Mito N° 3 A Los Reformados les hace falta amor

En el ambiente evangélico parece que desde hace ya mucho existe y crece el concepto que el amor es lo mas importante mientras que la verdad doctrinal divide, lo cual bajo este punto de vista lo uno excluye lo otro. Es en verdad bien confuso que cada vez más se presente el amor como antónimo de la verdad y se exhorte el amor a expensas de la verdad. No es raro encontrar este concepto de amor versus verdad en el mundo, lo verdaderamente despistante es que sea ese el clamor que se escucha de iglesias que están puestas como columna y baluarte de la verdad. (Lamentablemente esta forma de ver la verdad como algo adverso, ha sido un buen terreno donde el ecumenismo está cosechando sus buenos frutos. Algo que debe llamar la atención a la iglesia para poner las cosas en su justo orden.)

Lo otro también es verdaderamente injusto, ese concepto que lo más importante es la verdad a costa del amor y si algo debemos aceptar de muchas maneras es que en ocasiones como reformados al parecer celamos más la verdad que el amor. Luego ¿Por qué escoger? ¿Debemos hacerlo? ¿No dice la Biblia que debemos hablar la verdad en amor? Se empieza a ver como algo común que muchas personas afines a la reforma, toman fuerza tras ver cortos videos por internet para andar vociferando de cualquier manera el mensaje del evangelio, todo por la verdad. (A veces encontramos personas que piensan que predicar con poder el evangelio es asumir una forma confrontacional cada vez que hablan. Sin quitarle valor a la manera confrontacional de algunos predicadores reformados, se deja a un lado que el evangelio debe ser explicado, enseñado y no solo confrontado.) Se ha pasado del extremo amplitudista de decirle a todo aquel que repita una oración: Ahora eres salvo, al extremo reduccionista de decirle a cualquier creyente: Nunca has sido salvo. En esto, creo, debemos escuchar humildemente las voces que nos exhortan al amor y crecer.

Pero la lucha difícilmente se da en este aspecto y por los motivos arriba expuestos, pues cuando se nos critica de falta de amor, es porque hemos vuelto a poner en circulación palabras que para una generación consentida, hedonista, amante de la comodidad, poco sufriente, le parecen inoportunas y crueles. Seguramente muchas generaciones de creyentes se han levantado con la idea que lo más importante que Dios hizo es el hombre, que Dios se desvive por el ser humano, que Dios es siervo del hombre, que el mayor problema del hombre es que es muy valioso y no lo sabe. Estas generaciones lógicamente nos tildarán de faltos de amor cuando hablamos del pecado y de pecados con nombre propio, de la mortificación del mismo, de cargar la cruz o negarse a sí mismos, cuando hablamos de un cielo e infierno literal, cuando hablamos de verdades absolutas y de combatir por la fe una vez dada a los santos. Así cualquier cosa que no vaya con la unidad antropocéntrica, es visto como falto de amor. (Unidad antropocéntrica le llamamos a la unidad basada en postulados meramente humanos como la convivencia pacífica, tolerancia, etc, que difiere a la unidad Bíblica, la cual se da a través de la verdad, no sin ella).

Es verdaderamente complicado ver comunidades que nunca antes habían escuchado las palabras: Disciplina eclesiástica y mucho menos: Excomunión. Ellos nos miran con compasión y nos dicen haber superado estas cosas porque ellos si tienen amor. Se incomodan verdaderamente cuando escuchan que algo está mal y les incomoda la corrección, pues en su mente, verdad y amor se excluyen. Estos conceptos tienen que ver más con psicología y humanismo que con Biblia y lamentablemente el verdadero amor y unidad, dados por Dios a través de la verdad doctrinal, han sido casi mutilados de la practica y jerga de muchos.

Tal vez en un mundo posmoderno y relativista sostener verdades absolutas y hablar de doctrinas o puntos innegociables parece absurdo y radical y mucho más cuando el mundo no cesa de gritar: tolerancia y convivencia. Pero cualquiera que no se haya dejado minar la mente por las filosofías mundanas sabrá que en la Biblia no hay verdades relativas sino absolutas, las cuales se nos mandó predicar para hacer discípulos, imitadores y sostenedores de las mismas verdades. Es una muestra de verdadero amor al mundo y a otros creyentes, el hablar la verdad del evangelio tal cual es, sin quitarle peso a la cruz ni gloria a lo santo. Es una verdadera muestra de amor detener en el camino que lleva a la perdición a muchos mostrándoles el camino verdadero, el poco popular, el camino estrecho. Es verdaderamente amoroso encontrar hermanos que invierten sus vidas y recursos para que otros conozcan el evangelio Bíblico cada vez con más claridad.

Los reformados seguramente tenemos que mantenernos firmes en la verdad a toda costa y no retroceder en el encargo divino de guardar el depósito del evangelio que se nos encomendó por Cristo mismo. Nunca olvidando que la verdad se dice en amor, pero atentos a la práctica del amor Bíblico no el que nos enseña el mundo y sus filosofías. Pero atendamos que sin quitarle peso a otras cosas, la mayor muestra de amor que hemos aprendido de Dios es anunciar el evangelio de Jesucristo a una generación maligna y perversa y porque no a muchos cristianos que hoy están bien confundidos.

P. Jorge Castañeda

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