eso y siempre dentro de esos límites. 

A diferencia del consenso actual donde se resume la doctrina cristiana a cinco o diez cosas muy generales, algo vagas o poco concretas, las confesiones históricas gozaban de varios capítulos con sub puntos o párrafos explicativos. Por ejemplo, la Confesión de fe de Westminster resumió las doctrinas bíblicas en 33 capítulos en más de 170 párrafos con su sustento doctrinal, la Confesión Bautista de Londres en 32 capítulos y más de 160 párrafos sustentados bíblicamente, La confesión histórica de la iglesia anglicana en 39 artículos y la luterana (De Augsburgo) en 29 artículos. Más precisión, más claridad, más definición, caracterizó la iglesia en sus mejores momentos de entendimiento doctrinal. ¿Qué puede estar pasando hoy? 

– ¿Cuál ha sido el proceder histórico de la iglesia al respecto?

Así que podemos afirmar que la iglesia, es una iglesia confesante. Cuando la iglesia tiene vida espiritual, afán y celo por la verdad, cuando ha tenido más claridad bíblica, la iglesia ha confesado su fe con más precisión. La iglesia no solo tiene cabeza para entender, no solo tiene manos para hacer, tiene también boca para confesar lo que cree y ¿Por qué? Porque la vida de la iglesia se desarrolla en terreno enemigo donde reina la oscuridad, la confusión, la ambigüedad.

24 agosto, 2016

LA ORACIÓN PÚBLICA (III)

Características De La Oración Pública

  1. Regular.

A través de sentencias directas de la Escritura como de implicaciones obvias, podemos concluir sin temor a equivocarnos que la iglesia debe reunirse regularmente para la oración. Así como vimos que hay un principio para la oración privada ‘cerrada la puerta’ y que esta debe ser continua, existe la realidad de las reuniones eclesiales y que estas también deben ser regulares.

La profecía de Is.56:7 afirmaba que la casa de Dios sería llamada casa de oración, es decir, se caracterizaría por ello, sería tan obvio que se le recordaría por esa actividad. En Zc.12:10 se nos habla de un espíritu de oración derramado sobre la iglesia. Si hablamos de un espíritu egoísta en nuestra sociedad ¿Qué estamos diciendo? Si hablamos de un espíritu de solidaridad en una tragedia ¿Qué estamos diciendo? Pues un ambiente especifico, una condición evidente. Cuando el Señor está en medio de un pueblo, el ambiente es uno de oración continua. Hch.1:14 nos dice que ellos‘perseveraban unánimes en oración y ruego’. Hch.2:42 se señala que ‘perseveran en […] las oraciones’. Hch.12:5 nos conforma que ‘la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él’.

Rom.12:12 es claro: ‘constantes en la oración’. Ef.6:18: ‘orando en todo tiempo […] con toda perseverancia’. En 1 Tim.2:1 nótese los plurales: ‘Exhorto ante todo a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por todos los hombres’. ¿Cómo hacer esto si oramos cada quince días como iglesia? 1 Tes.5:17 nos enseña a orar ‘sin cesar’. En 1 Pd.4:7 se nos llama a velar en oración comunitaria. Estas son suficientes pruebas para llegar a una conclusión ¿Cuál será? Que la iglesia debe orar continuamente. Si bien, la Escritura no nos dice cada cuanto debemos reunirnos para la oración eclesial, observamos el principio reuniéndonos regularmente no de vez en cuando.

Oración regular y en diferentes situaciones.

Hay lo que podríamos llamar situaciones ordinarias y situaciones especiales. Considerando que hay necesidades generales de la iglesia y viendo las prácticas de los apóstoles, nos parece prudente y hasta necesario que la iglesia se reúna y ore semanalmente. Pero viendo la evidencia de Hechos 4 y 12 (tiempos de persecución y gran peligro), también aprendemos que hay ciertas ocasiones de aflicción que mueven a la iglesia a situaciones especiales de oración. Además, viendo la evidencia de Hechos 13 y Hechos 14, aprendemos que hay asuntos en la vida de la iglesia cuándo esta se involucra en hacer cosas de suma importancia espiritual, como la señalización de nuevos líderes y la elección de hombres para el servicio misionero. La evidencia que tenemos en el Nuevo Testamento es que en esas situaciones la iglesia se entregó al ayuno y a la oración. Así que, hay situaciones ordinarias y situaciones extraordinarias y la iglesia debería ser sensible a esto.

  1. Con Propósitos.

La oración congregacional no tiene que adolecer de dirección. En muchas iglesias y esto lo decimos con respeto, se piensa que la oración congregacional tiene que ver con la reunión de gentes. Pero ellos se reúnen a arrodillarse cada uno y orar privadamente bajo un mismo techo. Otros oran en voz alta, pero cada uno está haciendo su propia oración en un mismo lugar. Esto no es oración pública, esto es oración individual en un mismo recinto. Si algo caracteriza la oración congregacional es que tiene propósitos definidos y propósitos conjuntos.

En Ez.37:37 Dios dice que permitirá que la casa de Israel se aúne en una petición particular. Mt.18:19 nos habla de un grupo de personas, no importa cuán básico sea, que se ponen ‘de acuerdo (sinfonía)’para un asunto. En Hch.1:14 se nos dice que los discípulos al perseverar en oración eran del mismo ánimo. Lo mismo ocurrió en Hch.4:24 cuando alzaron a una su voz por un asunto específico. En Hch.12:5 se dice que la iglesia ‘hacía sin cesar oración por él’. Allí hay propósito y unanimidad, en este caso por la persecución. En 2 Cor.9:14 se nos dice que los hermanos de Macedonia hacían oración por la vida espiritual de los de Corinto, una oración con propósito.

De Ef.6:18-19 aprendemos que debemos orar por todos los santos. En otras palabras, debe ser una oración comprensiva, que abarque todas las necesidades del pueblo de Dios, especialmente por el éxito del evangelio al ser predicado. Fil.1:19 aprendemos que debemos orar por todos aquellos que estén en situaciones aflictivas. 1 Tim.2:18 nos señala a orar por todos los hombres y en el v.8 aprendemos que debemos orar por aquellos que están en autoridad sobre nosotros, para que podamos vivir una vida quieta y reposada, con el propósito de que el evangelio se expanda. En St.5 nos muestra la oración por aquellos que están afligidos por situaciones adversas para ser sanados.

Aprendemos así que la oración pública debe tener propósitos y debemos cargarnos con los propósitos de la oración que se manifiestan en el culto. Hemos enseñado el contenido de las oraciones legítimas para que sepamos qué cosas son las que deben llevar la intención generalizada de la iglesia cuando se reúna para la oración. Aquí hay una diferencia entre la reunión de adoración el día del Señor y las reuniones de oración. La reunión de oración, no es en sí una oración de acciones de gracias. Por supuesto que siempre debe haber gratitud, exaltación, adoración, pero el énfasis en las reuniones de oración es pedir y por ellos los propósitos cuando nos reunimos. El culto dominical es en sí una reunión de adoración, aunque también haya peticiones, por ellos las ofrendas cuando adoramos.

  1. Más general y fieles al llamado de la Iglesia

Como habíamos advertido, si existe una diferencia entre la oración privada y pública es que las oraciones privadas pueden y deben ser muy particulares, pero las públicas más generales, las que nos competen a todos y las que van de acuerdo a lo que Cristo le encomendó a la iglesia. Déjeme explicárselo paso a paso.

Más general.

Hemos de evitar que estemos orando en la oración pública como si estuviéramos en nuestro devocional personal. No es que se nos prohíba, pero en el culto de oración se nos iría el tiempo si oramos por los miembros de las familias uno a uno. En lugar de lo cual podemos orar por las familias, por su santidad, por su buena conformación, etc. Podemos orar en casos particulares por supuesto, pero es mejor recordar las iglesias hermanas, sus ubicaciones, sus pastores, en lugar de orar por cada uno y cada miembro, se iría el tiempo. Por supuesto que habrá asuntos para ser específicos y debemos ser sensibles, pero vamos sobre los puntos más generales con sabiduría.

Además, recordemos el principio de la prudencia, no solo a la hora de orar por las personas lo que sería delicado si empezamos a ventilar en la oración cada una de las cosas que sabemos de ellos, sino que las reuniones regulares, deberían ser equilibradas para que los maduros aprovechen y los débiles no se fatiguen demasiado. Podemos ser sensibles a eso si tomamos las cosas de forma general.

Que nos competa a todos como hijos de Dios.

En la oración privada estamos delante de Dios como hijos de Dios, en nuestra relación Padre-hijo, expuestos ante Él con nuestros pecados particulares y nuestras cargas individuales. De eso se trata la oración privada. Allí podemos ser tan específicos como queramos y tan extensos como podamos.

En las reuniones regulares y públicas de oración, estamos reunidos más que como cristianos individuales delante de Dios, estamos reunidos como miembros del cuerpo de Cristo, como parte de una familia, de un cuerpo. Las palabras singulares son sustituidas por las plurales. El “yo” es reemplazado por el “nosotros”, el “mío” por el “nuestro”, etc. Los motivos individuales que solo nos pueden llegar a interesar a nosotros o nuestras familias son reemplazados por los intereses que nos identifican a todos como hijos de Dios y como iglesia. Aquí tenemos la responsabilidad de encarnar lo que se supone, todos tenemos en común como hijos de Dios y miembros de un grupo de creyentes. Hay cosas particulares, providencias personales que bien pueden ser traídas en oración privada, pero aquí nos une el llamado general.

Usted debe preguntarse si tal o cual petición se encuentra en el rango de los intereses personales o eclesiales. Eso es orar con sabiduría. No me malentienda, no es que sus cargas personales o individuales no nos interesen. No es que sus providencias familiares no puedan llegar a ser parte del culto de oración, pero lo que usted debería preguntarse es de qué manera mi providencia particular tiene que ver con los intereses de la iglesia, cómo estos llegan a afectar o pueden llegar a hacerlo. Le pongo un ejemplo. Usted puede pedir oración por el trabajo de un hermano. Está bien, pero ¿De qué manera evangélica eso nos compete a todos? Si usted pide oración por los niños desamparados debe preguntarse ¿De qué forma esa petición encarna lo que todos tenemos en común?

Un pastor escribió lo siguiente: “El escritor recuerda haberse reunido una vez en una iglesia para una temporada de oración, donde todo el tiempo se dedicaba a las preocupaciones domésticas de los miembros. Era evidente que Tommy se había caído cuando iba al colegio y se había lastimado la rodilla. Varios recordaron a Tommy en sus oraciones. Sin embargo, las almas profundamente heridas de los miles de niños del vecindario densamente poblado no atrajo ni una sola palabra de intercesión. Espero que este extremo sea raro, pero debemos tener cuidado de no degradar el propósito de las reuniones de oración […] algunas veces la misma reunión donde se ora por la rodilla de Tommy, también ruega elocuentemente para que la poderosa fuerza del Espíritu traiga un avivamiento en todo el país y se convierta” (Masters).

Entonces, ¿cuáles son aquellas cosas que nos competen a todos nosotros como iglesia? Nótese la pregunta, no que nos competan a todos nosotros como hombres o mujeres o ciudadanos o colombianos, sino lo que nos compete a todos nosotros como iglesia, como el cuerpo local de creyentes que formamos esta iglesia y como parte de la Iglesia universal. Esto me lleva al tercer punto:

Fieles al llamado de la iglesia

Algunos aquí son antiguos en la fe, otros nuevos, aquí hay personas casadas y otras solteras, todos tenemos una vocación particular, hay vendedores, en la rama de la salud, constructores, profesores, amas de casa, hay quienes tienen algunas posibilidades económicas y hay quienes las ven difíciles. Tenemos gente estudiada, los que están estudiando y los iletrados. Imagine cuán grande es el espectro de cosas que nuestras peticiones particulares pueden sumar dependiendo quien es usted con su conformación familiar, su vocación, sus providencias. Pero ¿Por qué estamos reunidos aquí? ¿No es por el Evangelio de Cristo?

Entonces permítame preguntar ¿Qué intereses tenemos en común nosotros? No hablamos de lo que Dios demandará de su mano de acuerdo a su llamado particular, sino como iglesia ¿Qué tenemos en común? ¿Qué nos encargó el Señor? ¿Para qué Dios tomó el trabajo de conformar una iglesia universal? ¿Por qué conformaría el Señor iglesias locales? Recordar el llamado de la iglesia nos ayudará a ser más sabios en las reuniones de oración y experimentaremos lo que es remar todos hacia un mismo lado, unánimes, de un mismo sentir.

Permítame resumirle de forma muy generalizada el llamado de la Iglesia en tres propósitos. Los estudiantes de Teología me ayudarán si algo se queda por fuera de estos tres propósitos: Adoración, Edificación de los creyentes, Proclamación de las Buenas Nuevas. La iglesia fue instituida para esto, las iglesias locales se instituyen para esto. Bajo estos tres encabezados podemos dejar caer todo en su lugar. Si no está contemplado bajo alguno de estos tres encabezados, probablemente el asunto sea personal o particular.

“Después de todo, Dios no solo trata con nosotros de forma individual. A Él le encanta moldear comunidades enteras […] Desea dar forma y embellecer al conjunto de todos los miembros y convertirlo en un cuerpo responsable y comprometido de personas. No hay nada comparable a la reunión de oración para promover esto y hacerlo progresar […] En el culto de oración […] nos hacemos responsables de la obra tanto localmente como en el extranjero […] se esfuma la preocupación por nosotros mismos como creyentes individuales y nos convertimos  en un grupo de personas que anhelan la bendición de los demás y la prosperidad de la causa (del Señor) […] En la reunión de oración somos perfeccionados y afilados como un cuerpo unido de personas”.

Las reuniones de oración, bien coordinadas y maduradas, como es el estándar al cual debemos desear llegar, tienen un bien equilibrio en estas tres columnas. Adoración o nuestro llamado vertical. Edificación o nuestro llamado de puertas a dentro y Proclamación que es nuestro llamado o vocación de muros para afuera.

  1. Sencilla pero Ordenada y Fervorosa.

Vamos a tomarnos de un par de ejemplos bíblicos en el libro de los Hechos que nos muestran estas características de la oración. Las estudiamos porque hacen parte de esas cosas que la Biblia dice que acompañan la oración pública de manera que no corresponden a asuntos de poca monta sino en donde vemos la voluntad revelada de Dios.

Si nos situamos en Hechos 4, vemos el ejemplo de una oración congregacional. Por supuesto que nos sirve, como lo dije, de ejemplo, de guía, a manera de modelo para aprender cómo se debería orar públicamente. Debemos advertir que esta oración la provocó un evento particular, sin embargo, nada resta de la importancia de su ejemplo.

Primero notemos su sencillez. No hay argumentos difíciles de entender, comentarios enigmáticos que el que los hubiese escuchado hubiese preguntado ¿Qué habrá querido decir? No fue una oración demasiado larga, difícil de seguir mentalmente, sino una concreta, directa. No fue una oración con rodeos, sino que fue a los diferentes puntos con sencillez, con concreción. Entiéndame la diferencia entre sencillez y simplicidad. Usted puede ser sencillo, concreto y profundo y eso está bien. Pero cuidémonos de orar livianamente.

Segundo, veamos su argumentación bíblica. La fórmula tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay’ (v.24), al menos se encuentra literalmente tres veces en el Antiguo Testamento, aunque su idea es completamente bíblica. Luego en los vv.25 y 26 se citó el Salmo 2 para seguir argumentado en la oración. Aunque no se cite ninguna parte literal de la Escritura, la oración sigue sujeta a la Biblia basada en la preordenación de Dios de todos los acontecimientos (v.28). Ellos hablan basados en la promesa que el Señor le dio a esa generación apostólica, a esa primera iglesia, que al predicar el evangelio, deberían ver la palabra de Dios ratificada por señales (Mr.16:15-17). ¿No hemos insistido que todas las oraciones deben ser conforme a la voluntad de Dios, es decir, conformes a Su Palabra?

Tercero notemos el orden que ella tiene. No es un orden mecánico, pero no hay repeticiones sin sentido o vanas como le llama la Escritura (Mt.6:7). La oración progresa, tiene un fin. Debemos cuidarnos de redundar innecesariamente o hacer de la oración una serie de argumentos que confundan. Mire que, aunque sea en breve, esta gente adoró en la misma oración, citó las Escrituras, pidió y esto en un buen orden. La idea es que el entendimiento de los hermanos, y el propio, por supuesto, sea edificado (1 Cor.14:15).

Cuarto, la oración no debe adolecer de fervor. Este principio está ejemplificado en el texto que estamos tomando como base, pero hay otro ejemplo en Hch.12:5 donde LBLA traduce: ‘oración ferviente’. Esta palabra habla de algo que se estira, que se extiende y puede traducirse sin cesar o intensamente o fervorosamente. Es una palabra distinta que también se tradujo en Rom.12:12 como‘constantes’. Ahora, ¿Qué queremos decir con esto? Que las oraciones no deben ser frías, apagadas. No quiere decir bullosas, desordenadas, gritadas. Pero sí quiere decir que el corazón debe hervir y debemos usar de mucha intensidad. Ojalá supiéramos en la práctica por qué se relaciona la oración con la agonía. ¿Entiende? No es una postura, unas palabras, es una actitud que desgarra el alma, una intensidad que no nos deja ser fríos en la oración.

  1. Terminada con ‘Amén’.

Miremos ocho textos que de varias direcciones nos ayudan a entender el uso del Amén, en la oración. Dt.27:15; 1 Cron.16:36; Neh.5:13 y 8:6; Sal.106:48; Jer.28:6; 1 Cor.14:16; Ap.19:4. Así, vemos que esta palabra se usa para hacer una afirmación de lo que se está diciendo. Vemos que es una palabra con la que el pueblo se involucra en la oración de alguien. Que se espera que el que escucha la oración, pueda entenderla para poder afirmar la oración con un amén. Esta palabra también es usada como una palabra de adoración como ‘Aleluya’.

No se nos dice que necesariamente debe usarse al final de toda una oración, puede ser que ella se use afirmando partes de la oración misma. Es lícito, y además que es muy bueno. Es una manera en que usted corrobora y se involucra en la oración congregacional así no esté dirigiendo. Usted no se “despega” de la oración, sino que está constantemente siguiéndola y afirmándola. Así mismo es una buena manera de comunicarle al que dirige que “estamos allí y estamos siguiendo su oración”.

Lo que debemos cuidar es no hacer de esta expresión algo religioso, rutinario, como es nuestra inclinación. A veces estamos idos de la oración, pero decimos ‘Amén’, cuando termina la oración. Eso es casi que una mentira ¿No cree? A veces la podemos decir de una manera formal pero no como una manera de identificarnos con lo que se está orando. Otras veces puede ser que se preste para el desorden. Todos estos cuidados son necesarios tenerlos, pero tener cuidado no significa no hacerlo.

22 agosto, 2016

LA ORACIÓN PÚBLICA (I)

¿Es un requerimiento Bíblico las reuniones semanales de oración?

Sin lugar a dudas esta es una de las partes más importantes en el tema de la oración y en general de la vida espiritual de los cristianos: las reuniones públicas de oración. La gran mayoría de cristianos no advierten que las reuniones de oración tienen un lugar prominente, fundamental y muy necesario para una vida cristiana saludable. Es más, para muchos cristianos no hay una relación entre la doctrina cristiana o sana doctrina y las reuniones públicas de oración, simplemente pudieran reconocer algunas pistas divinas que Dios desea que la iglesia ore junta, pero nada más allá. Pero no advierten que la mayor parte de las exhortaciones apostólicas que hablan de la oración apelan al sentido comunitario de la misma, sin la cual ningún cristiano podrá tener una vida saludable ni la expresión de una sana doctrina.

Esto lo podemos ver en las prácticas que caracterizaron la primera iglesia. Ellos eran dueños y guardianes de esa doctrina que tenía a Cristo como centro. Así que usted debe esperar ver en ellos ciertas características que expresaran su cuidado de la doctrina hasta en sus prácticas. Si usted hubiese querido describir qué era este nuevo movimiento, que hacían, en qué consistía su organización, hubiese referido aquellas cosas que eran muy evidentes, centrales y que les ganó el buen testimonio entre el mundo. Era una iglesia sencilla pero poderosa, tenían problemas, tuvieron que lidiar con el pecado de sus miembros, pero era fuerte en aquellas cosas en que una iglesia debe ser fuerte así sea débil en las demás:

Hch.2:41-42: Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones’. Las cosas más básicas que hacen que una iglesia sea llamada iglesia, en lo que una iglesia debe ser fuerte, aquí está descrito lo que debe ser muy evidente tanto para la iglesia misma como para los de afuera. Andar en la verdad de Cristo tiene cosas muy sensibles, muy centrales, prominentes, y usted acaba de leer qué cosas son y deben ser tan obvias y evidentes que nadie tenga duda. Si alguien que acaba de llegar al planeta fuera a describir la iglesia, si fuera a generalizar lo que es una iglesia local en pocas palabras, resumiendo sus cosas más importantes ¿Qué diría de ella? Pero ¿Qué diría de la nuestra? ¿Cómo nos resumiría?

¿Por qué orar juntamente no es tan importante ni una marca tan evidente en la iglesia actual?

La frialdad espiritual de nuestra época.

Puede haber muchas causas. Generalmente las reuniones de la iglesia se debilitan bajo una ola de frialdad espiritual que impregna a muchos. Creo que la ola de mundanalidad hace sentir su presencia real en este aspecto de la vida de la iglesia, más que en otras áreas por importantes que sean. Usted puede decir que el mundo de hoy es muy absorbente, que el trabajo, que las ocupaciones, pero quiero enfrentarlo a una realidad: ¿Por qué bajo las mismas circunstancias de un mundo tan absorbente, de trabajo pesado, de ocupaciones y privaciones usted puede apreciar gente llenando estadios para ver espectáculos, frecuentando bares y cines? Pero para nuestra vergüenza, ¿Por qué bajo las mismas circunstancias las iglesias carismáticas se llenan a reventar no importan cualquier día de la semana? ¿Es que allí va la gente que no tiene nada que hacer? ¿No ha visto que la gente allí si tiene tiempo? ¿No será acaso que eso nos está señalando hacia otra realidad más triste?

El espíritu individualista y egoísta de nuestra época.

Pero continuemos. Otra razón también puede ser el marcado egoísmo con el que hoy se interpreta la Palabra de Dios. Se ha hecho tanto énfasis en una relación íntima y personal con el Señor que hemos perdido de vista la dimensión comunitaria de nuestro llamado a Cristo. El común de los cristianos quiere a lo sumo, ir y escuchar la predicación y luego irse para volver en ocho días. Ellos toman la iglesia como una tienda o como una estación de servicio. Tú no debes tener una relación íntima y personal ni con el dueño de un supermercado ni con sus empleados, solo vas a llenar tu necesidad y vuelves cuando necesites más. ¿Es así que la Palabra nos enseña a tomar la iglesia? Por ellos se ha acuñado con razón la frase: cristianos de consumo.

No nos parecemos a esa descripción de la primera iglesia en Hch.2:44-47: Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos’. ¿Qué le parece la dimensión comunitaria de la fe? Eso indica que un hijo de Dios no entra en el plan de Dios adecuadamente hasta que se compenetra con una iglesia local específica en su vida y desarrollo. Pero continuemos.

Una mala comprensión de las Escrituras.

Si fuéramos a buscar otra explicación del por qué los cristianos no le dan la importancia que tiene el culto de oración, pudiera ser que muchos han aprendido a leer sus Biblias de manera incorrecta. Han sido enseñados a mirar aquello que les llama la atención y les conviene, pasando por alto todas las reglas de la gramática y sentido común tan necesarias en el diario vivir. Hacen con la Biblia lo que jamás quisiera que hicieran con ellos. En otras palabras, muchos de ustedes ya hubieran perdido la paciencia si hicieran con ustedes lo que ustedes hacen con la Biblia. Esto no lo digo, por supuesto, para avergonzar a algunos sino para su instrucción.

La Biblia no es un conjunto de citas sabias puestas al azar. Hace mucho tiempo se imprimían unos libritos tamaño miniatura llamados “proverbios” que contenía muchos dichos sabios de gente por todo el mundo. Esa era  una colección de frases interesantes, inteligentes, ciertas. Pero así no es la Biblia. La Biblia tiene un tema principal o predominante, la Biblia goza de temas que desarrolla con cuidado y nosotros debemos advertir todos los elementos que conforman su mensaje, así como lo hacemos en nuestro diario vivir en las conversaciones o escritos. Déjeme instruirlo hoy en dos principios: Contexto e intención. Tal vez usted ni siquiera sea consciente de estos principios en su diario vivir, pero los usa y los entiende perfectamente en la mayoría de veces. ¡Cuánto más usted debe advertirlo en la Biblia!

Contexto

El contexto en la Biblia nos ubica en temas particulares, en un sentido particular, en instrucciones particulares. Usted debe advertir esto porque la mayoría de cristianos cuando lee algo en la Biblia antecedido de la palabra ‘vosotros’, piensa que les habla a ellos de forma individual y no se fijan que quizás, ese ‘vosotros’ haga referencia a ‘ustedes’, a la iglesia o a un conjunto especifico. Usted debe preguntarse, ¿Son indicaciones personales? ¿Son indicaciones eclesiales? ¿Les habla a algunos o a todos? Usted debe advertir el contexto, le ruego que se esfuerce y lo haga. Así sacará el verdadero provecho de la Biblia.

Intención.

¿Ha sido usted malinterpretado? Creo que por ello existe la palabra “malentendido” como una sola palabra, porque es común hacerse una idea equivocada partiendo de las palabras que otro dijo. El malentendido se encuentra en que usted no captó la intención de las palabras. La Biblia tiene una intención al hablar. Cada texto, cada párrafo tiene una intención de Dios y nosotros debemos esforzarnos por entenderlo. Si no vamos en el mismo sentido de la intención de la Biblia, podemos concluir cosas, aun contrarias a lo que originalmente se dijo.

¿Y nuestro tema?

Hemos perdido por años riqueza bíblica en nuestra vida espiritual gracias a no saber acercarnos a la Biblia. Hemos adquirido costumbres cristianas arraigadas donde el culto de oración se trata con liviandad, como un apéndice, como un asunto opcional de los hermanos que tienen tiempo para eso, solo por no advertir con cuidado que Dios nos grita en la Biblia: “Quiero que oren juntos” y “En la oración congregacional está gran parte de su ministerio y la eficacia es este”. Así como tu conocimiento y vigor espiritual están ligados a qué tipo de iglesia vas y a dónde escuchas el evangelio, tu obra en el Señor en santidad y piedad está ligada a la oración en la iglesia. Muchas iglesias suprimieron el culto de oración o lo confinaron a las ancianitas de la iglesia. Hay reuniones para todo y son nutridas, pero hay una pereza e indiferencia para las reuniones de oración espantosa.

Pues como lo dije en un comienzo, la mayoría de las exhortaciones a la oración en el Nuevo Testamento se hallan en el contexto de exhortaciones eclesiales y tiene la intención de señalarnos la gran necesidad, la urgencia, la obligación que la iglesia ore y que persevere en esto siempre como parte de su ministerio en esta tierra. Creemos que Dios nos ha llamado a evangelizar, creemos que Dios nos ordenó guardar la sana doctrina, debemos creer que Dios nos mandó a orar, hace parte de las sagradas comisiones de Dios a su iglesia mientras esté peregrinando….

Continuará…..

23 octubre, 2015

¿Hay algo más reformado para hacer en esta celebración que atender a la fiel exposición de la Palabra de Dios?

Es típico que en las celebraciones de una fecha especial, se busque recordar mediante algunos símbolos, aquel significado que mantiene dicha celebración viva. En épocas patrias, sacamos una bandera que ondea en nuestras casas para recordarnos el amor a nuestra patria libre y de alguna manera, aquellos hombres que la hicieron posible.

Seguramente cuando se acerca otra celebración de aquel 31 de Octubre de 1517, cuando Martin Lutero clavó por segunda vez sus tesis en la puerta de la Iglesia de Wittenberg, Alemania, celebramos la época que este evento representa. Creemos que en sí mismo este acto no era tan trascendental, y visto solo, no representaba más que la opinión de un monje inquieto. Sin embargo, es un acto que se marca como la representación de todo un pensamiento y quizás una teología que había hervido por siglos bajo la superficie de la religión tradicional, y que buscaba ir de regreso a las Escrituras en los fundamentos doctrinales y de vida y que por la providencia de Dios después de muchos siglos, esa vez erupcionó. Sea que la frase “Sola Escritura” se haya o no elaborado en la Reforma, retrata perfectamente la bandera de este avivamiento espiritual. La Reforma jamás puede huir ni superar su apego a las Sagradas Escrituras y la historia misma confirma la juiciosa adhesión de los reformadores al Sagrado Tomo.

Solo para poner un ejemplo entre muchos, Juan Calvino predico alrededor de 4000 sermones desde el pulpito. Para que se lleve una idea práctica de la “Sola Escritura” le diré que Calvino comenzó su serie sobre el libro de los Hechos el 25 de agosto de 1549 y la termino en marzo de 1554. Después de Hechos paso a las epístolas a los Tesalonicenses (46 sermones), Corintios (186 sermones), las Epístolas pastorales (86 sermones), Gálatas (43 sermones), Efesios (48 sermones)…En…1559 comenzó la armonía de los cuatro Evangelios y no la había terminado al morir en 1564. En armonía con su alto aprecio por las Santas Escrituras, no solo predicó sino que escribió comentarios Bíblicos. Cubrió el 75% de la Biblia en sus comentarios. Comentó 24 de los 27 libros del Nuevo Testamento. Al morir ya había dejado 45 volúmenes de comentarios Bíblicos de más de 400 páginas cada uno de ellos. Fue intensivamente un predicador expositivo, nunca abandonó su costumbre de ir libro tras libro de la Biblia. Y todo esto lo hacía con una mezcla excepcional de rigor exegético como erudito que era y sencillez y amor pastoral. Calvino nos dio el más hábil, claro, palpable y gran ejemplo de exposición de las Escrituras que hemos visto por siglos.

De manera que fieles a nuestro legado, déjeme preguntarle si ¿Hay algo más reformado que hacer en la celebración de la Reforma que, en el caso de los pastores, seguir predicando expositivamente con toda fidelidad desde sus pulpitos? ¿Habrá algo más reformado que hacer para conmemorar esta fecha, que acudir a nuestras iglesias a oír la predicación fiel de la Palabra de Dios? Además, ¿no es de lo más reformado tener esto como la práctica los 52 domingos del mes?

Así que el animo a ondear esta bandera otra vez, con más convicción, porque si lo medita bien, no hay una mejor manera de honrar a Dios esta fecha que haciendo exactamente lo que procuró hacer cuando de su mano nos dio esa bella época conocida como la Reforma.

3 marzo, 2014

LOS PURITANOS

Por la gracia del Señor se han venido haciendo esfuerzos por poner en nuestro idioma algunos libros de los Puritanos. Algunos son resúmenes, otros resúmenes de un resumen, otros son libros extensos, pero no podemos alejarnos de esta rica herencia que ahora podemos tener en nuestra manos en español más que en ningún otro momento.

Si se me queda alguno por fuera, pueden comentar para enriquecer nuestra biblioteca.

Literatura Recomendada de los puritanos en Español que ya se puede conseguir:

Animo en la Depresión – William Bridge

Consolación Divina -Thomas Watson

Comentario de la Biblia -Metthew Henry (Unilit)

El Contentamiento Cristiano Una Joya rara -Jeremiah Burroughs

El Corazón de Cristo -Thomas Goodwin

El Cristiano con Toda la armadura -William Gurnall

El Misterio de la Providencia -John Flavel

El Secreto de la comunión con Dios -Matthew Henry

El  Padre Nuestro -Thomas Watson

El Pastor Renovado -Richard Baxter

La Gloria de Cristo -John Owen

La Mortificación del Pecado -John Owen

La Oración -Bunyan y Goodwin

La Tentación -John Owen

Los Afectos Religiosos -Jonathan Edwards

Partícipes de Cristo -William Guthrie

Rasgos Distintivos del Verdadero Cristiano? – Gardiner Spring

Remedios Preciosos contra las artimañas del Diablo -Thomas Brooks

Tratado de Teología -Thomas Watson

Una Guía Segura al Cielo -Joseph Alleine

Vida Por su Muerte – John Owen

 

Dos libros de autores contemporáneos que hablan de los puritanos y su pensamiento:

La Espiritualidad Puritana y Reformada -Joel Beeke

Los Puritanos- Martyn Lloyd Jones

 

Editoriales que están publicando estos libros:

Peregrino

Faro De Gracia

Portavoz

Estandarte de la Verdad

19 diciembre, 2013

DIOS CON NOSOTROS

Mateo 1: 18-25

Introducción

Estamos en épocas navideñas, y vuelven miles de tentaciones sobre los cristianos. No podemos casi que huir de lo que el mundo nos presenta como navidad, pero creo que es un buen momento para refrescar en nuestra memoria la esencia de lo que celebramos aprovechando esta fecha. Deseo que nos fijemos en el nombre Emanuel. Creo que todos podríamos decir qué significa, sin embargo, creo que hasta ese nombre ha sido objeto de adulteración. Hoy no significa más que Dios con nosotros haciéndonos compañía, días felices, buen ambiente, nada de peligros, algo muy sentimental y lejos de lo que realmente ese nombre quiso dar a entender.

 

Es pues mi propósito de este sermón hablar de Dios con nosotros y que nuestros corazones hallen la riqueza de lo que se prometió al pueblo de Dios para todas las edades. Vamos a ver cuatro puntos sencillos: La promesa de Emanuel, el cumplimiento de la promesa de Emanuel, el Carácter de la promesa de Emanuel y el Significado de la promesa de Emanuel.

 

1. LA PROMESA “El Señor por medio del profeta”

Hay una promesa que Mateo trae para señalar su cumplimiento. Mateo desea resaltar que es una promesa del Señor, probablemente por eso omite dar el nombre del profeta, sin embargo debemos remitirnos a Is.7 y 9 para entender las palabras del Señor en ese tiempo.

 

El contexto es algo turbio. Aproximadamente 7 siglos antes de Cristo, el rey Acaz está en el trono de Judá y se rehúsa hacer la voluntad del Señor (2 Cron.28). Pero no solo eso sino que se entrega por completo a pecados abominables. Por esta causa Dios lo entregó en manos de sus enemigos (Israel y Siria). No solo era el peligro de morir sino que si llegaban a destruir a Judá, la promesa anhelada de un descendiente de David sentado en el trono, se vería frustrada. Aunque seguramente había gente piadosa, miremos en general el estado espiritual del pueblo descrito en Is.9: 1 y 2.

 

Es en medio de este contexto en que el Señor envía al profeta Isaías al ver al rey Acaz ¡con un mensaje de esperanza, consuelo y liberación cuando lo que debería escuchar era juicio! ¡Que Dios tan misericordioso tenemos! Así que el profeta le dice al rey que le pida una señal, no importa cual o cuán difícil, para que compruebe que Dios desea bendecirlo. El rey de una forma impía, pero bajo palabras piadosas rechaza al Señor (Is.7:11-13), porque él tenía su confianza en el rey de Asiria.

 

Y aquí va la promesa. Dios no va a hacer depender sus propósitos redentores en las frágiles manos de un ser humano, así que (V.14) He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y llamará su nombre Emanuel. Antes que este niño pudiera discernir entre lo bueno y lo malo, la tierra de los reyes que les perseguían iba a quedar desolada. Este niño era la señal y prueba que Dios liberaría a su pueblo de Israel y Siria. La idea es que dentro de muy poco el Señor no solo los libraría sino que la dinastía de la casa de David no se vería extinguida y ese niño era la prueba de ello.

 

Palabras de esperanza en medio de la oscuridad y pecado. Esto no solo suscitó en medio del pueblo tranquilidad en su tiempo, sino que el pueblo vio en ello también un anuncio del Mesías, que un día liberaría a su pueblo de todos sus enemigos. Más aun cuando de este niño se dijo: Is.9:6-7. Ningún ser humano normal, podría cumplir esto sino aquel que sería la esperanza futura del pueblo de Dios y que heriría en la cabeza a la serpiente. Pero hermanos, esto lo iba a hacer Dios libre, soberana y unilateralmente y no iba a dejar que el cumplimiento de sus planes dependiera de una persona como el rey o un pueblo como el de Israel o Judá.

 

2. EL CUMPLIMIENTO DE LA PROMESA “Todo esto aconteció”

Creo que cada persecución o esclavitud que experimentaba el pueblo de Israel, presionaba sus corazones a la esperanza de ver esa promesa cumplirse. Esta era la nueva situación del pueblo bajo el dominio de los romanos. Y como era de suponerse, las personas esperaban un cumplimiento espectacular, rimbombante, ostentoso.

 

Un poco más de siete siglos después de la promesa, y en palabras del apóstol Pablo: …vino el cumplimiento del tiempo, y Dios envió a su Hijo (Gal.4:4). Dios encuentra a un hombre de la casa de David, pensativo, meditabundo, quien estaba en aprietos. La mujer con quien se desposó, le dice que estaba en embarazo debido al Espíritu Santo. Él sabía a lo que se exponía María y meditaba cómo hacer lo correcto. Allí un ángel del Señor se le aparece y le dice tres cosas importantes.

 

La primera es que no debe tener temor de casarse con María, pues lo que en ella ha sido engendrado es del Espíritu Santo. Segundo le afirma que ella dará a luz ese hijo. Y la tercera, le dice qué nombre debe tener es hijo. Si se nota nuevamente, Dios está enterando a José de sus planes no acudiendo a su ayuda, no haría depender sus planes de los hombres, pero trabaja con ellos. Aun así Dios nos hace saber que está al mando.

 

Pero a resaltar aquí es cómo Mateo, inspirado por Dios, identifica cada elemento de la promesa con la situación de José y María. ¿Recordamos qué dice la promesa? He aquí que la virgen concebirá y lo que nos dice nuestro evangelio es que María era esa virgen que había concebido por el Espíritu Santo. La promesa seguía diciendo: y dará a luz un hijo, que son las mismas palabras que el ángel le remite a José. Y por último la promesa decía que nombre debería llevar: Emanuel y el ángel le dice a José que le ponga ¿Cómo? Jesús. ¿Tanto esfuerzo de Mateo por identificar la promesa correcta y el cumplimiento preciso para a lo ultimo fallar en el nombre? No solo eso, sino que al citar la promesa del A.T. vuelve y repite esto. O, a menos que el nombre de Jesús y Emanuel estén íntimamente ligados. Pues bien, aquí hay algo intencional, Mateo desea identificar a Emanuel con el Hijo que tendrá María, nos da su nombre, Jesús, sin que olvidemos que es Emanuel.

 

Así es como Dios, en un día común y corriente, en una aldea de Nazaret, cumple la majestuosa promesa de traer a Aquel que sería llamado Emanuel, Dios con nosotros, el Hijo que nos fue dado y el dominio sobre su hombro, quien sería llamado Admirable consejero, Dios fuerte, Padre eterno y Príncipe de Paz, cuyo reino se extendería, cuyá paz no tendría fin y con un reino eterno.

 

3. EL CARÁCTER DE LA PROMESA “Salvará a su pueblo”

Cuando hablamos de la naturaleza de la promesa, queremos decir, en qué consiste dicha promesa, de qué se trata. Por un lado, la promesa consiste en traer a Emanuel, es decir, Dios con nosotros. Por otro lado no olvidemos la explicación del ángel acerca de su nombre, Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Esto es interesante. La promesa consiste en Dios trayendo un salvador. Este es precisamente el cumplimiento de la promesa del Redentor prometido, pero es la misma promesa que nos señalaba que Dios estará en medio de nosotros de una manera en que nunca había estado entre nosotros, pero es una y la misma promesa.

 

a. La promesa consiste en Dios con nosotros salvando a su pueblo.

Emanuel es más que un nombre prometiéndonos la presencia de Dios en medio nuestro para nuestras debilidades comunes o temporales. No me mal entienda, no quiero decir que Dios no tiene cuidado de estas debilidades, pero el punto aquí es que se prometió un Salvador y es precisamente lo que se cumplió en Cristo. El pueblo cometió el error de pensar acerca de una salvación de asuntos temporales, de la esclavitud política, pero Dios pensaba en algo más grande y trascendental, la salvación de su pueblo de sus pecados.

 

Así que este relato nos dice que Dios cumplió su promesa trayendo un Salvador.Emanuel, por un lado, significa Dios con nosotros salvándonos de nuestros pecados. He aquí nuestro gran y más grave problema: El pecado. Son las tinieblas del pecado, la oscuridad de la impiedad, la sombra de la muerte eterna la que se cierne sobre todo hombre y Emanuel significa Dios con nosotros salvándonos. Es Dios con nosotros salvándonos de la culpa del pecado, es Dios con nosotros salvándonos de la miseria del pecado, es Dios con nosotros salvándonos de la esclavitud del pecado, es Dios con nosotros salvándonos de lacorrupción del pecado, es Dios con nosotros salvándonos de las consecuencias eternas del pecado y un día Dios con nosotros salvándonos de la presenciamisma del pecado.

 

b. Pero hay más, la promesa consiste en Dios con nosotros gobernando a su pueblo.

¿De donde sacamos eso? Dice que Él salvara a su pueblo. Eso quiere decir que tiene un pueblo que es de su propiedad. Recordemos parte del contexto dónde se dio la promesa, la amenaza de destruir la dinastía de David que se dijo que sería eterna en el trono. Pero aun más, recordamos cómo se dirigió el ángel al José: hijo de David. Todas estas cosas tienen que ver con que Emanuel significa Dios con nosotros reinando, gobernando, a su pueblo.

 

Desde la eternidad el Padre le dio al Hijo un pueblo suyo, le constituyó su Salvador, su Rey y su Profeta. Lo soldó definitivamente a ellos para su salvación y guía. Algunas personas piensan que el Señor Jesús solo es Salvador, pero dice que Él salvará a su pueblo de sus pecados. Nadie puede venir a Cristo y no hallar en Él tanto un Salvador como un Rey. El salva pero el rige, gobierna, manda, dirige, a su pueblo como rey que es. La promesa iba más allá de dejar a un pueblo libre de sus pecados, era asignarles un rey que los gobernara para siempre y Emanuel significa esto.

 

De su boca saldría la siguiente palabra: También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un Pastor (Jn.10:16). Tanto amó a su Iglesia, que se entregó a sí mismo por ella. Tiene un pueblo llamado iglesia, es de su propiedad, el Padre se los da y si vienen a Él, Él no los echa fuera jamás. Emanuel también es Dios con nosotros gobernándonos.

 

4. EL SIGNIFICADO DE LA PROMESA “Qué significa Dios con nosotros”

Pero permítame terminar señalando algo. Seguramente podemos decir que Dios siempre ha estado con su pueblo. No podemos creer que Dios haya abandonado totalmente a sus escogidos, al remanente de su heredad. Así que ¿Por qué una promesa diciéndonos que Dios estaría con nosotros? Pues bien, la respuesta es que Emanuel sería Dios con nosotros salvándonos, gobernándonos, de una manera que nunca se había visto.

 

Pero antes, en primer lugar recordemos que aquel que es llamado Emanuel es Dios mismo. De eso se trata, de la presencia misma de Dios en medio nuestro.Pero en segundo lugar déjeme aclarar que nosotros hace referencia a su pueblo con una característica especial, y es ¿Por qué necesitamos un Salvador de pecados? Porque estamos perdidos por el pecado. Y ¿Por qué necesitamos un Rey? Porque somos débiles y no podríamos gobernarnos ni cuidarnos a nosotros mismos. El nombre Emanuel, Dios con nosotros salvándonos y gobernándonos pone de manifiesto nuestra condición.

 

Pero dice Dios con nosotros. ¿Qué es lo especial? Que nadie se imaginó que esa promesa se cumpliría el día que cumplido el tiempo Dios envió a su Hijo para nacer de mujer. Dios con nosotros significa que el Verbo se hizo carne. Significa que Dios Hijo se humanó. Dejó las glorias celestes y hecho semejante a los hombres y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y la muerte de cruz. La sangre de nuestro Emanuel corrió. Nadie dimensionaba la promesa así y cuando llegó no todos lo entendieron.

 

Cristo pisó nuestra tierra, Emanuel se paseaba entre nosotros salvando y gobernando. Con su muerte en la cruz pagó por todos los pecados de su pueblo y así cumplió que es Dios con nosotros salvándonos. Adquirió por su muerte y resurrección un nombre sobre todo nombre para que ante Él se doblegue todo ser humano y confiesen su Señorío, así vemos su gobierno. Salvador y Señor, Dios y Redentor, encarnado, humanado, para que su pueblo no estuviera más en tinieblas.

¡Feliz Navidad!

 

Jorge E. Castañeda D.
21 noviembre, 2013

¿DIOS SE ARREPIENTE? (II)

Algunos Datos adicionales

Dijimos que nos íbamos a dirigir de lo más fácil a lo más complejo y por ahora, hay asuntos muy claros que nos ayudarán a entender el tema. Le ruego tenga paciencia con esta argumentación, pues el entendimiento del tema no viene de primera mano y debemos ir paso a paso, profundamente, para entender un poco más.

Cada vez que se habla de arrepentimiento en Dios se habla en un contexto de juicio al hombre.

Si rectificamos todos los textos que dicen que Dios se arrepintió, los encontramos en un ambiente específico y no en todo ambiente. Esta expresión se presenta cuando el hombre ha desafiado constantemente al Señor y su Palabra y no ha corregido su camino. Además ninguno de estos casos viene repentinamente sino como consecuencia de haber desechado por mucho tiempo la paciencia de Dios. Es tanto así, que en los textos que usan la expresión: Dios se arrepintió, pasó mucho tiempo cuando Dios mostró su bondad, misericordia, paciencia, pero el hombre rebelde llenó la medida de su maldad, desafiando directamente a Dios.

Es necesario entender esto porque reduce dramáticamente el concepto de arrepentimiento en Dios y nos lo sitúa en un contexto específico. Dios es santo y justo y solo porque también es paciente, no ejecuta su juicio inmediatamente el pecado es cometido, aunque si lo hace, está en su derecho. El hombre no tiene que transgredir 1000 veces una ley para ser alcanzado por La justicia divina, con una sola basta. Seguro que Dios trae juicio y si lo hace, es justo porque no traería juicio si no hubiese pecado. Pero lo maravilloso es que es lento para la ira y grande en misericordia y en general, siempre ha querido mostrar su paciencia y retardar su juicio. Pero llega el momento cuando ejecuta lo que es justo.

El arrepentimiento de Dios tiene que ver con el arrepentimiento del hombre.

Sea que el hombre se haya arrepentido de su maldad o no se haya arrepentido de su maldad, la biblia nos narra que el arrepentimiento divino tiene que ver con esto. A Dios le dolió haber hecho al hombre porque avanzaba en su pecado sin control, sin arrepentimiento, así que Dios se arrepintió de haberlo hecho y trajo el diluvio. Al Señor le pesó haber puesto a Saúl como rey porque aquel podía andar en sus caminos sin tener en cuenta a Dios y no se arrepentía. Como vemos el no arrepentimiento por parte del hombre hizo que Dios se arrepintiera.

De otro lado, vemos que el pueblo de Dios en ocasiones se arrepintió, Nínive, una nación gentil, también lo hizo y Dios se arrepintió del mal que había anunciado traerles si no se convertían. Como vemos el arrepentimiento del hombre hizo que Dios se arrepintiera.

Dios es el que produce el arrepentimiento en los individuos

Es aquí donde abordamos un asunto que nunca podremos entender a cabalidad y es que el hombre por su condición de pecado que trae desde que es concebido, está totalmente incapacitado para responder al llamado que Dios le hace al arrepentimiento de su pecado (Ef.2:1,ss), aunque es responsable de arrepentirse. Siendo así, la Biblia nos narra que si bien es el individuo quien se arrepiente, es Dios quien produjo ese arrepentimiento y no es algo que naturalmente venga del hombre (Hch.5:31; 11:18; 2 Tim.2:25). Eso quiere decir que el hombre no se puede arrepentir por sí mismo, sino que es Dios quien le concede como un don el arrepentimiento.

De otro lado podemos entender que si Dios manda a arrepentirse a todo hombre de su mal camino y convertirse a Él y vemos que individuos responden a Dios arrepintiéndose, es porque Dios mismo les concedió que se arrepintieran, de lo contrario nunca hubiesen podido hacerlo. Es así que sea lo que sea que signifique el arrepentimiento en Dios, debemos saber que éste está ligado al arrepentimiento del hombre que Dios mismo produce o no según su voluntad.

¿Qué tal si reunimos los datos?

Para el momento y antes de explicar finalmente que quiere decir la biblia con arrepentimiento en Dios, en nuestra mente debe estar lo siguiente: Cuando la biblia habla de arrepentimiento en Dios no está hablando del mismo arrepentimiento que vemos en el hombre quien puede arrepentirse por maldad, incapacidad o reflexión. Dios no puede arrepentirse de esa forma porque Dios es santo, todopoderoso y ha hecho un plan que no puede ser mejorado pues es perfecto como Dios lo es. Además, para esta altura, debemos entender que el arrepentimiento en Dios siempre viene en un contexto de juicio al hombre y que tiene que ver con el arrepentimiento del hombre mismo. Pero concluíamos que este arrepentimiento humano, es provisto soberanamente por Dios.

Así que:

1. Cuando vemos que la Biblia habla del dolor, pesadumbre y arrepentimiento en Dios nos da a entender por un lado, la tristeza y desagrado real de Dios a causa del mal comportamiento del ser humano impenitente. Es decir, en muchos de estos textos puede ser parafraseado como que le dolió a Dios el estado del hombre o su pecado. En un sentido absoluto Dios no puede tener sentimientos como los nuestros, pues los nuestros son reaccionarios o debilidades o modificaciones en el carácter, asunto que en Dios no se presenta. De nosotros se puede decir que en ocasiones nos dejamos llevar por ellos pero no así con Dios.

De este lado de la eternidad solo nos toca tener en cuenta que los ‘sentimientos’ de Dios no son como los nuestros, en Él son perfectos, soberanos, no constituyen una debilidad patética en su carácter como los nuestros, ni son una reacción a las circunstancias. Sin embargo, Dios ha querido presentarse en las Escrituras como quien interactúa de manera real en todo asunto. Estas expresiones de los ‘sentimientos’ de Dios, nos señalan que Él es un Dios- Persona, no una energía impersonal, sino un Dios que interactúa con su creación de una forma real, pero soberana. Esto implica que aun sabiendo la reacción del hombre ante tal o cual circunstancia, se alegra, se entristece y responde al actuar del hombre.

2. Dios en su decreto ha establecido condiciones que si se cumplen, hacen que se desarrollen sus planes perfectamente. Dios en su decreto soberano, estableció muchas veces condiciones para llevar a cabo sus planes eternos. Dios quien ha establecido lo que va a acontecer también ha decretado el cómo va a cumplir sus decretos y allí entra la respuesta del hombre.

En el caso de Nínive, por ejemplo, Dios estableció el arrepentimiento de Nínive como condición para no destruirla. En el caso de Moisés y el pueblo de Israel, Moisés debía tomar el puesto de Mediador entre el pueblo y como tal debía interceder por el pueblo y de cumplirse esto Dios tendría misericordia. No nos debe parecer extraño, Dios ha decretado la salvación de muchos y ha puesto una condición, que ellos crean para que sean salvos. Así Dios de antemano sabe quiénes serán salvos porque así lo ha determinado en su decreto, pero también ha condicionado su salvación al hecho de creer en Cristo.

3. Las respuestas del hombre a sus condiciones no se salen de lo decretado. Eso quiere decir que cuando el hombre cumple las condiciones que Dios ha puesto para algo, recibe realmente lo que se le prometió si cumplía dicha condición, pero que esa respuesta del hombre cumpliendo esa condición, le fue dada por Dios como un don, porque también estaba en su decreto que la iba a cumplir.

Así, Dios no solo había mandado y establecido que los de Nínive se arrepintieran sino que había decretado desde antes de la fundación del mundo que los Ninivitas se arrepentirían y que Él obraría en misericordia. Los decretos de Dios, por supuesto están ocultos a los ojos del hombre y solo podemos guiarnos por su palabra escrita y en el caso del A.T. por su palabra hablada. Dios perfectamente sabía cuál sería la respuesta de Nínive, de Moisés y otros, ¡porque Él mismo lo había decretado! Así que no le tomó por sorpresa estas respuestas del hombre y les anunció lo que era Justo hacerles y lo que haría de encontrar arrepentimiento en ellos. Por supuesto Dios mismo concede arrepentimiento a alguien y cuando ellos cumplieron la condición, entonces Dios tuvo misericordia o se ‘arrepintió de hacerles mal’.

4. La expresión: Dios se arrepintió, debe ser vista como si Dios cambiara de parecer cuando se cumplen las condiciones establecidas por El dentro de sus planes eternos para el mundo y la humanidad. Pero es solo un lenguaje humano para referirse a la complejidad de asuntos que pasaron. Tal parece que Dios cambió de parecer porque había anunciado algo que finalmente no hizo. Pero podemos explicarlo, que en su decreto, decidió anunciar juicio como medio para que el hombre se conmoviera y se arrepintiera y si lo hacía, Él tendría misericordia. Luego Dios les concede el arrepentimiento y cuando ellos se arrepienten, les concede misericordia y no juicio. El hombre mira esto como arrepentimiento en Dios y es precisamente a todo este complejo de cosas a las que la Biblia le llama arrepentimiento divino.

CONCLUSIÓN

Cuando Dios en toda su justicia pudo haber traído juicio o destrucción y por supuesto, era lo que el hombre esperaba que sucediera, pero decidió dar una respuesta misericordiosa, la Biblia lo registra como arrepentimiento en Dios. Pero dejemos en claro que si su decreto hubiese sido la destrucción, no le concede a nadie cumplir con sus requisitos y trae su juicio. (Jeremías 7: 16). En algunos casos vemos el anuncio de Dios de obrar en su justa ira y si lo hubiese hecho era lo correcto. Sin embargo el pueblo se arrepiente, reconoce que lo que merecen es ira y se humillan ante Dios y Él en lugar de derramar lo que es justo, sigue obrando en misericordia y paciencia. Para nosotros Dios se arrepintió de hacernos mal por nuestro arrepentimiento, y aunque de una manera puede ser visto así, pero al mirar la otra cara de la moneda, Dios en su plan había decretado nuestro arrepentimiento y nos lo concedió, pues quería mostrar su misericordia anunciando su ira.

Aun así, Dios exige del hombre el cumplimiento de sus deberes, pues el hombre no debe guiarse por el decreto porque ni siquiera lo conoce. Es necio que el hombre piense acerca de lo que Dios habrá o no decretado y más bien debe atender a los mandatos de Dios a dejar el pecado y arrepentirse de si maldad. Así que lo oculto para el hombre son sus decretos, pero lo revelado, la Palabra de Dios es para nuestra guía. (Dt. 29: 29).

El hombre debería ser más rápido en reconocer su pecado y proceder al arrepentimiento pues es lo que Dios ha ordenado y sabrá que si se arrepiente, Dios tendrá misericordia y se arrepentirá de traerle el juicio que merece, pero también sabrá que si cumple dicha condición de arrepentirse, es porque Dios así se lo concedió de acuerdo a su plan inmutable. Solo a Dios sea la gloria.

Jorge E. Castañeda D.
16 noviembre, 2013

-¿DIOS SE ARREPIENTE? (I)

Seguramente podremos intuir la complicación de este tema aun cuando no lo hayamos pensado muy bien. De hecho no podemos abordar el tema sin una cuota de sacrificio y esmero en el estudio de la Biblia. Sea cual sea nuestra posición actual, debemos siempre velar porque la honra de Dios no se vea menoscabada y porque la Palabra de Dios sea atendida. Por un lado no queremos presentar a un Dios que comete errores que se frustra en sus planes y se arrepiente. Por otro lado no deseamos esquivar las veces que la misma Biblia nos dice que el Señor se arrepintió.

Cuando abordamos este tema debemos procurar tomar en cuenta todos los datos Bíblicos y no parte de ellos. Al tener en cuenta todos los datos, debemos armonizar de la mejor manera lo que todo el consejo de Dios nos dice. Así vamos a honrar su Palabra al no mutilar parte de ella solo porque nos es difícil entender.

Además es sabio y muy útil, movernos de los más claro y fácil, a los más difícil y oscuro y nunca al revés. Así que vamos a abordar el tema desde lo que es más obvio y claro en las Escrituras y luego vamos precisando mas las cosas.

El Problema Planteado

Si leemos los textos a continuación, como una muestra, podremos ver que el tema amerita tratarse:

Nm. 23:19

Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?

1Sam. 15:29

Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.

Gn. 6:6

Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón.

Ex. 32:14

Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

Jon 3:10

Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo.

A primera vista se puede ver como una contradicción bíblica pues los primeros textos niegan que Dios se pueda arrepentir porque no es hombre y es glorioso y los últimos aseguran que Dios se arrepintió. Esta expresión se encuentra más veces en el A.T. 2 Sam.24:16; 1 Cron.21:15; Jer.20:16; 26:19; Am.7:3 y 6.

Tomando en cuenta los datos podemos ver que Dios desea que entendamos que arrepentirse es propio del hombre y de creaturas que no son poderosas o gloriosas. Por otro lado, en contextos del juicio de Dios, también Él quiere que entendamos que hay un arrepentimiento de parte suya. Así que si vamos a concluir algo hasta ahora, es que Dios no se arrepiente de la misma manera que el hombre. Dicho de otra forma, cuando la Biblia dice que el hombre se arrepiente, no podemos pensar que estamos hablando de la misma manera como Dios se arrepiente. Hay una diferencia entre cómo Dios lo hace y el hombre lo hace.

Las maneras de arrepentirse

¿Por qué nos arrepentimos como hombres? Seguro que nos arrepentimos al menos en estas situaciones en general:

Cuando lo que hemos planeado o hecho es malo.

En ocasiones nos arrepentimos por la calidad moral de lo que hicimos, es decir, porque moralmente lo que planeamos o realizamos es pecaminoso. Así que contrastado con la ley moral y el carácter de Dios, aquello que planeamos o hicimos, fue contrario o se quedó corto. Eso debe producir arrepentimiento porque precisamente eso es lo que la Biblia llama pecado. Pero esto no le pasa a Dios.

Cuando lo que hemos planeado o hecho salió mal.

En ocasiones  planeamos u obramos con la mejor intención de hacer algo bueno, pero no salió de la manera planeada, no por algo pecaminoso sino porque sencillamente no tuvimos el poder de controlarlo todo, las cosas no salieron como esperábamos. Esto nos frustra porque la intención era buena, pero no pudimos, literalmente, llevar a cabo ese plan y por eso nos arrepentimos. Pero a Dios esto no le ocurre.

Cuando reflexionamos más adelante acerca de algo que pudo haber sido mejor.

Otras veces estamos satisfechos con algo que planeamos o hicimos en determinado momento, pero con el tiempo y pensándolo mejor o tal vez adquiriendo mayor conocimiento, vemos que las cosas pudieron haber quedado mejor y nos sentimos insatisfechos ahora. En su momento no teníamos más elementos para juzgar, pero con el tiempo tenemos más madurez y sabemos que lo que nos trajo satisfacción en un momento, pudo haber sido mejor y ahora nos arrepentimos. Pero de nuevo, esto no aplica con Dios.

Así que al repasar las posibles causas por las que los seres humanos nos arrepentimos y conociendo en algo, el carácter de Dios expresado en las Escrituras, ninguno le aplica a Dios ni siquiera de una pequeña manera.

Dios es santo y todo lo que planeó y hace es bueno.

De Él nos dice la Biblia que es Santo en gran manera (Is.6:3), que es el Único Bueno (Mt.19:17a), y que su voluntad es perfecta (Rom.12:2). Sea lo que signifique que Dios se arrepiente, no lo hace como producto de ver que sus planes u obras son moralmente malas, porque eso contradeciría su mismo carácter y Dios no puede negarse a Sí mismo (2 Tim.2:13). Siendo Dios perfecto en santidad, no pudo planear o hacer algo que no salga de Él como algo santo, bueno y justo (Ex.15:11; Sal.29:2). Así que todo lo que planeó y hace está de acuerdo con su carácter el cual es perfecto en santidad. No hay una medida más alta que Su carácter por la cual se midan si las cosas son buenas o malas, Él es el Estándar máximo de todo y no hay en Él ningunas tinieblas, así que no puede arrepentirse de haber hecho algo moralmente malo.

Dios es todopoderoso y no le falta poder para llevar a cabo sus planes.

Además, ¿Hay algo que sea imposible para Dios? (Mt.19:26; Lc.1:37). De hecho hay dos cosas que le son imposibles: Negarse a sí mismo (2 Tim.2:13), es decir, contradecirse y mentir o faltar a su decreto (Hb.6:18). Pero si hablamos del ejercicio de Su poder sobre todo lo creado, podemos saber que su creación no es inmanejable sino que la controla perfectamente. Eso no solo es una muestra de su poder sino de su soberanía absoluta sobre todas las cosas. Lo que planeó lo realiza tal y como fue diseñado, porque tiene todo el poder y el gobierno para realizar exactamente lo que dijo. Nada creado puede entorpecer sus designios, así que no se frustra porque las cosas salieron mal y no pudo remediarlas a tiempo. No puede arrepentirse no frustrarse por falta de poder para hacer algo (Dn.4:35).

Dios es inmutable y no corrige ninguno de sus planes porque no pueden ser mejores que lo que ya son.

La inmutabilidad de Dios nos enseña que Dios no cambia, en su naturaleza, es decir en su Ser, ni en su carácter moral, ni en su decreto. Eso quiere decir que Dios no es uno hoy y mañana otro. Poderoso hoy y débil mañana. Bueno hoy y malo mañana, misericordioso hoy y cruel mañana. Más bien siempre es el mismo. Además de eso, Dios nunca cambia su carácter moral, es decir, lo que para Dios es bueno o malo antes de la fundación del mundo, es bueno o malo ahora y lo considerará bueno o malo por toda la eternidad. Un infierno eterno es testigo que para Dios el pecado siempre va a tener la misma calificación moral

Pero la inmutabilidad de Dios nos dice que Dios desde antes de la fundación del mundo ha hecho un solo plan llamado decreto. Dios no se la pasa planeando en el tiempo o pensando en la marcha que hacer, sino que desde antes lo ha planeado todo y en el tiempo solo ejecuta su plan. Dios hizo planes para el mundo que son inmodificables. Todo en absoluto está decretado, planeado por Dios desde antes de la fundación del mundo. Esto además significa a Dios las cosas no le toman por sorpresa (Is 44: 6 – 7; Dn 4: 35. Ef 1: 11; Sal 33: 9, Hch 4: 28). El decreto nos enseña que todo está planeado por Dios y hecho o permitido activamente por Dios.

No planeó un asunto que después en la marcha deba corregir. Ese plan o decreto, realizado desde antes de la fundación del mundo abarca todo en absoluto y no puede ser mejorado porque Dios es perfecto. Dios nunca crece en conocimiento porque es la medida más alta de sabiduría y conocimiento. Nunca madura o mejora porque Él es perfecto y absoluto. Así que no llega un tiempo donde reflexiona, piensa mejor o madura. ¡De ninguna manera! Siempre ha sido, es y será quien es y no puede ser más perfecto en su decreto de lo que ya es. Así que su decreto es el reflejo de su carácter perfecto y no pude arrepentirse de haber decretado algo que podía ser mejor, porque ese decreto, no puede ser mejor.

Tomando en cuenta estos datos, entonces llegamos a la misma conclusión que en nuestro punto anterior. Dios no se arrepiente de la misma manera que el hombre se arrepiente. Así que nos toca definir muy correctamente y no de acuerdo a nuestro diccionario mental, lo que la Biblia quiere decir cuando dice que Dios se arrepiente de algo. Pero por ahora, sea lo que sea que signifique, cuando hablamos de arrepentimiento en Dios, no estamos haciendo referencia a lo mismo que cuando hablamos que el hombre se arrepintió.

Jorge E. Castañeda D.