Mito N° 9 Los Reformados creen que solo ellos tienen la verdad

No quisiera pasar por alto esta critica que recibimos continuamente ni tampoco esquivarla confundiendo con argumentaciones demasiado elaboradas. Seguro que deseo mantener el equilibrio y el propósito de estos escritos que es responder clara pero francamente.

Para comenzar permítaseme decir lo siguiente, quienes aseveran que: ‘los reformados creen que solo ellos tienen la verdad’, ¿No están creyendo como verdad eso que dicen? Es decir, quien emite este juicio esta aseverando algo que cree que es la verdad. Precisamente, la verdad que está proclamando como cierta es que: ‘los reformados creen que solo ellos tienen la verdad’. Así que una persona que realiza tal aseveración podría ser criticada de hacer precisamente lo que está criticando al creer que es verdad lo que está diciendo. Pero aun más, permítaseme decir que todos los creyentes pertenecientes a tal o cual iglesia, denominación o confesión, si así se quiere expresar, ¿No estarían allí si no creyesen que su interpretación bíblica es mejor que otras? Lo que quiero demostrar con esto – y espero no haber sido engorroso- es que eso es lo que hacemos todos de alguna manera al expresar una opinión o reconocer un dogma dentro del cristianismo.

Pero el asunto no es tan fácil de dilucidar a la hora de reclamar tener la verdad en cualquier interpretación doctrinal. Es bien difícil, si no imposible, sostener convicciones que se procuran extraer limpias de la Biblia y no hablar de ellas convencidos, pero el punto es que no es solo una costumbre de los reformados. Debemos advertir que no hacerle frente a los asuntos doctrinales y desechar las discusiones interpretativas con facilidad en nombre del amor, puede arrojarnos al agnosticismo, es decir, llegar a la conclusión que seguramente hay una verdad pero que ninguno de nosotros podrá reconocerla, así que ¿para qué perder el tiempo? De otro lado no reconocer la influencia del mundo temporal y la realidad del remanente de nuestro propio pecado, hará que nos asentemos en nuestras opiniones de la verdad y las dogmaticemos obstinadamente al creernos únicos depositarios de ella.

Pero seguramente habrá quien decida ahorrar los esfuerzos que el desarrollo teológico bíblico nos impone, situándose en un área neutra planteándonos la solución del equilibrio o la integralidad. Hablo de aquellos que no pretenden reclamar tener la verdad de un lado u otro de las discusiones, sino que afirman que un poco de cada punto es lo más sano. Así – solo como un ejemplo-, nos propondrán que la solución a la sesgada doctrina de la prosperidad no es el voto de pobreza sino una institucionalización de la clase media para todos. ¿No es una vía muy facilista? Debemos afirmar –siguiendo el ejemplo-, que la solución a ambas no es el equilibrio subjetivo o pragmático sino la elaboración de una teología que haga justicia a las realidades y doctrinas bíblicas de soberanía, providencia, responsabilidad y trabajo según la biblia y no según nuestro criterio.

No me mal entienda, no estoy diciendo que como cristianos no creamos que Cristo sea la Verdad o que la Palabra de Dios sea la verdad, hablo que en la cristiandad sin excepción, se habla de estar en la verdad excluyendo a los demás solo basados en opiniones subjetivas o legados denominacionales. Creo que el problema fundamental es que mientras nuestras discusiones sigan dándose en desigualdad de condiciones, acercarnos al reconocimiento más preciso de la verdad solo va a ser un ideal y no una realidad concreta a la que como cuerpo universal de Cristo somos llamados a perseguir (Ef.4:13), además que nos polarizaremos en opiniones caprichosas y todo resultará vano.

Lo que propongo es precisamente una teología que sea justa con una base en común, la Biblia, ya que muchas controversias doctrinales no encuentran un piso uniforme sobre la cual deberían plantearse, porque mientras unos alegan lo que la Biblia dice, otros muy convencidos alegan con argumentos de: ‘me parece’, ‘creo que’, o ‘el Señor me dijo que…’. Mientras que no tengamos bases iguales la discusión es desierta, mientras nuestras fuentes de autoridad no sean las mismas, la discusión se planteará con elementos desiguales. Por el contrario, parados en un mismo terreno y por qué no decir, el terreno infalible de la Palabra de Dios, las discusiones serán más provechosas pues se plantearan más por una sana hermenéutica que por igualdad en la fuente de nuestras doctrinas.

Como dije anteriormente, es bien difícil no tener un cuerpo de doctrina histórico, confesional, por supuesto extraído con esfuerzo de las Escrituras, procurando una sana hermenéutica, y no dar la impresión cada vez que hablamos, que creemos estar más cercanos a lo que Dios quiso revelar. Sin embargo, desearíamos que nuestras doctrinas reformadas no se miren bajo la óptica de: ‘ellos creen que solamente tienen la verdad’, pues como he demostrado todos lo hacemos, además que nos confinan al silencio injusto. Más bien desearíamos responder bíblicamente a nuestros postulados doctrinales y no simplemente darnos a la ingrata tarea hacerle el quite cada vez, al incomodo presupuesto que ‘creemos siempre tener la razón’ solo porque nos hemos afirmado con convicciones bíblicas y profundas a nuestros sistema de creencias.

-Jorge Castañeda

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