LAS IMPLICACIONES PRÁCTICAS DEL CALVINISMO (Extracto)

Por: Albert Martin

B. B. Warfield describe el Calvinismo como “Aquella visión de la Majestad de Dios que se extiende a toda la vida y a toda la experiencia”. En particular, por lo que se refiere a la doctrina de la salvación, su agradable confesión se resume en estas significativas palabras: DIOS SALVA A PECADORES. Ahora donde quiera que somos confrontados con estas grandes declaraciones doctrinales de las sagradas escrituras, Dios no nos deja simplemente con una declaración doctrinal.

El propósito de poner la verdad de Dios en la mente del pueblo de Dios es para que la entiendan y puedan conocer su efecto en su propia experiencia personal. Por lo tanto, los grandes temas doctrinales de Efesios capítulos 1, 2 y 3 son seguidos por la aplicación de estas doctrinas a la vida práctica y a la experiencia en los capítulos 4, 5 y 6. El objetivo por el cual Dios nos dio su verdad no fue simplemente la instrucción de nuestras mentes; sino más bien la transformación de nuestras vidas.

Pero una persona no puede venir directamente a la experiencia de la vida, sino que debe venir mediante la instrucción de la mente. Entonces la verdad de Dios es dirigida al entendimiento y el Espíritu de Dios opera en el entendimiento como el Espíritu de sabiduría y conocimiento. El no simplemente ilumina la mente para que los cajones de archivo del estudio mental rebosen de información. Dios instruye la mente con el propósito de transformar la vida. Entonces ¿Cuáles son las implicaciones personales de la verdad y del pensamiento calvinista en la vida del individuo y en el ministerio ejercido por el individuo? […] ¿Cuáles son las implicaciones del pensamiento Calvinista, esta visión de la Majestad de Dios y de la verdad salvadora de la Escritura en lo que se refiere a nosotros como individuos?

En respuesta a esta pregunta volvamos a aquel principio general que B.B.Warfield llama “El principio formativo del Calvinismo”. Cito las palabras de Warfield : “Déjeme repetirlo, el Calvinista es la persona que ha visto verdaderamente a Dios y que tiene una profunda aprensión de la Majestad divina, y una intensa comprensión (acompañante inevitable de esta aprensión) que proviene de la relación sostenida con Dios por la criatura como tal, y particularmente por la criatura como pecadora. El Calvinista es una persona que ha visto a Dios y que, habiendo visto la gloria de Dios, está por un lado lleno de su propia indignidad ante la presencia de Dios como criatura y mucho más como pecador; y por otro lado, lleno de un asombro admirable del [hecho] que este Dios recibe a los pecadores. El que cree en Dios sin reserva y determina que Dios será Dios en todo su pensamiento, emociones y voluntad (en la total extensión de sus actividades diarias, intelectual, moral y espiritual) a través de toda su relación individual, social y religiosa es (por fuerza de la más estricta lógica que dirige el mejor de los principios en la vida y en el pensamiento y por la misma necesidad del caso) un Calvinista”.

Note que cuando B.B.Warfield define el Calvinismo y el Calvinista, usa palabras de una naturaleza fuertemente experimental. Las palabras “aprensión” y “comprensión” tratan primeramente con el entendimiento, aunque van más allá de esto. Pero cuando consideramos las palabras tales como “visto a Dios”, “lleno con un sentido de su propia indignidad”, “asombro admirable”, “pensamiento, emociones y voluntad”; nos damos cuenta de que estas son palabras que hablan de la experiencia de la persona. Warfield, en realidad, está diciendo que ninguna persona es un Calvinista, ni es verdaderamente Bíblico en su concepto de Dios, ni es verdaderamente religioso, ni es verdaderamente evangélico, hasta que estos conceptos hayan calado en las fibras nerviosas de su experiencia. En otras palabras, Warfield diría que un Calvinista académico es un falso nombre, un nombre tan equivocado como hablar de “un cadáver viviente”. La muerte ocurre cuando el alma se separa del cuerpo, y Warfield nos enseña que cuando el alma del pensamiento calvinista muere o se ausenta, entonces lo único que permanece es un cuerpo muerto, una peste en la nariz de Dios y frecuentemente una peste para la iglesia cuando esto es hallado en un ministro.

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