UNA CONFESIÓN DE FE

No es muy común hablar hoy en la iglesia evangélica de Credos, Símbolos o Confesiones de fe. Estas palabras más bien parecen sacadas de los anaqueles del catolicismo romano y son asociadas extrañamente con dogmatismo ciego más que con luz doctrinal. Somos parte de una generación, hija de nuestro tiempo, que ha sabido vivir su cristianismo desligada de sus propias raíces, más bien combatiéndolas. Así, el estudio de los Credos ha venido a ser para muchos, casi un lujo académico de los amantes de antigüedades, pero sin ningún fruto provechoso ni práctico para la iglesia de hoy. Muchos cristianos ignoran las controversias doctrinales de la antigüedad y aunque hoy están de pie sobre la base de formulaciones ortodoxas correctas que resultaron en Credos, parece que consideran el estudio de las Confesiones de fe, una pérdida de tiempo, cuando no un motivo de contiendas innecesarias en la iglesia. 

Quizás la iglesia de hoy ha menospreciado su encargo histórico. Conocemos por 2 Timoteo 1:13-14:‘Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros’, que la iglesia ha recibido un depósito doctrinal y la forma o norma de las sanas palabras, que la iglesia es esa estructura espiritual debe retener la verdad en sus contenidos y formas correctas o lineamientos adecuados o estructura correcta. No se encargó a la iglesia guardar ciertas verdades o ciertas prácticas, sino las verdades y prácticas que definen lo que es el evangelio, se le encomendó diferenciar lo que es la sana doctrina de lo que no lo es, de lo que no se puede llamar sana doctrina o verdad y preservarla. El encargo no se trata de generar verdades cada momento, se trata de la pedagogía de recibir un legado que debe ser guardado, retenido por el Espíritu Santo y comunicado a otros con suprema fidelidad (2 Tim.2:2). 

Quizás también la iglesia de hoy no ha implicado correctamente lo que es ser ‘columna y baluarte de la verdad’ (Cf.1 Tim.3:15). No solo es relevante la exhortación a ser el soporte de la verdad, a saber, esa estructura espiritual que sostiene, aguanta y lleva en sí la verdad del evangelio, sino que es muy importante observar que se reconoce la existencia de un cuerpo de doctrinas llamada ‘verdad’, algo particular, concreto, que podía diferenciarse de lo que no lo era y que debía ser soportado y vigilado. En orden eso significa que la iglesia ha recibido un tesoro concreto y distinguible llamado verdad, que la misma iglesia debe, por el poder del Espíritu Santo, soportar, sostener y pasar con fidelidad a otros. 

Pero hemos de aceptar que ya para el año 50 d.C., (Mucho tiempo antes de las epístolas pastorales escritas aprox.63-67 d.C. y citadas primero), cuando el apóstol dirige la solemne advertencia a los Gálatas: ‘Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema’ (Gal.1:6-9), se concluye que la iglesia era consciente que ya poseía un conjunto doctrinal llamado: evangelio. Un cuerpo de doctrina fijo, particular, distinguible de aquello que no correspondía o que podía ser diferenciado. Algo que era inmodificable aun por los propios apóstoles. Este conjunto de cortinas recibidas, que debían ser preservadas, no son asuntos periféricos del cristianismo, sino doctrinas que definen qué es el cristianismo, qué es la sana doctrina, qué es estar en la verdad. 

Ahora preguntémonos, ¿Estos solemnes encargos leídos anteriormente, correspondían solo a la iglesia del primer siglo? Si así hubiera sido, no tendríamos certeza que hemos recibido la fe verdadera, porque si la segunda generación de cristianos omitió esta labor o no la relacionó con sus responsabilidades, si perdió el deposito, la norma de las sanas palabras, si no fue el soporte de la verdad y ya no la tiene en su seno, ¿Cómo saber si tenemos o no un evangelio distinto? Pero ¿Crees que el Espíritu Santo ha venido trabajando en su iglesia desde pentecostés? ¿Crees que cada generación ha entregado a hombres fieles el depósito? ¿Crees en la existencia actual de un organismo llamado iglesia que soporta la verdad dentro de sí? 

La iglesia ha asumido que estas exhortaciones corresponden a sus responsabilidades y desde el primer siglo ha tomado, a veces con más fuerza que otras, la tarea de retener la fe, de guardarla con celo y de traspasarla a la próxima generación de creyentes. Puedes mirar el ánimo de vindicar la fe del conocido Credo apostólico, llamado así por la síntesis más básica y trinitaria del cristianismo apostólico, no porque los apóstoles la hayan redactado. Puedes corroborar la manera en que la iglesia entendió su papel yendo por los Credos llamados ecuménicos. Ecuménicos, no en el sentido moderno de la palabra sino en el sentido de universales, porque representaron en general el “universo” evangélico del momento (Niceno-Constantinopolitano [Nicea 325 y puntualización en Constantinopla 381], Atanasiano y el de Calcedonia 451). Mira las confesiones de fe en la Reforma y posterior a ella. La iglesia es una iglesia confesante, que se goza en la claridad de la verdad, en guardar y promulgar la verdad. 

a. Aspectos introductorios

– ¿Qué es una Confesión de Fe?

Podemos afirmar que un credo, confesión de fe o símbolo, es una declaración doctrinal a manera de resumen o síntesis lo más sistemática, precisa y concreta posible. La distinción más noble de una confesión de fe es pues la procura de ser tan fiel a la Palabra de Dios como sea posible y en armonizar las doctrinas bíblicas de manera que todo el Consejo de Dios sea honrado. Por ello cada frase en las Confesiones históricas tiene un soporte bíblico que procura demostrar que dichas declaraciones, corresponden a lo que la Palabra de Dios enseña. En esto quiero enfatizar, pues la legitimidad de una Confesión de fe se encuentra en extraer las doctrinas bíblicas, ordenarlas y armonizarlas, jamás en someter a la Biblia a presupuestos denominacionales. 

Si bien hay declaraciones doctrinales muy generales, organizadas según el propósito, sean verticales, para enseñarnos el sistema de doctrina desde Dios, el hombre, Cristo, la salvación,  etc., u horizontales, empezando por lo que somos y tenemos en Cristo hacia lo demás, o quizás organizadas de manera que solo enfaticen un tema particular en doctrina o la procura de representar las doctrinas que definen la sana doctrina, toda confesión doctrinal tiene como objetivos la precisión doctrinal en contra de la ambigüedad, la armonía doctrinal en contra de la confusión, la defensa de la verdad en contra del error. Aquí cito a un autor: “algunas confesiones de fe actuales procuran minimizar las diferencias que existen entre los credos y buscan puntos de acuerdo sin dirigirse directamente a los desacuerdos. Este no fue el caso para las confesiones del pasado, especialmente las de la época de la Reforma. Los reformadores luteranos, calvinistas y aun católicos hablaron claramente.  De ninguna manera consideraron que ignorar los asuntos serios que dividían sus iglesias fuera algo positivo.  Todos sentían una fidelidad genuina a sus posiciones y no temían explicarlas y defenderlas y fruto de ello su esfuerzo de años por escribir credos y confesiones”. 

– ¿Qué es entonces ser confesional? 

El sentido más amplio de ser confesional

Déjame plantear un asunto importante aquí. Muchos cristianos quieren huir despavoridos de ser relacionados con ser confesionales. Por muchos motivos que quizás veremos en brevedad más adelante, no desean ni siquiera estar al lado de quienes afirman un credo ni de quienes hablan de su necesidad. Ellos afirman que su credo es la Biblia y punto. Esta falsa dicotomía, credo o la Biblia, hace parecer que los cristianos que adoptan una confesión de fe, no son bíblicos y los que no adoptan un credo, sí que lo son. Sin embargo, el problema no desaparece, porque en un sentido amplio y muy genérico, todo cristiano es confesional. 

Si le preguntáramos a un evangélico ¿Crees en la Biblia? ¿Crees en el Señor Jesucristo? ¿Crees en la divinidad de María? Aquí él nos delimitaría el contenido de su fe en parámetros generales distinguibles al contestarnos sí o no. Hay cosas que no cree, hay cosas que sí. ¿No es eso una definición doctrinal? Ahora, vamos adelante en las preguntas, pero esta vez aún más particulares: ¿Qué crees de la Biblia? ¿Crees en la inspiración y su inerrancia? ¿Qué crees de Cristo? ¿Crees en su deidad y sus oficios? Etc. Así que aquí hay una definición más puntual y especifica del contenido de la fe. ¿Por qué sacarían de la comunión de una iglesia a un individuo que afirma creer en la predestinación como les ha pasado a muchos de ustedes? Porque esa iglesia, así no lo acepte, tiene una confesión de fe. 

El problema aquí es que esa confesión de fe es algo privada, subjetiva, quizás reposa en la opinión generalizada, pero es maleable, se estira o se encoge, fácilmente es expugnada, enfatizada o despreciada. A veces no es ni del conocimiento de todos y reposa solo en la mente del líder de turno. Muchas veces solo representa los asuntos logísticos y superficiales de una denominación, pero no la verdad, no el evangelio, no las doctrinas. Pero sea como sea, es una falacia pensar que hay un grupo de evangélicos que no tengan una especie de credo, ya al ser evangélicos han tenido que evaluar los demás sistemas para serlo. 

El Sentido más restringido de ser confesional

Pero en un sentido más restringido, ser confesional es adoptar consciente, inteligente y libremente un credo doctrinal definido, público y más aún, histórico. Hablo de forma consciente e inteligente para contrastarlo con algo que se asume por mera inercia espiritual. Uso las palabras “adhesión consciente, inteligente y libre”, por aquello que la gente puede llegar a creer porque es la costumbre o la creencia generalizada de cierto grupo. Cuando hablo de “público” lo hago para contrastarlo con aquello que solo reposa en la mente o en la conciencia profunda de los lideres o de un grupo selecto de la iglesia.  Como podrás ver, las diferencias saltan a la vista. Aquí se presupone que tal iglesia tiene una Confesión de fe y que no la oculta, sino que es pública. Que esa confesión de fe no está al alcance de ser moldeada por las demandas del día a día de la iglesia. Que esta confesión de fe representa el entendimiento doctrinal e histórico de dicha iglesia. 

Más restringidamente, la palabra confesional habla de la conformación a una confesión de fe histórica que surge de la reforma histórica. Las Confesiones de fe reformadas generales (a diferencia de las estrictamente denominacionales) tuvieron la particularidad de incluir en líneas generales las verdades de los concilios pasados. Así incluyeron doctrinas como la Trinidad, la deidad y las dos Naturalezas de Cristo, asuntos que, por ejemplo, se discutieron en concilios pasados. Pero sistematizan de la mejor manera, las principales doctrinas de la fe evangélica. Quizás con la expectativa que una iglesia verdaderamente evangélica, aun cuando crea más que eso, jamás creyera menos que eso y siempre dentro de esos límites. 

A diferencia del consenso actual donde se resume la doctrina cristiana a cinco o diez cosas muy generales, algo vagas o poco concretas, las confesiones históricas gozaban de varios capítulos con sub puntos o párrafos explicativos. Por ejemplo, la Confesión de fe de Westminster resumió las doctrinas bíblicas en 33 capítulos en más de 170 párrafos con su sustento doctrinal, la Confesión Bautista de Londres en 32 capítulos y más de 160 párrafos sustentados bíblicamente, La confesión histórica de la iglesia anglicana en 39 artículos y la luterana (De Augsburgo) en 29 artículos. Más precisión, más claridad, más definición, caracterizó la iglesia en sus mejores momentos de entendimiento doctrinal. ¿Qué puede estar pasando hoy? 

– ¿Cuál ha sido el proceder histórico de la iglesia al respecto?

Así que podemos afirmar que la iglesia, es una iglesia confesante. Cuando la iglesia tiene vida espiritual, afán y celo por la verdad, cuando ha tenido más claridad bíblica, la iglesia ha confesado su fe con más precisión. La iglesia no solo tiene cabeza para entender, no solo tiene manos para hacer, tiene también boca para confesar lo que cree y ¿Por qué? Porque la vida de la iglesia se desarrolla en terreno enemigo donde reina la oscuridad, la confusión, la ambigüedad.

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