Daniel 6

Creo que el punto del sexto capitulo de Daniel tiene que ver mucho con el contraste entre la constancia de Daniel por un lado, y por el otro lado la determinación malévola de sus enemigos de destruirlo aprovechándose de la inflexibilidad de la ley de los Medos y los Persas e, irónicamente, aprovechándose de la constancia de la piedad del mismo Daniel.

No vemos a un Daniel que interpreta sueños, que lee lo que nadie mas sabe leer, que tiene información esotérica que solo Dios sabe dar. La sabiduría de Daniel aquí es su constancia. Propuso de muy joven en su corazón—determino—no contaminarse: mantener en todo detalle su lealtad a Dios y a su pueblo. En esto consiste la sabiduría de Daniel—y lo que nos quiere decir el Espíritu de Dios es que esta sabiduría esta a nuestro alcance. Admiramos a Daniel, pero aquí no lo vemos extraordinario por si mismo, por sus habilidades. Dios le dio ser extraordinario porque Daniel fue fiel en lo ordinario.

Dice la Biblia que el tenia un espíritu de excelencia. No me parece, sin embargo, extraordinaria la excelencia de este hombre ya que había propuesto cumplir con Dios en todo detalle. Dios bendice al que así le honra, le ayuda a ser constante en su devoción. Y por ser cumplido en lo importante—lo que tiene que ver con Dios—no es de sorprenderse que sea cumplido con su trabajo secular. Este espíritu de excelencia (‘espíritu superior’ dice la RV) que describe la Biblia en cuanto a Daniel no es algo extraordinario que hay en Daniel. Es el resultado de una vida de piedad que cualquiera de nosotros podría tener.

Vemos la persistencia de la maldad de los enemigos de Daniel claramente. Buscan algo contra el. Supongo que por mucho tiempo lo observaron, le investigaron todo lo que hacia, lo vigilaron y lo espiaron y hallaron que era intachable. No era corrupto, no era inepto, todo lo hacia como debía ser. Que implacable envidia la de ellos querer asesinar a un hombre así.

Vemos la inflexibilidad de la ley de los Medos y los Persas. La ley debe ser rígida y no flexible, pero esa misma rigidez, cuando la ley esta mal hecha, es lo que inflige el daño. Se ve algo de la soberbia de esta nación: Nosotros no hacemos leyes malas o triviales para andarlas cambiando jamás. Así atraparon al rey que seguramente accedió de pura vanidad.

Y podemos ver claramente el contraste entre la inflexibilidad del mal y la constancia del bien en la boca de Darío. Repite lo de la ley de los Medos y los Persas, que no se puede abrogar. Y cuando habla a Daniel siempre menciona que constantemente sirve a Dios.

Lo que no puede hacer el rey, lo puede hacer Dios. Y este relato acaba con gran satisfacción: la satisfacción de la justicia. Hombres que pervierten la ley para ningún provecho público, solo para satisfacer un deseo maligno en ellos y perjudicar al rey y a su pueblo, merecen severo castigo.

¿Y no es de admirar este hombre Daniel? Si lo es. No porque aquí vemos en el gran conocimiento de misterios, no porque tiene un cargo de alta responsabilidad, pero porque es tan constante en su fe y su devoción a Dios. Porque su vida cotidiana de Cristiano es caracterizada por un uso constante de los medios ordinarios. Y Daniel en esto nos muestra aquí a Cristo el supremo ejemplo de la constancia en la tarea de ser un fiel siervo de Dios.

Ninguno de nosotros tiene por que ser diferente en esto a Daniel.

-Joel Zartman

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