EL ABORTO PROVOCADO (I)

Cada cierto periodo de tiempo se vuelve a poner sobre la mesa la discusión pública y política del aborto. Aunque pareciera que en una época como la nuestra es impertinente seguir insistiendo en estos temas pues muchos afirman que es algo normal, necesario y algo ya superado, es necesario volver a señalar la importancia de no clausurar el asunto a la manera de la filosofía actual, sino darnos a la tarea de intentarlo clausurar de manera correcta. La sensación que hay en el ambiente actual y las discusiones presentes asumen las cosas es como si ya todo estuviera claro en cuanto al tema, es simple: libertad, derecho femenino, conveniencia medica, salud pública, subdesarrollo ¡Y listo!

Visto así, está de más opinar sobre el tema del aborto, mucho más cuando los grandes de este mundo y las grandes naciones, políticos, pensadores, feministas y más ya han dado su opinión ‘sabia’ y claro, esta debe ser la correcta y más aun, la que debe regir a los países que apneas estamos asomando la cabeza al desarrollo.

Como lo advertimos, el sensible debate acerca del aborto, se ha intentado situar a un nivel de salud pública, control de la natalidad y derechos individuales. Se ha hecho un esfuerzo muy grande, por sacar esta discusión del ámbito moral. Ha sido una tarea creativa, pero ha bastado con ir cambiando términos, manipulando información y mirando a los países desarrollados (Económicamente) como parámetro a seguir (Y aclaro que es un desarrollo económico porque en valores morales son subdesarrolladas). Y es que lamentablemente a partir de la legalización del aborto en algunos países desarrollados, los países en vía de desarrollo, han sido estimulados a no quedarse atrás y bajo la “amplitud moral” de los países avanzados y hemos intuido un permiso general para hacerlo.

Han sido muchas las maneras, en que los defensores del aborto, han intentado promover en la cultura este acto e introducir de una forma ‘legal’, en los gobiernos, esta práctica. Sus hábiles argumentos van desde postulados generales, objetivos y públicos hasta los postulados particulares, subjetivos y privados. La argumentación filosófica del aborto se lleva a cabo desde un dialogo académico y formal, en algunos círculos. En otros la argumentación es mas existencial y situacional, y en otros, las razones subjetivas bastan para llevar a cabo esta práctica. Lo cierto es que en todos los países, la cantidad de abortos provocados va en aumento, lo que ha hecho pensar que la gran solución es la despenalización del aborto. Las preguntas han pasado del ¿Por qué ha de hacerse? Al ¿Por qué no debe hacerse?

El avance científico y la moral posmoderna, han sido dos factores que han colaborado en la propagación del aborto. Los medios de comunicación han difundido con éxito, lo que los abortistas han querido que sepamos y aceptemos. Trágicas historias son contadas en detalle, enfrentando problemas sociales muy complejos a los problemas morales, no dando otra alternativa a quienes ven y escuchan dicha información que “aceptar el aborto como única salida”. Además, los medios de comunicación han colaborado acomodándose al argumento pro aborto, generalmente poniendo en términos de subdesarrollo, injusticia, atraso e inaplicabilidad, los argumentos en pro de la vida. Su manipulación es evidente, lo que generalmente desemboca en una ridiculización de los argumentos en pro de la vida y una exaltación y racionalización de la filosofía abortista.

Lamentablemente, las leyes mundiales, se dirigen hacia este objetivo a prisa. Tal parece que la necesidad de salud pública es muy apremiante y la despenalización del aborto es la solución. Para el problema de los abortos clandestinos y riesgosos, la solución es el aborto despenalizado. Para el problema de adolecentes pobres embarazadas, la solución el aborto. Para el problema de las violaciones o malformaciones, la solución es el aborto. Quienes no confluimos en este mismo pensamiento esperamos que este mismo parámetro de quitar la vida a conveniencia, no se use para “solucionar” el problema del desempleo, la violencia, la drogadicción, etc.

La pregunta es ¿Qué más nos espera? Sin duda, esta puerta abierta, bajo parámetros “claros” y “legales” en un principio, será la entrada a demás actos similares, que atentan contra la vida del hombre. Pensemos que bajo este proceder, por ejemplo, solo ha bastado con no llamar persona al feto, pata poder disponer de él a nuestro antojo. Bajo este mismo proceder es muy fácil no llamar existencia digna o vida digna al que está en estado de coma y dejar en mano de los “intérpretes” de las leyes, el futuro de nuestra sociedad.

Mucho esfuerzo concentrado en despenalizar el aborto, resultara con el tiempo en su Legalización y posterior acrecentamiento, como se evidencia en el proceder de esos países que ahora no lo penalizan. Se quiere hacer ver el aborto desde otra óptica, aceptable en casos de malformación, resultado de una violación o incesto o cuando la vida de la mujer está en peligro. Las estadísticas están a la mano, no es el propósito de este escrito el revelarlas. Pero una somera investigación puede dar fe que quienes optan por un aborto en la actualidad no es en su mayoría por estas razones tan defendidas por los pro abortistas.

En la actualidad, la mayor parte de los abortos son llevados a cabo por niñas y jóvenes cuya vida sexual es bastante activa, licenciosa y generalmente prematrimonial, no por los motivos que los pro abortistas quieren dar a entender. La “solución” que se ha legislado, no va al punto principal, a la raíz del problema. Pese a todo esfuerzo por querer sacar la discusión a otras áreas, el aborto es un problema moral, de valores y principios. La Educación Sexual de los colegios y de las escuelas, la propagación de preservativos en sitios públicos, las campañas de anticoncepción, no han llegado a la raíz del problema. La educación en vida y valores, de principios morales absolutos, de normas establecidas fue echada al “cuarto oscuro” de la educación junto con el pudor y respeto por la vida, desembocando en la perdida de ellos. La despenalización del aborto, se levanta como emblema del fracaso educacional en valores de esta generación.

P. Jorge Castañeda

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