OFRECER CULTO A DIOS, EL DISTINTIVO DE LA LIBERTAD (2)

La historia posterior

Si ud es mediano conocedor de la historia posterior de Israel, el relato de Moisés y Faraón se repite con otros protagonistas varias veces en la historia del pueblo. Mucho de ella nos narra que los periodos más oscuros de esa nación, se experimentaron cuando el pueblo no observaba la adoración que Dios prescribió (Recuerde el tiempo de los jueces). Largos periodos de oscuridad se vivieron cuando adorar en el tabernáculo cesó o cuando no se hacía conforme las prescripciones divinas. Pero ¿En qué otras ocasiones el pueblo no tenía la oportunidad de adorar? Cuando su libertad era amenazada por naciones vecinas que les cobraban tributos y desocupaban el lugar de reunión (1 Ry.14:26). Tal parece que el Enemigo de las almas, dirigía los primeros ataques al pueblo de Dios, desarticulando el lugar de reunión o cesando sus prácticas y luego proseguía con lo demás.

Sin embargo vemos que la providencia de Dios nos los dejaba así, sino que permitía que encontraran la ley, que se restaurara el templo, que se restablecieran sus servicios, etc. Creo que hombres como Ezequías (2 Cron.29), Josías (2 Cron.34 y 35), Nehemías (Neh.13) y más, nos recuerdan que el intento de Dios siempre fue revertir el gran mal que se presentaba en el pueblo a causa de haber cesado su adoración corporativa tal como Él la había prescrito. Es más, los periodos de oro de la historia del pueblo de Israel, se llevaron a cabo cuando el templo fue erguido y sus servicios restablecidos formalmente. ¿Nota? Esclavitud, sea de enemigos externos o del pecado, resultaba en el abandono del culto al Señor cómo Dios lo había mandado. Por lo contrario cuando Dios mostró su misericordia y el pueblo experimentó de más libertad sea de sus pecados o de enemigos externos, el culto al Señor se levantó como testimonio.

Creo que ud recuerda la máxima muestra de esclavitud de dicho pueblo: El exilio. Allí se selló su suerte cuando su lugar de reunión fue quemado y además ellos quedaron lejos y dispersos para que no pudieran como pueblo congregado servir al Señor. Aquí está el lamento de uno estando en el exilio al que sus captores lea animaban a adorar al Señor así fuera en una tierra extraña (Sal.136:1-4): ¿Cómo cantaremos cantico de Jehová en tierra de extraños? Como puede ver, esclavitud y falta de adoración corporativa van de la mano.

A la luz del Nuevo Testamento

Si bien nuestro Señor Jesucristo enseñó con toda claridad a la samaritana que la verdadera adoración no se llevaría a cabo en un lugar especifico (Jn.4:24), es decir, que ya la figura del templo propiamente no debería sugerir adoración adecuada, no por eso la realidad del verdadero Israel de Dios, la Iglesia, desecha la idea de un ‘lugar’ donde Dios desea ser adorado. Podemos decir que lo que para el A.T. era el templo, el lugar de la adoración formal y corporativa donde Dios deseaba ser adorado según sus ordenanzas, para el N.T. lo es la Iglesia, entendiéndose por ella no el edificio donde se reúnen, sino la reunión propiamente de los redimidos de Dios para ofrecer culto.

Así que es en la reunión de la iglesia donde Dios quiere ser adorado conforme Él lo ha prescrito. Es allí, en las reuniones de la Iglesia para la adoración, donde ha prometido su presencia especial y donde se halla toda plenitud de Dios (Mt.18:19-20; Ef.1:22-23). Deseo aclarar que – como dice nuestra confesión- ahora, bajo el evangelio, ni la oración ni ninguna otra parte de la adoración religiosa están limitadas a un lugar…Dios ha de ser adorado en todas partes…así como de una manera más solemne en las reuniones públicas… (C.B.F. 22:6).

Pero es aquí donde de una mejor manera se ve esa relación de Libertad y reunión pública. Se podría decir que es ya en el N.T. donde se devela con toda claridad la unión entre lo uno y lo otro. Adorar al Señor públicamente es señal de libertad espiritual plena. La libertad espiritual resulta en libertad para el culto al Señor, se evidencia en tener permiso para adorar cómo en más disposición, entrega, asiduidad. Si solo miráramos uno de los ejemplos más claros, cuando la Iglesia andaba a la luz de esa libertad de adorar al Señor según el Nuevo Pacto ¿Cuál era su costumbre? Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y también, perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. (Hch.2:42 y 46-47).

Podemos notar que a más bendición de Dios, a más libertad, la iglesia goza de sus reuniones públicas. En aquel tiempo no solo gozaban de libertad interna, espiritual, sino que Dios les daba libertad externa para que pudieran seguir adorándole corporativamente (Hch.9:31).

Recordemos ese maravilloso texto que con firmeza exhorta a todos los creyentes a no abandonar las reuniones públicas de adoración, se puede decir, que es el texto clásico para esta exhortación: no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca, (Hb.10:25). Si miramos de cerca el contexto de dicha exhortación, no es raro encontrar que hable precisamente ¡De libertad!

Miremos ese contexto del v.19 – 22: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Aquí se cae completamente la falacia que afirma que el congregarse con asiduidad, con más disposición y entrega, es señal de esclavitud legalista. Es mentira que los creyentes que no se congregan según lo estipulado por su iglesia local, son más libres que los demás o que están luchando por su libertad, la verdad es que son más esclavos ¡Y están luchando por volverse a esclavizar!, pues libertad y congregarse frecuentemente, van de la mano. No puede ser sinónimo de libertad, estar atrapado por pensamientos, filosofías, ocupaciones o indisposiciones que impiden la adoración a Dios.

Faraón de nuevo

Si bien aquel Faraón que no deseaba que el pueblo fuera libre y adorara al Señor en tiempos de Moisés, hace tiempo yace en su sarcófago, su filosofía no ha muerto, pues detrás de ella está el enemigo de la iglesia que tiene un aliado en nuestra carne al que le gusta esclavizarnos. El hábil tentador sugiere que congregarse al culto público es esclavitud, que nadie puede decirte más que tú mismo que es bueno para tu alma, que con un poco de adoración corporativa es más que suficiente. Y claro, con respecto a las reuniones del día del Señor, el silbido de la serpiente antigua los convence de verlas como algo legalistas, algo que produce verdadera confusión en hijos de Dios que se dejan convencer.

Pero hermanos, es totalmente todo lo contrario. La realidad es que cuando una persona experimenta esclavitud en algún sentido, es cuando no se puede congregar con diligencia, asiduidad, buena conciencia y libertad. Pensemos en cuál es la primera reacción cuando se pasa por épocas de frialdad o tibieza espiritual ¿No es dejar de congregarse? Cuando una persona consciente un pecado del que no desea salir ¿No rechaza el exponerse a las reuniones eclesiales? Cuando los intereses mundanos se dejan prosperar en la vida de un individuo, ¿No es coincidente que dichos intereses choquen con la adoración corporativa y no con sus propios intereses? Cuando Satanás intenta esclavizar a un hijo de Dios y el mundo manejado por el príncipe de este mundo amenaza con su esclavitud y la vida del individuo está bajo la tiranía de la carne en algún aspecto, congregarse se vuelve una carga legalista seguramente.

Sea la esclavitud de no haber pasado con libertad a través de la sangre del pacto, o la esclavitud de sus pecados remanentes o la lamentable esclavitud de ocupaciones mundanas, esta es la realidad: Esclavitud concluye en no servicio a Dios. Pero positivamente podríamos decir, ¿No es cuando nuestra vida goza de bienestar y salud espiritual cuando mas disposición tenemos para la adoración pública? Ya el salmista lo podía decir así: Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; y adoraré hacia tu santo templo (Sal.5:7). Si miramos, una misericordia abundante de parte de Dios hacia uno de sus hijos desemboca en adoración corporativa perseverante y de corazón.

Faraón no dejará sus pretensiones de hacer saber que estamos bajo su poder, lo que para un hijo de Dios es falso. El Rey nos llamó a la libertad de su Hijo, pero no una libertad que nos vuelve a dejar bajo el dominio del pecado, sino una libertad que nos arroja a una adoración continua a su Nombre. Esto es verdadera libertad, muestra que ya Satanás no nos rige, que podemos decirle No, al mundo, que podemos ver de frente nuestros pecados remanentes y decirles que ellos no saben que es lo mejor para nuestra alma pero que Dios sí.

Piensa hermano entre más libertad tienes más disposición y providencias tienes a tu favor para congregarte. Pero si por algún motivo tu corazón no lo ve así, debes buscar dentro de ti, alguna cadena que aun no te deja disfrutar de tu calidad de libertado. Claro,somos conscientes que muchos de nuestros hermanos sufren por una ocupación que les restringe grandemente el congregarse, pero su deseo es hacerlo – Dios lo sabe-. Ellos deben confiar en el Señor y pedir una ocupación donde puedan disfrutar de su libertad para la adoración. Aun así, ese sufrimiento es totalmente distinto del sufrimiento del individuo que por decisión propia se pone cadenas encima o del que solo por no luchar por su libertad, prefiere los grillos acerados.

Es mejor verlo así

Querido hermano, no mires el congregarte con asiduidad bajo el peso de una ley sino bajo el beneficio de un privilegio conseguido por la sangre de tu Señor. Él luchó a muerte para darnos libertad de adorarlo y luchó por la iglesia para que ella tenga la libertad de adorarlo. A la vez que como quienes comunicamos las inescrutables grandezas de Cristo, deberíamos hacer ver a este mundo que lo suyo no es libertad sino la más refinada esclavitud y que el privilegio es la libertad de adorar a Dios. Claro que no olvidamos que el congregarse es un mandato del Rey que nos liberó y si solo esa fuera la razón para congregarnos, deberíamos estar en disposición de hacerlo.

Aun así, cuando hablamos de libertad, que nadie piense que hablamos de una libertad para quedar atrapados en nosotros mismos y nuestros pensamientos. La libertad del mundo, la carne y el diablo, es una libertad que nos deja en servidumbre de Cristo. Pero dicha servidumbre al Señor es la verdadera libertad (Rom.6:17-22).

Pero Él también ha querido mostrarnos que es un privilegio que compró para nosotros. Él mismo nos sacó de la esclavitud, nos dio esperanza en Él y nos da un mismo sentir con sus hijos para que unánimes, a una voz, glorifiquemos al Señor (Rom.15:5-6).

Así que sean reuniones de oración, de estudio Bíblico, de adoración el día del Señor, hermano, míralo como el privilegio de ser hijos libres y no extranjeros esclavos. La próxima vez que tus pies se muevan a cualquier reunión como iglesia, disfruta de tu libertad, anda en medio de este mundo con el gozo que ya éste no tiene potestad sobre ti, y adora al Señor con los santos, adora al Señor con los tuyos y no dejes en Egipto nada que no ofrezcas a Dios.

–Jorge E. Castañeda D.

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