Iglesia, Sermones, Pensamiento y Tecnología ¿Hay acaso un peligro?

Es la era de la información. Nunca antes había tantos medios al alcance de todos para poder estar al tanto de muchas cosas. Para muchos, el desafío del presente y lo que marcará la diferencia para el futuro es tener la capacidad de manejar y encaminar toda la información de una manera ordenada, útil y que realmente sea de beneficio. Esto se presupone por la realidad presente con respecto al manejo de la información. Usted puede estar viendo un grande, majestuoso y helado Iceberg en las latitudes de los Bancos de Terranova y con un leve movimiento de los ojos estar por enterarse de una guerra civil en Uganda reprimida por el primer ministro, solo para de nuevo ir en un salto ocular a olvidarse de lo anterior para enterarse acerca de la habilidad de aquel futbolista para anotar tantos goles y sus nuevos récords.

Seguramente a futuro – si no es que ya en este presente-, tendremos una generación de hombres que saben poco de mucho, pero nada profundamente. Esta generación que puede estar enterada de muchas cosas a la vez, pero no saber nada a cabalidad y a la vez no estar seguros de mucho. Claro está, todo esto sin olvidar la nueva forma de establecer relaciones interpersonales sin necesidad de relacionarnos con las personas de una forma personal (Redundancia intencional) y de nuevo el punto en cuestión, ‘conocer’ miles de amigos y a la vez ninguno.

Al ir avanzando en esta era tecnológica, los cristianos debemos tener cosas muy en claro para no ser moldeados mentalmente por ella. Hay que advertir de un gran peligro que afronta el creyente en esta época, aquel creyente que está cerca de su computadora, en sus diversas presentaciones. Y cuando hablo de computadoras en sus diversas presentaciones hablo de PC, Laptop, Iphone, Black Berry, mp3, mp4, Ipad…..Y cuando hablo del peligro no me refiero a la tecnología como tal sino al peligro de nuestro mal acercamiento a ésta, pues debe saberse que nuestro remanente de pecado estará satisfecho con expresarse esta vez en nombre de los avances de la tecnología.

Si bien la tecnología es una realidad de la que con el tiempo cada vez menos podemos huir (además que bien usada es en gran manera provechosa), la falta de cuidado hará que lejos de aprovecharnos, haga de nosotros seres irrelevantes, superficiales, desadaptados, fluctuantes, inestables. Pero no solo como personas, sino como seres que han sido redimidos por Cristo e injertados a Su Cuerpo en una iglesia local determinada. Empieza a emerger un tipo de cristiano estilo Facebook (Que no nos deja pasar más allá de su muro), que de vez en cuando Twittea (Del verbo Trinar y del Sustantivo Propio Twitter) en opiniones eclesiales, que apaga su mente o la actualiza según su criterio, que empieza a anhelar un sermón mas estilo chat que expositivo y más. Los efectos empiezan a brotar en la gente más expuesta a estos medios, pero lo alarmante es, quizás, que atrás de nosotros viene una generación que no conoce la vida fuera de la tecnología y la avalancha de información, que si no les proveemos de un mejor marco de discernimiento, seguro se perderán en la anarquía informática.

Pues bien, considerando la magnitud del tema, deseo parcelar el campo que pretendo abarcar. Mi fin es dirigirme principalmente a los cristianos y en nombre de ellos a sus hijos que están continuamente recibiendo la instrucción bíblica. Pero aun más, deseo dirigirme a los miembros de las iglesias locales, aquellas iglesias bíblicas que desean la mayor edificación de los suyos de una manera Escritural y profunda. Y al abordar el tema, deseo enfocarme en la relación que como cristianos tenemos con la tecnología y algunas maneras en que podríamos deshonrar nuestra profesión cristiana y eclesiástica a la hora de maniobrar incorrectamente estos medios. No, no estoy por encima de la discusión aquí planteada, estoy con usted en esto y seguro que podemos construir un pensamiento más adecuado al respecto. Entendemos que las iglesias reformadas siempre se reforman y según se ve, es otro de los asuntos que nos toca someter a la Palabra de Dios con sabiduría. Acompáñenme en esto.

P. Jorge Castañeda

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