Devocional Diario Privado (2)

Dos énfasis necesarios

Es muy probable que mucha de la molestia que tengamos con la lucha por un devocional diario, sea el énfasis que se intuye o se ha enseñado con respecto al tiempo del mismo o la cantidad de actividades. Si podemos estar tanto tiempo en oración y leer tantos capítulos de la Biblia, entonces se califica como un buen o mal devocional. Parece que el aspecto cuantitativo pesa más a la hora del devocional que los demás elementos.

Es verdad que una persona no puede decir que Cristo es su Señor y que ahora tiene una nueva vida, sin que su horario no sufra un cambio real en asuntos prácticos. No niego tampoco que en la manera en que un hijo de Dios incrementa su relación con Él, el tiempo va a ser una de esas cosas que va verse influido y va a delatar una creciente orientación de la vida al Salvador. Mucho menos desanimaría al creyente de buscar invertir más de su tiempo en lo eterno, lo espiritual, en su conocimiento de Dios. Es lo ideal y admiramos a los creyentes que han podido presentar una lucha sostenida por muchos años para mantenerse en estas disciplinas.

Sin embargo, no creo que sea el elemento más importante o el primordial a la hora del devocional. El tiempo puede ser un excelente revelador de piedad pero también un buen sustituto de un buen devocional si es que nos apoyamos en esto. Más bien, en el aspecto del devocional privado, el énfasis correcto debe estar en lo devocional y en lo continuo, más que en seguir una formula de actividades a realizar o solo recalcar en el aspecto del tiempo. Los aspectos ‘devocional’ y ‘continuo’, son los elementos que determinaran si en verdad nuestra vida devocional está madurando o aun no.

Sé que la palabra devoción puede no decirnos mucho, pero permítame ponerlo así. Pensamos en devoción como de una inclinación especial, como de una costumbre devota a la cual uno está dispuesto y que no es pesada porque es el deseo de alguien hacerlo. Es esa veneración que brota del amor y no de la imposición. Devoción es lo que mueve a una persona a invertir mucho dinero para poder ver a su equipo favorito o personaje heroico. Es lo que no le falta a un esposo enamorado que lo mueve a llamar a su esposa.

Pensemos en dos ejemplos: El salmista David y Daniel, el profeta. La expresión encontrada en Sal.55:17 nos deja ver que el David en medio de una oración de confianza y esperanza delata su deseo y creo que su práctica de orar tarde, mañana y a medio día. No nos dice nada de tiempo pero si de su ánimo de estar con el Señor más cerca y continuamente. Es el mismo quien puede decir que el justo medita en la ley del Señor de día y noche (Sal.1:2); que meditaba en la ley de noche y por qué no en la madrugada y aun en su lecho (Sal.63:6), quien llevaba su menta a considerar las cosas de Dios en meditación (Sal.119:148). Así que como puedes ver, tiene que ver más (no únicamente) con orientación, deseo de comunión, continuidad, perseverancia, que con el tiempo como tal en estas cosas.

¿Recordamos lo que se nos dice de Daniel? Nos dice la Biblia que solía orar tres veces al día (Dn.6:10). Ni un edicto real pudo interrumpir su santa costumbre. ¡Esto es devoción! Imaginémoslo no más, ¿Quién más ocupado que uno de los más prominentes ministros de esa época, en el imperio más importante de la época? ¿Quién mas podría excusar su falta de tiempo por sus ocupaciones? Pero piense algo más, lo presionaron a costa de su vida a no hacerlo y no quebrantó su costumbre santa.

Así que el énfasis adecuado está en observar los aspectos de devoción y continuidad. Lo uno tiene que ver con el corazón atraído, convencido y amante, lo otro con la diligencia, la disciplina con que se pretende proteger dicha relación. De allí que si podamos ‘calificar’ nuestros devocionales con más precisión. ¿Nace del alma amante? ¿Es por amor al Señor? ¿Hay un deseo de comunión con Él? ¿Es perseverante? ¿Es continuo? Meditemos que si así no fuera, la Biblia no nos exhortaría así: Rom.12:12 “constantes en la oración”; Ef.6:18 “Orando en todo tiempo”; 1 Tes.5:17 “Orad sin cesar”.

Algunas advertencias

Deseo recordarle que no debemos tomar el devocional como una formula mecánica. Orar, leer y meditar en las Escrituras son los elementos esenciales pero el creyente debe usarlos de la manera más devota que pueda, de la manera más viva y consciente, de la forma más dedicada y amorosa que pueda hacerlo con la ayuda de Dios. No se trata de primero o segundo para que quede bien. Aunque no podemos prescindir de estos elementos, la manera de aprovecharlos es en disposición amorosa.

Tampoco lo tome con el peso de una obligación sino con el gozo de un privilegio. Si el devocional es hecho con el pensamiento que ‘esto traerá bendición para el día de hoy’ o de ‘todo quedará santificado hoy’ o peor aun ‘si no lo hago la bendición no llegará y todo me irá mal’, debe abandonar cada uno de estos pensamientos legalistas. Es nuestro privilegio haber sido llamados a la salvación en Cristo y como consecuencia de esto, llamados a la comunión con Dios. El devocional es uno de esos dones que se nos dio como producto de la cruz.

Pero déjeme animarlo a no conformarse. La primera lucha va a ser para poder establecer ese tiempo. Es una guerra, como muchos lo han experimentado, una guerra con nosotros, con nuestros horarios, hasta con nuestra familia. Pero después de establecido, la lucha se va a concentrar en mantenerlo diariamente. Es otra guerra porque siempre va a haber una excusa para hoy no hacerlo. Pero cuando medianamente se haya avanzado en esto, la lucha será para no dejarlo así. Podemos caer en la religiosidad de un hábito establecido y le quitamos su parte viva y creciente.

Por último, sabiendo que tendremos periodos de dificultad, le ruego que por ningún motivo se desanime. Si hoy no tuvo una buena disposición, no deje que su carne o el Diablo le susurre que es una tarea muy difícil. Si hoy tuvo dificultad para leer u orar, vaya más tarde o el próximo día a intentarlo, pero nunca lo deje. Nunca abandone esta preciosa disciplina. Los que desafortunadamente lo hemos hecho, hemos luego experimentado una dificultad mayor, tal vez por haber entristecido su Espíritu y animado nuestra carne. Después que lo haga, no lo deje de hacer, luche, pues aun la lucha en la procura del devocional, es mas loable y benéfica para nuestras almas que la frase pseudo-virtuosa: ‘Cuando este mas dispuesto lo hago, es mejor hacerlo bien que como lo estoy haciendo’. Esa no es la voz de Dios, no se deje persuadir.

¿Pero sabe? ¿No sería ilógico que haciendo una actividad que está diseñada para promover nuestro conocimiento y dependencia a Dios, sea usada para fiarnos y apoyarnos en nuestras devociones más que en Cristo? El devocional no es un fin, es un medio para la comunión con Dios. Así que al hacer el devocional no podemos reposar en el hecho mismo de haberlo hecho sino en responder ¿Conocí mas al Señor? ¿Le amo más? ¿Estoy más dispuesto a Él? ¿Mi alma se ha encendido hacia Él, su obra y su servicio? Y cuando lo hagamos, recordemos que la única razón por la que somos escuchados en el trono de gracia es por Cristo y no por nuestra obediencia.

P. Jorge Castañeda

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