OFRECER CULTO A DIOS, EL DISTINTIVO DE LA LIBERTAD (1)

Es común encontrar en la vida de la iglesia una opinión creciente, un concepto novedoso pero adverso con respecto a la reunión de la iglesia para celebrar cultos. Aunque debemos reconocer que siempre el corazón del hombre se resiste a llevar todo su pensamiento cautivo a la obediencia a Cristo, la presente época evidencia con claridad esta resistencia. Es tal dicha resistencia que ahora congregarse para dar culto a Dios es visto como una carga legalista, pesada y esclavizante, del que muchos creyentes desean escapar.

Congregarse con regularidad y más el día del Señor, es señalado como gravoso e inconveniente para el hombre de hoy, el cual tiene que responder por bastantes tareas y cuyo tiempo se ve cada vez mas absorbido por todas sus responsabilidades. Así que cuando escuchan de congregarse una y otra vez, lo ven como una imposición o yugo. Más bien desearían poder ofrecer al Señor un brevísimo tiempo, que no se atraviese en sus ya aceptadas responsabilidades ni en su tiempo merecido de descanso. Algo así como un tiempo de calidad que no le exija más que un par de horas semanales con las que cumple con Dios y todo queda equilibrado.

Congregarse con regularidad para ofrecer culto a al Señor, no siempre se mira con su tremendo significado y peso inherente a él. No siempre se pondera su peso real el cual es propio de esta actividad. Y el problema no es solo la terminología que se usa ahora en algunos lugares para designar el culto o liturgia, la cual desenfoca el objeto de reunirnos como iglesia, sino que también tenemos problemas a la hora de entender el mismo acto de reunirnos como iglesia en culto.

Para muchos cristianos, dar culto a Dios es un asunto donde ellos están al mando, y prefieren verlo así, porque no desean verse ‘esclavizados’ a asistir con regularidad cuando la iglesia adora al Señor. Permítame explicar eso de estar al mando. Ellos mismos son los que por iniciativa propia van a la iglesia, aprovechan solo lo que desean, hasta donde desean y no se involucran mas allá de donde quieren hacerlo. Claro, no todo es malo, ellos ven ciertos tiempos de adoración como legítimos, pero no todos, específicamente aquellos que chocan con sus compromisos ya adquiridos. Esos tiempos que ellos mismos no aprueban, los ven como pesadas cargas legalistas que se pusieron sobre ellos y que no tienen ningún sentido y de los cuales puede prescindir. Así ellos mismos determinan muy subjetivamente su acercamiento y provecho a las reuniones eclesiásticas y así juzgan.

Pero valdría preguntarnos si congregarse es algo que hacemos como iglesia por iniciativa personal o comunitaria o si es una respuesta a la santa convocación del Señor. También valdría preguntarnos si nuestra propia prudencia es tal que nos permite bajo nuestros propios criterios saber qué nos aprovecha y hasta donde. Y tal vez podríamos meditar si en verdad aprovechamos las reuniones eclesiales cuando las experimentamos a nuestra manera o si el verdadero aprovechamiento viene de exponernos a dichas reuniones a la manera divina. También podríamos pensar si una iglesia podría cumplir -y por ende cada creyente-, con que la Palabra de Cristo more en abundancia entre nosotros y si podemos dedicarnos a la oración, a la doctrina apostólica, a la lectura de la Palabra, a partir el pan y a la exhortación mutua, en una hora a la semana.

Debe ser una de las razones por las que las reuniones semanales de oración no son tan concurridas y la razón por las que muchas comunidades han abdicado el reunirse el día del Señor en la tarde ya que bien se sabe que los cultos de la tarde son esquivados por la mayoría que realmente no ve el peso que reunirse en culto representa. Además, es uno de los motivos porque como iglesias bíblicas se nos señala de ‘estrictos’, o ‘cuadriculados’ y muchos prefieren ir a un lugar donde el estándar que se enseñe es el mínimo y se tenga como medida el pálpito de su propio corazón o el sentir particular de los creyentes, en particular, eso de congregarse.

Pero ¿Es eso lo que significa reunirse en adoración como iglesia? ¿Es esclavitud lo que sugiere congregarse con regularidad? Desearía informar que lejos de ser esclavitud legalista o pesada carga, reunirse con regularidad a las reuniones dispuestas por la iglesia, en especial, el día del Señor, es señal de libertad y no hacerlo es señal de esclavitud legal. Al repasar brevemente en la Biblia encontramos que las palabras culto y libertad son hermanas y entre mas se goza de libertad el culto es una evidencia de ello. Pero por el contrario, esclavitud y falta de culto a Dios son mellizas desafortunadas, pues mientras más esclavo se es, menos culto se ofrece a Dios.

¡Deja ir a mi pueblo!

Habían pasado 400 años de esclavitud y Dios resuelve intervenir para poner fin a la opresión de su pueblo en Egipto y cumplir la promesa de darles una tierra. Así el Señor empieza a ordenar cosa por cosa, para llevar a cabo su gran liberación. Aquí es, en medio de esa gran trama, que aparece Moisés mirando fijamente al Faraón con una demanda específica de parte de Dios: deja ir a mi pueblo para que me sirva. Específicamente esa fue la demanda de Moisés a Faraón todo el tiempo que se enfrentaron. (Cf. Ex.7:16; 8:1; 8:20; 8:25-28; 9:1; 9:13; 10:3; 10:7-11; 10:24-26).

Bien, la palabra servicio aquí es usada en los términos de ‘ofrecer sacrificios al Señor’. Estas palabras, servir, ofrecer, sacrificar, son usadas como sinónimas todo el relato en mención una y otra vez. Esto nos hace notar que la petición de Moisés no iba dirigida simplemente a que Faraón dejara libre al pueblo sino que era una liberación para la adoración del pueblo a Dios según las prescripciones que recibirían de Dios. Era una liberación con un objeto específico, que ellos salieran y ofrecieran, sirvieran o sacrificaran a Dios.

Al menos en tres ocasiones, Faraón trataría de negociar con Moisés los términos de ese permiso. Primero Faraón permite que ellos sacrifiquen, pero sin salir de Egipto. En una segunda oportunidad Faraón regatea, pues Moisés le insiste que todo el pueblo, hombres, mujeres, niños y hasta sus animales, van a ir a adorar y el gobernante les dice que solo los varones irán. Y en la tercera oportunidad Faraón les quería permitir ir pero sin sus animales a lo que Moisés aclara que deben llevarlos porque de esos animales, seguro el Señor les pediría para su adoración.

Pero meditemos que mientras los israelitas estaban en esclavitud, no constituían una amenaza real a los propósitos del Faraón pues tampoco el pueblo adoraba como un solo pueblo al Señor. Mientras se conformaban con no poder adorar a Dios como un solo hombre, su esclavitud se perpetuaba y más bien beneficiaban los propósitos del Faraón. Esclavitud y falta de adoración corporativa van de la mano. Pero el Señor no deseaba que el pueblo sirviera al Señor en calidad de esclavos, por ello presiona por su liberación para que el pueblo adore en calidad de libres. Pues eso fue lo que hizo el Señor.

–Jorge E. Castañeda D.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: