¡Celebremos el Evangelio!

Que no nos cansemos del evangelio, pues es por el evangelio que resultamos personas útiles, personas felices, y mostramos el camino a otras personas. Con el evangelio de Cristo, tenemos el remedio por la ruina humana. buscar soluciones en otros mensajes. ¡No tenemos que predicar otras cosas! A continuación, el evangelio presentado en Tito 2.14:

Tito 2.14, la primera frase, nos da en pocas palabras las Buenas Nuevas: “[Cristo Jesús] se dio a sí mismo por nosotros”. No fue otro o por lo de otros, sino Él mismo. No fue solamente lo suyo, no fue el mundo y sus riquezas, no fue ni plata ni oro o cosas así corruptibles, no fueron estas cosas el precio de nuestra redención. No fue “el ganado sobre mil colinas”. No fueron ni hombres ni ángeles. No, lo que Cristo dio para redimirnos fue Él mismo. Se dio a sí mismo juntamente con todo lo que le pertenece, todo lo que tiene como precioso, su nombre, su fama, su reputación, su tiempo, su fortaleza, su servicio, todas las comodidades de la vida, la vida misma, la totalidad de su humanidad, su alma, su cuerpo, y esta totalidad en unión con su persona divina, todo lo puso Él en manos de los hombres, de la justicia, y de la muerte misma, para que fuera el precio del rescate de su pueblo, una propiciación y un sacrificio por su pecado que debía ser pagado en su lugar y su nombre. No, no fue por toda la humanidad que lo pagó, pero “por muchos”, por nosotros, por todos los elegidos de Dios, por la iglesia, por todos los que Él representó cuando se dio a sí mismo, o por quienes Él murió, los impíos, pecadores, enemigos. Fue un regalo gratuito y voluntario, inefable. ¿Quién puede decir todo lo que está implicado en la frase “se dio a sí mismo”? Es el caso del amor más grande, un amor que sobrepasa todo entendimiento. Dios, siendo que no pudo jurar por otro más grande, juró por sí mismo (Hebreos 6.13), y Cristo, siendo que no pudo dar un regalo más grande, una muestra mayor de su amor, se dio a sí mismo. Lo hizo por los siguientes fines y propósitos:

1. Para redimirnos de toda iniquidad. El pecado trae esclavitud y opresión. La redención que Cristo obró libra. El pecado ata la culpa al pecador, y le pone bajo obligación a recibir el castigo, le pone en riesgo de la maldición y la condenación de la ley. Cristo fue hecho pecado por nosotros y una maldición por su pueblo para redimirnos de ambos. Ni el pecado original escapa la limpieza de la sangre de Cristo. Dios, por razón de Cristo, perdona gratuita y completamente. Cristo fue llamado a esta obra por su Padre, y estaba de un todo de acuerdo con su Padre. El plan de redención fue dibujado en el consejo eterno, y el todo fue fijado en el pacto de la paz.

2. Para purificar para sí mismo un pueblo propio suyo, celoso de buenas obras. Resulta un matrimonio entre Cristo y su pueblo glorioso, sin mancha y sin arruga. Hay por parte de Cristo un amor y un deleite especiales para su pueblo. Son su propia posesión. Son un pueblo distintivo por razón de la elección, la redención, el llamamiento eficaz, y se benefician de su intercesión. Resulta un pueblo entregado a buenas obras, no para que buscara su justificación, sino en obediencia a la voluntad de Dios para testificar su sujeción y gratitud, y para su honra y gloria, para el crédito del cristianismo, y para el bien de la humanidad. No sólo hacen buenas obras, sino que las hacen partiendo de principios de verdad y amor, y con celo por la gloria de Dios y el honor de su evangelio.

-Eugenio Line

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