8 agosto, 2014

Ciñendo la mente cristiana

Por L. Michael Morales, 30 de mayo de 2014.

En su discurso llamado La vida religiosa de los estudiantes de teología (The Religious Life of Theological Students), en el seminario de Teología en Princeton, el 4 de octubre de 1911, Banjamin B. Warfield enfatizó la necesidad de que los siervos del Señor sean a la vez eruditos y religiosos. El hombre sin educación, anota Warfield, sin importar con cuántos otros dones pueda estar dotado, no es apto para sus funciones. Dado que él se dirigía a sus estudiantes en particular, el grueso de su conferencia fue acerca de la vida espiritual “religiosa” – esto es, Warfield estaba advirtiendo a sus estudiantes acerca de los peligros de estudiar lejos de la adoración, de ver el conocimiento aparte de la piedad. La ruptura entre el conocimiento y la piedad es de hecho peligrosa para el alma. Alejado de la piedad, el conocimiento solamente hincha en vanidad y el orgullo; alejado del conocimiento, la piedad resulta débil e inestable, arrojándolo a uno a todo viento de doctrina.

Considerando nuestro propio contexto de manera general, es quizás el último peligro el que con más severidad enfrenta la iglesia de Jesucristo – Es decir, la pretensión de buscar piedad aparte del conocimiento. Sin necesidad de tomarse el tiempo para practicar la tendencia anti intelectual de nuestra época, ahora cliché, resulta evidente que con la iglesia rendida a la cultura secular, el pueblo de Dios ha sido incrementalmente marcado por una aversión al aprendizaje, tan característica de esa cultura.

Favoreciendo (así como generando) una postura esencialmente pasiva, el entretenimiento ha sido establecido como el medio sine qua non para toda comunicación e interacción; bien sea el asunto de esta la política, la educación, o la adoración. En la sociedad de hoy, si la presentación de un abogado requiera lógica básica, o más aun un argumento prolongado, perderá su caso. En la iglesia, incluso las charlas más inocuas, las cuales han reemplazado a los sermones, son usualmente desmenuzadas en videos o interludios teatrales – cualquier cosa para evitar la ofensa de exigir a los adoradores a estirar sus pequeñas células de materia gris. De hecho, mucho del rigor propio de la educación teológica ha sido metódicamente eliminado. Los que otrora fueron cursos básicos tales como lógica, lenguas bíblicas, e incluso teología sistemática ya no son obligatorias, o son abreviados hasta la irrelevancia por muchas instituciones de educación superior.

No es de sorprender, entonces, la falta de demostración, de claridad, y el flujo de la lógica infestando muchas de las predicaciones y muchos de los libros de la iglesia evangélica de hoy. Sin embargo, así como Cristo es llamado Logos, el que vino a revelar la verdad, así también resulta inevitable la necesidad de la iglesia a comprometerse con los asuntos de la verdad.

Este asunto, por su puesto, ha sido enfrentado en un grado u otro por cada generación de cristianos. El deseo de disfrute sobre la razón puede ser visto no solo en la inclinación de Nietzsche por Dionisio, el dios del vino, en lugar de Apolo, el dios de la racionalidad, sino incluso en el desierto, con el deseo de los israelitas por danzar alrededor del becerro de oro, en lugar de esperar la ley del Señor. El rol de la mente en la vida de la iglesia ha sido siempre crucial. Por ejemplo, aislado del reavivamiento del aprendizaje que tuvo lugar durante el renacimiento, es muy dudoso que Lutero hubiera alzado su martillo. Porque su asunto fue bíblico, y por otra parte también intelectual: alentado por debates públicos, libros y panfletos, en adición a predicaciones, clases y la elaboración de catecismos.

El apóstol Pedro entendió muy bien los peligros espirituales de nuestra inclinación natural a la laxitud intelectual. En un bello pasaje poético, él llama a los cristianos a “ceñir los lomos del entendimiento” (1 P. 1:13). Este llamado sonoro a la acción está en consonancia con la metáfora del viaje que Pedro usa en todo el libro, habiendo sido dirigida su epístola a los “peregrinos de la Diáspora”. Como un pastor bajo el Príncipe de los Pastores, Pedro deseaba guiar fielmente el rebaño de Cristo a través del desierto de esa época. Muchas veces a lo largo de un viaje, los peregrinos deben ser alentados a acelerar el paso; en el contexto del primer siglo, esto implicaría ajustarse la túnica, o “ceñirse”. Como el nuestro es un viaje espiritual, Pedro llama a los cristianos a ceñirse intelectualmente. Y no solo esto, sino que cuando el apóstol se refiere particularmente a “los lomos” de nuestra mente (representando a los lomos como la fuente de la vitalidad), él está llamándonos a aprovechar no solamente algo del poder mental, sino la esencia de nuestro poder intelectual para la fe. Este ceñir los lomos de nuestra mente nos incumbe porque a nosotros se nos ha concedido la revelación del evangelio en las escrituras – gloriosas verdades y realidades en las cuales los ojos angelicales por mucho tiempo han deseado mirar (1:12). Dado que ceñir nuestras mentes es también vital para procurar la santidad (1:14-16), nosotros somos traídos de nuevo a la pareja inseparable del conocimiento y la piedad. Puesto de una manera simple, una mente holgada e indisciplinada no producirá piedad.

Históricamente, el progreso y la influencia de la iglesia han sido asociados con escuelas teológicas sólidas. Uno piensa en la escuela de Juan Calvino en Ginebra, el púlpito de Lutero en la universidad de Wittenberg, y el legado de Carlos Hodge en el antiguo Princeton.

[…] La carta de Pedro recuerda a la iglesia que nuestro adversario merodea “como león rugiente, buscando a quién devorar” (5:8). No es retórica vacía entonces cuando nuestro catálogo dice: “este no es tiempo para que los cristianos sean pusilánimes o de mentes débiles”. Una educación que no equipa para un piadoso compromiso con las ideas y poderes de nuestra época – y esto por el bien de Cristo y su reino – es todo, menos educación cristiana. Tampoco es educación cristiana la que no tiene la biblia como la fuente fundamental y como la medida última de la verdad. […] Por tanto, cualquiera que sea el “ismo” reencauchado que las universidades ateas arrojen, cualesquiera sean los giros ideológicos en la esfera política, cualesquiera sean los males que plaguen la iglesia, así como lo es “por sismas desgarrada y por herejías apenada”, la respuesta única sigue siendo la misma para cada generación: nosotros necesitamos un mayor conocimiento de la palabra de Dios. […] Soli Deo Gloria.

Tomado de:

http://www.ligonier.org/blog/girding-christian-mind/

Dr. L. Michael Morales es presidente de los estudios bíblicos en el instituto reformado bíblico.

Traducción JDRA 2014

18 julio, 2014

20 AYUDAS PARA ESCUCHAR UN SERMÓN

Por: David Murray

Antes del Sermón

1. Lee y medita en la Palabra de Dios todos los días
La lectura diaria de la Biblia despierta nuestro apetito para el plato principal en el Día del Señor. No podemos esperar estar listos para digerir el alimento espiritual, si no hemos estado comiendo durante toda la semana y si hemos estropeado nuestro apetito con un festín de pecado.

2. Limite su exposición a los medios de comunicación
La mayoría de los estadounidenses consumen en promedio entre 9 a11 horas al día frente a los medios (Santiago 1:21). En el libro ‘Predicando a Gente Programada: Una Comunicación efectiva en una sociedad saturada de medios’-, Timoteo Turner explica como “Ver Televisión y predicación son diametralmente opuestos entre sí- el uno es visual, el otro es racional; una involucra el uso de los ojos, la otra involucra el de los oídos; uno crea observadores pasivos, el otro requiere oyentes activos “.

Después de ver televisión, ir al cine y navegar por Internet durante toda la semana, quienes vienen a la iglesia, tienen que sentarse y escuchar un largo sermón que exige una gran concentración y esfuerzo al que ellos no están acostumbrado. Se espera que pases de ser un espectador pasivo a un oyente agresivo de un día para otro. Escuchar exige una gran concentración y la autodisciplina. (Expository Listening, 42).

3. Utilice el Sábado en la noche así:
Ponga en orden la semana anterior, prepararse para la próxima semana, acuéstese temprano, persuadir (reprender?) a los niños por última vez, el Sábado por la noche.

4. Ore por usted y por el Pastor
Haga esto diariamente, pero especialmente el Domingo. En muchos sentidos, “Lo que pides te será hecho”.

5. Prepárate para escuchar
Hay múltiples recursos disponibles sobre la manera de predicar, pero, aparte de los pocos mencionados, existen muy pocos sobre cómo escuchar. Los predicadores tienen muchos recursos para capacitarse y equiparse para ser mejores predicadores, pero los oyentes apenas tienen recursos para capacitarse y equiparse para ser mejores oyentes. Esto es sorprendente si tenemos en cuenta que el número de oyentes supera con creces el número de predicadores y más aún cuando te das cuenta de que la Biblia dice más acerca de la responsabilidad del oyente, para escuchar y obedecer la Palabra de Dios, que sobre la responsabilidad del predicador para explicar y aplicar la Palabra de Dios. De principio a fin, la Biblia está repleta de versículos y pasajes que hablan de la necesidad vital de escuchar y obedecer la Palabra de Dios. Dios está muy preocupado por cómo los predicadores predican. Pero basados en la gran cantidad de referencias bíblicas para oír y escuchar, no cabe duda de que Dios está no solo tan, si no más preocupado por cómo los oyentes escuchan. (Expository Listening, 3).

Durante el sermón

1. Vamos a la iglesia a tiempo para conseguir calmarnos, acomodarnos y enfocarnos.

2. Respetar el silencio del santuario: Esto incluye la formación de sus hijos para que no distraigan a los demás.

3. Involucre a su cuerpo y alma en el culto y la oración: Avive su cuerpo, mente y alma en la adoración antes del sermón.

4. Dígase a sí mismo que Dios está a punto de hablar: Siga orando para que Él te hable a través de Su Palabra.

5. Reconozca que este es un esfuerzo de equipo y asuma la responsabilidad personal.
Esta es una empresa conjunta entre el predicador y el oyente. Los sermones exitosos resultan cuando el oyente hace equipo con el predicador, algo muy similar a un cátcher (quien lanza la bola en el Béisbol) trabaja al unísono con un pitcher (quien recibe la bola en el Béisbol). Tanto el lanzador y el receptor tienen un papel importante que desempeñar en el proceso de lanzamiento. La responsabilidad no cae solamente en los hombros del lanzador. (Expository Listening, 4).

6. Tome notas breves: Suficientes para ayudarle a concentrarse, pero no tantos que se convierte en una conferencia dónde sólo se beneficia la cabeza.

7. Compruebe que el predicador está predicando la Palabra de Dios: No con un espíritu farisaico crítico (Lucas 11:54), sino con un espíritu de discernimiento Berea (Hechos 17:11).

8. Acepte que habrá momentos en los que la Palabra de Dios le hará daño: No reaccione en contra de esta exhortación ni se apague, más bien recíbala y trate de sacar provecho de ella.

9. Construya una buena voluntad hacia el predicador: La mala voluntad o malicia hacia el predicador es un endurecedor del corazón. Eso bloquea la Palabra.

10. Trate de encontrar un asunto para beneficiarse: Generalmente, usted puede encontrar una migaja de pan o dos aún en el más pobre sermón del predicador más pobre.

Después del sermón

1. Hable acerca del sermón con otros: Comparta de qué manera fue ayudado en el con amigos y familiares.

2. Póngalo en práctica: Obedecer y hacer la Palabra.

3. Sea paciente en la búsqueda de resultados: Sembrar y recoger el fruto presupone un proceso gradual y un desarrollo lento.

4. Trabajo en su terreno: El tipo de terreno puede cambiar lo malo en algo bueno y de bueno a muy bueno. Somos responsables de la preparación del terreno de nuestro corazón (Marcos 4:1-20).

5. Traiga su comentario: Anime a los predicadores de tiempo en tiempo con detalles sobre cómo sermones particulares le han ayudado y de qué manera.

Tomado de

http://headhearthand.org/blog/2013/09/04/20-helps-to-sermon-listening/

18 julio, 2014

¿La Adoración que honra a Dios es predicación obsoleta?

Por: David Chanski

Muchas personas en nuestro día ven la predicación autoritativa de la Palabra de Dios de la misma manera en que ven el telégrafo. Ellos sienten que Ambas son anticuadas y obsoletas. “¿Por qué poner nuestro mensaje en el arcaico código Morse cuando tenemos las invenciones avanzadas del fax, teléfonos celulares, y correo electrónico?” De la misma manera, “¿Por qué desmenuzar el evangelio a través del instrumento de la ‘tediosa’ predicación cuando tenemos disponible los elegantes métodos de producciones teatrales y musicales, presentaciones de diapositivas multimedia, y las reuniones de los grupos de discusiones en la ciudad?”. Desafortunadamente, muchos cristianos e iglesias tratan la predicación autoritativa como una reliquia embarazosa de una era pasada.

Dios piensa de otra manera. Después de su bautismo, “Jesús vino a Galilea predicando el evangelio de Dios” (Marcos 1:14). “Instituyó Doce, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:14). La venida del Espíritu en Pentecostés resultó en que Pedro predicara un poderoso sermón (Hechos 2:14 ss). Pablo y Bernabé evangelizaron a los pecadores y santos edificándolos por la predicación (Hechos 13:05; 14:7,21, etc). Con las ultimas fuerzas antes de su muerte, Pablo le escribió al joven Timoteo: “Te encargo solemnemente en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos ya los muertos, en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que insistes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina “(2 Timoteo 4:1-2).

La predicación autoritativa de la Palabra es la “Cañón del Reino.” Es la principal arma de Dios en la difusión del Evangelio y el fortalecimiento de su pueblo. Por el Espíritu, los predicadores derriban las fortalezas del enemigo al confrontar directamente las conciencias de los hombres con la verdad de Dios. En la fiel predicación expositiva de las Escrituras, podemos escuchar la voz de Dios (1 Tesalonicenses 2:13). No debemos conformarnos con nada menos que ese bendito sonido.

Tomado de:

http://heraldofgrace.org

6 junio, 2014

¿Se le presume muerto si usted falta a una reunión de oración?

Por: Tom Ascol

http://tomascol.com/would-you-be-assumed-dead-if-you-missed-a-prayer-meeting/

 James A. Spurgeon ayudó a su más famoso y hermano mayor, Charles, en el ministerio del Tabernáculo Metropolitano en el siglo XIX. Se desempeñó en varios puestos, incluyendo a partir de 1868, el de ” co-pastor “, aunque sus funciones eran principalmente administrativas. A menudo ayudó a otras iglesias que estaban luchando, buscando promover su revitalización. Una de estas iglesias que fue ayudada en gran medida por su ministerio estaba en Croydon. El siguiente es un relato de un querido miembro de esa iglesia que fue escrito por James en the Sword and Trowel[1] en 1884. Mientras lo leía, no pude evitar preguntarme ¿A cuántos miembros de la iglesia se les supondría muerto si llegaran a faltar dos reuniones de oración?

 

EN LA REUNIÓN DE ORACIÓN; O MUERTO

UNAS PALABRAS que hablan de la Reunión de Oración en el Tabernáculo Metropolitano, por el pastor J.A. SPURGEON

 

Acabo de perder a uno de los miembros de mi iglesia en Croydon. Cuando fui por primera vez, me encontré con una mujer intemperante; y por cierto, con el lado triste y doloroso de su historia. Hace unos diez años atrás, empobrecida por el abuso del alcohol, con pocos recursos para vivir y muy poco para comer, reducida a su mayor necesidad, resolvió muy sabiamente que sería abstemia porque así no podía seguir.

Desde la firma de esa promesa, se convirtió en una mujer nueva; llegó a la casa de oración, la gracia de Dios llegó a su corazón, y desde ese momento estuvo siempre en la Capilla cuando se abrieron las puertas. Yo solía decirle que realmente pensaba que ella vivía en el recinto.

Nunca se celebró una reunión de oración sin que la señora W – estuviera presente. Si yo estaba o no allí, ella lo estaba. Una vez hace seis meses, se ausentó. Cuando le pregunté donde había estado, ella dijo: “Vine y dejé los libros, pero no me quede para la reunión”. Resulta que había venido a la iglesia por no faltar, pero faltó porque se fue a visitar un enfermo. Esa fue la única vez que esa señora faltó a una reunión de oración hasta que después faltó un domingo por la noche cuando le extrañé de nuevo.

Le pregunté a mis diáconos si la habían visto u habían oído acerca de ella, y me dijeron: “No sabemos dónde está, ella tampoco estuvo con nosotros el pasado viernes por la noche en la reunión de oración”.  Les dije que estaba seguro de que estaba muerta, porque si hubiera estado viva ciertamente habría estado en la reunión de oración. Nadie cuestionó lo que dije. Todos sintieron como yo que ella no se habría perdido dos reuniones de oración seguidas a menos que hubiese muerto, o hubiese estado demasiado enferma para salir de su casa.

Durante el servicio de la tarde uno de los diáconos fue a donde vivía completamente sola y al no recibir respuesta de nadie, consiguió ayuda e irrumpió en la casa. Allí encontró justo lo que esperábamos; estaba allí, de rodillas, muerta, en su pequeña sala, debió haber muerto en medio de un gran sufrimiento y en el acto de orar a Dios.

Ella era un personaje notable. Visitó y regaló tratados en la peor calle de Croydon, y tenía una manera singularmente feliz de ganarse a las personas muy malvadas, a quienes iba a contarles la historia de su propia vida, y decirles que ella solía ser como ellos, pero que por la gracia de Dios se había convertido, y que el don de la gracia que ella tenía podría hacer lo mismo para ellos.

Se cuenta una historia como un ejemplo de las bromas que le solían jugar. Un joven pensó en asustarla; así que se vistió como el diablo tanto como su imaginación le permitió hacer. Cuando ella llamó a la puerta, la abrió y gritó: “Yo soy el diablo”, y comenzó a gritarle. Sin embargo, ella no se alarmó en lo absoluto, tranquilamente- se puso las gafas y lo miró de arriba abajo, y le dijo: “Tú no eres el diablo, eres solamente uno de sus hijos”. Pensé que la anciana obtuvo lo mejor de esa experiencia en ese momento. Le pregunté si alguna vez lo volvió a ver  y ella respondió: ” ¡Oh no, querido! Él sólo bajó la cabeza y se fue. “

La echaremos de menos profundamente; nuestras reuniones de oración tendrán un espacio en blanco, el de la Sra. W. Es una ausencia que no vamos a superar fácilmente. Espero que algunos de ustedes serán tales asistentes constantes en las reuniones de oración que si llega a pasar que se ausente dos veces seguidas diremos de ti: “Estoy seguro de que nuestro hermano o hermana ha de estar muerto”, aunque no queremos partir tan pronto como lo hizo nuestra buena amiga en Croydon.

 

(Tomado de Sword and Trowel: 1884 [London : Passmore y Alabaster, 1884 ] , 89-90 ).

22 mayo, 2014

Invitación

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29 abril, 2014

CONFERENCIA IGLESIA & FAMILIA REFORMADA

31 marzo, 2014

Justificación y Santificación

 

Por J.C. Ryle

 

[Nota de quien postea este artículo: El siguiente es un extracto del título Santificación que aparece en el libro: El Secreto de la vida Cristiana, de J.C. Ryle. Aunque es un excelente articulo y desconociendo el idioma primario del este artículo, el lenguaje del punto 5 de los puntos concordantes, creo que debió plantearse mejor para no dar la impresión de salvación por obras].

 

Acordémonos siempre que aunque la justificación y la santificación son dos cosas distintas, sin embargo en ciertos puntos concuerdan y en otros difieren. Veámoslo en detalle:

 

Puntos concordantes

 

1- Ambas proceden y tienen su origen en la libre gracia de Dios.

 

2- Ambas son parte del gran plan de salvación que Cristo, en el pacto eterno, tomó sobre sí en favor de su pueblo. Cristo es la fuente de vida donde fluyen el perdón y la santidad. La raíz de ambas está en Cristo.

 

3- Ambas se encuentran en la misma persona. Los que son justificados también son santificados, y aquellos que han sido santificados, han sido también justificados. Dios la ha unido y no pueden separarse.

 

4- Ambas empiezan al mismo tiempo. En el momento en que una persona es justificada, empieza también a ser santificada, aunque al principio, quizás, no se percate de ello.

 

5- Ambas son necesarias para salvación. Jamás nadie entrará en el cielo sin un corazón regenerado y sin el perdón de sus pecados; sin la sangre de Cristo y sin la gracia del Espíritu; sin la disposición apropiada para gozar de la gloria y sin el título de la misma.

 

Puntos que difieren

 

1- Por la justificación, la justicia de otro, de Jesucristo, es imputada o puesta en la cuenta del pecador. Por la santificación el pecador convertido experimenta en su interior una obra que lo va haciendo justo. En otras palabras, por la justificación se nos considera justos, mientras que por la santificación se nos hace justos.

 

2- La justificación no es propia, sino que es la justicia eterna y perfecta de nuestro Maravilloso mediador Cristo Jesús, la cual nos es imputada y hacemos nuestra por la fe. La justicia de la santificación es la nuestra propia, impartida, inherente a influida en nosotros por el Espíritu Santo, pero mezclada con flaqueza e imperfección.

 

3- En la justificación no hay lugar para nuestras obras. Pero en la santificación la importancia de nuestras propias obras es inmensa, de ahí que Dios nos ordene a luchar, a orar, a velar, a que nos esforcemos, afanemos y trabajemos.

 

4- La justificación es una obra acabada y completa; en el momento que una persona cree, es justificada, perfectamente justificada. La santificación es una obra relativamente imperfecta; será perfecta cuando entremos en el cielo.

 

5- La justificación no admite crecimiento ni es susceptible de aumento. El creyente goza de la misma justificación en el momento de acudir a Cristo por la fe, que de la que gozará por toda la eternidad. La santificación es, eminentemente, una obra progresiva, y admite un crecimiento continuo mientras el creyente viva.

 

6- La justificación hace referencia a la persona del creyente, a su posición delante de Dios y a la absolución de su culpa. La santificación hace referencia a la naturaleza del creyente ya a la renovación moral del corazón.

 

7- La justificación nos da título de acceso al cielo y confianza para entrar. La santificación nos prepara para el cielo y nos previene para sus goces.

 

8- La justificación es un acto de Dios con referencia al creyente y no es discernible para otros. La santificación es una obra de Dios dentro del creyente que no puede dejar de manifestarse a los ojos de otros.

3 marzo, 2014

LOS PURITANOS

Por la gracia del Señor se han venido haciendo esfuerzos por poner en nuestro idioma algunos libros de los Puritanos. Algunos son resúmenes, otros resúmenes de un resumen, otros son libros extensos, pero no podemos alejarnos de esta rica herencia que ahora podemos tener en nuestra manos en español más que en ningún otro momento.

Si se me queda alguno por fuera, pueden comentar para enriquecer nuestra biblioteca.

Literatura Recomendada de los puritanos en Español que ya se puede conseguir:

Animo en la Depresión – William Bridge

Consolación Divina -Thomas Watson

Comentario de la Biblia -Metthew Henry (Unilit)

El Contentamiento Cristiano Una Joya rara -Jeremiah Burroughs

El Corazón de Cristo -Thomas Goodwin

El Cristiano con Toda la armadura -William Gurnall

El Misterio de la Providencia -John Flavel

El Secreto de la comunión con Dios -Matthew Henry

El  Padre Nuestro -Thomas Watson

El Pastor Renovado -Richard Baxter

La Gloria de Cristo -John Owen

La Mortificación del Pecado -John Owen

La Oración -Bunyan y Goodwin

La Tentación -John Owen

Los Afectos Religiosos -Jonathan Edwards

Partícipes de Cristo -William Guthrie

Rasgos Distintivos del Verdadero Cristiano? – Gardiner Spring

Remedios Preciosos contra las artimañas del Diablo -Thomas Brooks

Tratado de Teología -Thomas Watson

Una Guía Segura al Cielo -Joseph Alleine

Vida Por su Muerte – John Owen

 

Dos libros de autores contemporáneos que hablan de los puritanos y su pensamiento:

La Espiritualidad Puritana y Reformada -Joel Beeke

Los Puritanos- Martyn Lloyd Jones

 

Editoriales que están publicando estos libros:

Peregrino

Faro De Gracia

Portavoz

Estandarte de la Verdad

11 enero, 2014

EL SEÑOR JESUS, SIMON EL FARISEO Y LA MUJER PECADORA

31 diciembre, 2013

Los números de 2013

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 16.000 veces en 2013. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 6 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

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