Mito N° 5 Los Reformados adoran a Calvino

Con el tiempo, después de la reforma protestante, la palabra ‘calvinista’ y ‘reformado’, parecieron identificar al mismo grupo de personas. Y ¿De dónde este apelativo? En la reforma protestante, surgieron hombres a los que Dios uso para volver a traer al frente las doctrinas históricas de la iglesia verdaderamente Bíblica, los que sin duda no fueron perfectos, pero del gran aporte de sus estudios, el cristianismo evangélico aún bebe así no lo sepa, y de hecho, creo que la mayoría de evangélicos no saben su propia historia. Entre estos hombres destacan Lutero y Calvino y un sinnúmero de hombres que fueron usados por Dios para sistematizar las doctrinas que entre la iglesia, han sido verdaderamente ciertísimas.

Pero reconocemos que entre ellos, fue Juan Calvino a quien Dios uso para sistematizar de una manera sobresaliente dichas doctrinas, nada novedoso, nada distinto al evangelio, pero ordenado y concreto. Fue así como la figura de este hombre ganó la reputación que hoy le acompaña. Lamentablemente al pasar del tiempo, este enemigo de la iglesia romana, también se ha vuelto enemigo de los evangélicos quienes muchas veces sin conocerle y sin haber leído ni uno de sus escritos, se aventuran a criticarle de mundano, asesino, libertino, legalista y hasta demoniaco. Seguro que sus escritos ahora son más conocidos y solo un vistazo a ellos puede dar de primera mano la información debida que deja sin fundamento tales ideas.

Pero mi punto aquí no es defender a Calvino, es desmitificar lo que muchos sostienen al creer que quien se confiesa reformado es porque ha sustituido la Biblia por los escritos de este hombre, que en todo culto rinde homenaje a la Trinidad y a Calvino, que cada predicación tiene que ver con Calvino, cada comentario tienen que ver con él y que podríamos aceptar no ser llamados cristianos pero nunca soportar que no se nos llame calvinistas. De esta manera se ha creado un mal ambiente en torno a los reformados al calificarles de idolatras, seguidores acérrimos de hombres más que de Dios y avaladores de los errores que Calvino cometió como ser humano que era.

¿Es eso verdad? Para nada lo es. Es mejor dejar en claro que honramos a Calvino como honramos a nuestros maestros a los que Dios mismo nos manda a ‘reconocer entre vosotros a los que los presiden en el Señor’. Le honramos por su entrega y esfuerzo y acogemos la manera como, en general, interpretó las Sagradas Escrituras. Sin embargo también hay que decir que somos críticos con respecto a algunas de sus interpretaciones y no avalamos sus errores personales, aunque tampoco lo satanizamos. Aun así no queremos ponernos en una posición pretenciosa de pensar que el cristianismo evangélico empezó en el siglo XX y más bien, reconocer agradecidos que la obra del Espíritu Santo en la iglesia puede ser rastreada muchísimo antes de nosotros.

Los reformados creemos que hemos recibido una gran herencia bíblica que viene desde los apóstoles y ha pasado por el desarrollo de la iglesia y de mentes brillantes de pastores y maestros en cada época. Hemos recogido y aprovechamos cada cosa que nos ha sido heredada, siempre bajo la luz de la Palabra de Dios la cual consideramos como la Única e Infalible revelación divina. Calvino es un punto prominente en la historia evangélica, pero es solo parte de esta historia, donde hemos visto peregrinar otros hombres con capacidades intelectuales excepcionales y espíritus verdaderamente piadosos, como él y todos tratando a la vez de imitar a nuestro Señor Jesucristo. De esa manera no nos disgusta que se nos llamen ‘calvinistas’ o ‘reformados’ si con eso se hace referencia al amable reconocimiento de reconocernos como herederos del desarrollo doctrinal de la iglesia por los siglos y sistematizado con maestría en la reforma y posterior a ella. Pero huiríamos si esos apellidos los dispensan contra nosotros para señalar que somos un grupo seguidor de hombres y no de Dios.

En épocas de ‘conciertos’, ‘artistas cristianos’, ‘shows de predicaciones televisadas’, ‘lideres autónomos’, sí que vemos en otros lo que se nos critica. Seguidores de hombres, de fama, fortuna, reconocimiento, nos hace pensar si es que el mito que nos atribuyen a nosotros no es más bien un reflejo propio. Si algo hemos aprendido por los siglos y a través de tales maestros, teólogos, pastores y hermanos antiguos es que ni ellos mismos reclamaron gloria para sí mismos pues vivían para un fin mayor, que vivieron austeramente, esforzados intelectualmente, grandes en oración y servicio, pero por sobretodo nos enseñaron a ver la vida y a escribir en cada cosa que hagamos: Soli Deo Gloria, Solo para la Gloria de Dios.

P. Jorge Castañeda

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